Orquestra



Gerard Claret, concertino-director de la ONCA
La Orquestra Nacional d’Andorra (ONCA), que este año cumple su 23º aniversario, cierra este jueves 12 de mayo su 12ª temporada en el Palau de la Música Catalana

En el concierto de cierre de ciclo, la ONCA ofrece un experimento de “tango cámara fusión” al lado del bandoneonista Enrique Tellería, con una mezcla de sonidos entre el tango, la música clásica y el jazz.

El concertino-director de la orquesta, Gerard Claret, reflexiona para Barcelona Clásica sobre la necesidad de innovación en el mundo de la música clásica, así como sobre otras cuestiones, como la proyección internacional de Catalunya en la escena musical, el proyecto que Andorra ha construido alrededor de la ONCA y su propia trayectoria profesional.  

Barcelona Clàssica: Estais a punto de acabar la temporada en el Palau de la Música. ¿Cómo ha respondido el público a los conciertos de 2016 y qué expectativas e ideas tenéis para los próximos meses?
Gerard Claret: Todavía no tenemos los datos de asistencia de esta temporada, pero la sensación es que nuestro público se mantiene fiel y sigue respondiendo a nuestra oferta. Dicho esto, nos gustaría que el número de espectadores aumentara y somos conscientes de que siempre tenemos que estar muy atentos y dispuestos a innovar en nuestra programación.

B.C. Los conciertos de fusión, como el que presenta el Palau este jueves con tangos y música clásica, no son demasiado frecuentes en el mundo sinfónico. La innovación, ¿atrae más público o más bien hace un efecto contrario entre la audiencia, que quizá quiere "conciertos genuinamente clásicos"?
G.C.
Quiero pensar que hay público para todos los gustos, pero los que conocen nuestra trayectoria saben que la ONCA, a pesar de ser una orquesta de origen clásico, es, desde hace mucho tiempo, una formación que pretende adentrarse en todos los géneros musicales. Estoy convencido de que el esfuerzo que supone la fusión de estilos para los músicos que la practican es enriquecedor y que este aspecto se hace muy interesante para el público.

B.C. ¿Tiene sentido el debate sobre la "creación de públicos" para la música y, especialmente, para la clásica?
G.C. Sinceramente, pienso que todos -músicos, actores y cualquier otro agente de las artes escénicas- están o deberían estar ocupados e interesados en la creación de públicos. Creo que el formato de los espectáculos escénicos está cambiando muy deprisa y está resultando muy complicado tener la distancia necesaria para saber cómo responder adecuadamente. Finalmente, pienso que cualquier debate debe resultar bienvenido.


Actuación de la ONCA. Foto: Eduard Comellas
B.C. ¿Andorra y Catalunya pueden aspirar a la proyección internacional de su panorama musical actual? Se habla mucho de querer ser "referencia musical del Sur de Europa". ¿Es realista esta aspiración?
G.C. Creo que, sobre todo Catalunya, ya es un referente importante en algunos aspectos culturales y, concretamente, en las artes escénicas, como el teatro. Musicalmente, a pesar de tener elementos de gran valía internacional, creo que todavía estamos lejos de ser colectivamente un buen referente. Tengo la sensación de que vamos a remolque de lo que se hace en otras partes y que no somos lo suficientemente innovadores.

B.C. ¿Andorra ha abordado la educación musical de forma diferente a como se ha hecho en Catalunya?
G.C.
En Andorra, al margen de iniciativas particulares muy loables, la formación musical a nivel general no hace mucho años que se implementó. Sin embargo, debo decir que, considerando cuál es la población del país, nos podemos sentir muy orgullosos y satisfechos de los resultados alcanzados y del panorama musical andorrano. Se puede decir que, a través de la educación musical, se ha vinculado, directa o indirectamente, a muchas familias con el mundo de la música. La ONCA, además de ser una orquesta que ofrece conciertos, intenta ser un referente educativo y social conectado al máximo con la sociedad andorrana.

B.C. Cuando explicas tus inicios con la música, hablas de la importancia de la figura de Pau Casals. Sin su influencia en vuestra familia, ¿habrías elegido la música como profesión?
G.C.
La influencia de Pau Casals fue evidente, sobre todo por la relación de amistad profunda entre Casals y mi padre. Estamos hablando de los años sesenta, cuando en Andorra no había prácticamente vida musical y era muy difícil, sin esta influencia de Casals que nos llegaba a través del padre, pensar en dedicarse a la música.

B.C. ¿Cuáles definirías como los momentos clave en tu carrera?
G.C.
El primero, sin duda, fue cuando mi padre nos hizo tocar, a mi hermano Lluís y a mí, ante Casals para tener su aprobación para dedicarnos a la música y fue a los 14 ó 15 años. Su respuesta fue: "¡Hay buena madera!” Después, fue importante cuando me fui a estudiar en el conservatorio de Bruselas para hacer los estudios superiores de violín. Y, obviamente, destacaría cuando en 1993 se creó la Orquesta Nacional Clásica de Andorra bajo los auspicios del Gobierno de Andorra y de la Fundación Crèdit Andorrà.

Concierto de la ONCA en la 12ª temporada
en e Palau de la Música
B.C. ¿Puede llegar un momento en que en la ONCA sea necesario tener un concertino y un director como figuras separadas?
G.C.
Cada vez que la ONCA se transforma en una orquesta de formato clásico con una plantilla de hasta 60 músicos, necesitamos un director. Mientras actuamos como orquesta de cuerdas, con hasta 20-25 músicos, podemos actuar perfectamente con la figura concertino-director.


B.C. ¿Hay algún repertorio que no hayas podido hacer todavía con la ONCA, pero que te gustaría programar en el futuro? 
G.C. Hemos cumplido 23 años y hemos trabajado e incorporado naturalmente un repertorio muy extenso. Dicho esto, y haciendo referencia una vez más a los diferentes estilos musicales, siempre digo que lo que nos falta es el flamenco. ¡Es un objetivo!

B.C. ¿Con qué solista te gustaría actuar, aunque sea solo una vez?
G.C. Hay muchos, pero la primera que me ha venido a la mente ha sido Cecilia Bartoli. ¡Es extraordinaria!


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