I Puritani
Instrumental i música de cambra





El músico que más conciertos ofrece en Barcelona a nivel profesional al cabo del año se llama Manuel Gonzálezy es un maestro de la guitarra. De hecho, bajo ese mismo nombre, organiza, desde hace 11 años, un ciclo de conciertos prácticamente diarios en lugares emblemáticos de la ciudad, como el Palau de la Música o la basílica de Santa Maria del Pi.
Manuel asegura, basándose en lo que le dicen colegas internacionales, que “Maestros de la Guitarra”es el mejor ciclo de guitarra clásica del mundo, por el nivel de los guitarristas que allí participan, la frecuencia casi diaria de conciertos, la belleza de los espacios y el mimo con que se preparan todos los detalles. 

En cualquier caso, “Maestros de la Guitarra” es el sueño hecho realidad de Manuel González, un joven que descubrió la música por casualidad y que ahora reivindica, con su trabajo y su ejemplo, la capitalidad mundial de la guitarra para Barcelona y para Catalunya.


Barcelona Clásica: ¿Cómo fueron tus inicios con la guitarra?
Manuel González: Yo descubrí la música en la calle, con mis amigos, a los 12 ó 13 años, después de una infancia complicada por la temprana muerte de mis padres. Fue un flechazo. La guitarra llenó el vacío emocional que sentía y me hizo de padre y de madre. A través de ella he canalizado todas mis necesidades: ambición, ilusión, perspectivas…

B.C. Tras este descubrimiento, ¿cursaste algún tipo de estudios oficiales de música?
M.G. Aprendí a tocar de oído. Estaba ya dando conciertos y todavía no sabía que había un sitio que se llamaba “conservatorio”. Luego, con los años, he tenido ocasión de trabajar con grandes maestros. En España, estudié con José Tomás, discípulo de Andrés Segovia. Él me habló de Manuel Barrueco, que por entonces daba clase en la Manhattan School of Music, en Nueva York. Pensé: “Si tiene algo que enseñarme, voy a verle”. Y conseguí una ayuda, más bien simbólica, de la Generalitat de Catalunya, para hacer un doctorado en Estados Unidos.

Barcelona Guitar Trio, una de las formaciones lideradas
por Manuel González para "Maestros de la Guitarra"
B.C. ¿No pensaste en establecerte en Nueva York?
M.G. Llegué a dar unos 60 conciertos allí y me ofrecieron trabajo, pero por entonces yo ya tenía a mis hijos, que se habían quedado en Barcelona. Aquel no me pareció un lugar adecuado para la vida familiar y rechacé la oferta. Estuve un tiempo viajando con regularidad, hasta que me establecí, ya definitivamente, de nuevo en mi ciudad.

B.C. ¿Cómo surge la idea de crear el ciclo “Maestros de la Guitarra”?
M.G. De niño, cuando estaba en la calle "guitarreando" con los amigos, nos íbamos a practicar por la zona de la Catedral. Se formaban unos corros de oyentes espectaculares. Al cabo de unos años, recordé esto y pensé que había un público potencial para la guitarra clásica: la persona de a pie, totalmente normal y corriente. Decidí empezar a organizar algunos conciertos. Al principio eran pequeños ciclos y eventos esporádicos. Cuando se celebró el Fòrum de les Cultures, iniciamos un formato más parecido al actual, con conciertos casi diarios. Desde entonces, hemos realizado no menos de 3.000 recitales a los que ha asistido más de un millón de personas.

B.C. Son números de vértigo…
M.G. Dentro de “Maestros de la Guitarra”, tenemos un ciclo en el que traemos a los mejores guitarristas del mundo. Ellos nos dicen que no hay ningún otro lugar en el que haya una iniciativa para la guitarra clásica tan potente como esta. Y funciona sin ningún tipo de ayuda pública: solo a base de trabajo, valentía e ilusión. También es importante, por supuesto, poder actuar en ubicaciones tan emblemáticas como el Palau de la Música o Santa Maria del Pi.

B.C. Vuestra experiencia, ¿puede ayudar a buscar vías para atraer más público a la música clásica?
M.G. Durante años estuve viviendo la lejanía entre los intérpretes clásicos y el público, algo que no debería ser así, porque la música que perdura a lo largo de los siglos es excepcional. Nuestra obsesión fue conectar con el público a todos los niveles. El concierto ha de empezar cuando la gente ve un cartel en la calle. Hay que cuidar hasta el mínimo detalle. Por ejemplo, amplificamos el sonido de la guitarra para que se oiga con tal calidad que llegue hasta el corazón. Y también tenemos que tener en cuenta el repertorio y el orden de las piezas.

B.C. ¿Qué intentas transmitir en tus conciertos?
M.G. Como solista, presento una propuesta basada en la emoción. Para mí, este instrumento es mucho más que mi profesión: le estoy tan agradecido que quiero enseñar a la gente la belleza de la guitarra. Y el público lo reconoce: “La música me ha hecho llorar” es un comentario habitual. 

El espectáculo del cuarteto Barcelona 4 Guitars es el más
popular de "Maestros de la Guitarra"
B.C. ¿Y en el resto de formaciones que también se encuadran en el ciclo “Maestros de la Guitarra”?
M.G. La propuesta del cuarteto Barcelona 4 Guitars busca cómo romper la barrera con el público a través del humor. Se trata de un doble dúo, uno masculino y otro femenino,  que mantienen unos diálogos con pequeños gags humorísticos. El resultado es excepcional: la gente se divierte y, además, escucha muy buena música, con piezas de Bach, Tchaikovsky… En cuanto al trío Barcelona Guitar Trio, jugamos con la música tradicional y la fusión con el flamenco: Falla, Albéniz, García Lorca… Y estamos incorporando la actuación de una pareja de baile para que la música tenga más fuerza.

B.C. ¿Cómo consigues mantener la tensión emotiva con tantos conciertos?
M.G. En el argot de los músicos, los conciertos se llaman “bolos”. Pero yo, a los músicos que colaboran conmigo, les digo: “Esto no es un bolo; es un concierto.” Tocar en el Palau de la Música es algo que muchos artistas no consiguen jamás en la vida: aún me he de pellizcar cada día para creérmelo. Por muchos conciertos que haya, los nuestros no son un compromiso más. 

B.C. ¿El público es mayoritariamente internacional?
M.G. Hay público local, pero les cuesta. Cuando se habla de algo frecuentado por extranjeros, los barceloneses se imaginan las paellas de plástico y lo evitan. Sin embargo, este no es el caso del ciclo “Maestros de la Guitarra”. Nosotros pensamos en reunir a los mejores músicos, no en atraer al turista. De todas maneras, yo diría que el resultado es muy positivo. Barcelona puede tener el mejor ciclo de guitarra del mundo gracias a un gran espónsor: el turismo. 

B.C. ¿Tu actividad ahora se centra exclusivamente en el ciclo “Maestros de la Guitarra”?
M.G. La verdad es que tengo bastante con esto, aunque no estoy cerrado a nada. Recientemente me invitaron a unos conciertos con orquesta en Moldavia. Pero me gusta pensar que he estado muchos años viajando para que me escucharan y ahora otros viajan para escucharme.

B.C. ¿Tienes la sensación de que la guitarra clásica está perdiendo atractivo para los jóvenes?
M.G. Sí, y no es algo reciente. Ya hace años, cuando daba clases a otros profesores, estos me decían que cada vez tenían menos alumnos. A mí me extrañaba, porque la guitarra, tradicionalmente, ha sido el segundo instrumento en los conservatorios, después del piano. Pero la realidad es que la guitarra no sale en la tele y cada vez hay menos ciclos de música y menos conciertos, con lo que los jóvenes, probablemente, no saben ni que existe. Pero resulta que toda la historia de la guitarra se ha escrito en Catalunya. El repertorio y las técnicas que se estudian en todo el mundo se han creado aquí, con maestros catalanes. Este instrumento es patrimonio de Catalunya y no se puede perder.


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