Don Quixot
Orquestra



Foto de Lorenzo Viotti en su perfil de Facebook
Durante los días 12, 13 y 14 de marzo, el jovencísimo director Lorenzo Viotti se pondrá al frente de la Orquestra Simfònica de Barcelona y Nacional de Catalunya para dirigir un variado programa, con  una obra de Hèctor Parra, L’absència, para abrir la sesión, y Beethoven como plato fuerte. Barcelona es especial para Viotti porque aquí obtuvo uno de sus primeros éxitos internacionales, al proclamarse, en 2013, ganador del prestigioso Concurso de Dirección de Orquesta de Cadaquès. Solo tenía 23 años.

Hoy, dos años más tarde y varias decenas de conciertos más en su currículum gracias al triunfo obtenido en Barcelona (el premio le da derecho a una serie de conciertos con una veintena de orquestas europeas), se presenta de nuevo en la ciudad convertido ya en una estrella emergente de la dirección orquestal. En 2015 ha ganado el concurso que impulsan Nestlé y el Festival de Salzburgo, lo que supone que estará dirigiendo a la Orquesta Sinfónica de la Radio de Viena este verano en el prestigioso festival austriaco.

Lorenzo Viotti, hijo del también director Marcello Viotti, nació en Lausana (Suiza) y estudió percusión, piano y canto en Lyon. Posteriormente, se trasladó a Viena para profundizar en la especialidad percusión. Allí trabajó como músico con formaciones de primera línea, incluyendo la Filarmónica de Viena, mientras iniciaba una prometedora carrera como director. Así nos explica su trayectoria y la importancia que ha tenido en su carrera ganar el Concurso de Cadaqués.

Barcelona Clásica: Es tu primera visita a Barcelona después de ganar el Concurso Internacional de Dirección Orquestal de Cadaquès. Dos años más tarde de aquel premio, ¿qué recuerdos guardas y cómo ha ayudado a impulsar tu carrera?
L.V.
Era mi primera competición importante, así que no esperaba ganar de ninguna manera. Lo que recuerdo son un montón de horas sin dormir, aunque no tengo ni un solo souvenir de Barcelona porque lo único que hacía era ir del hotel al auditorio e intentar mantener la concentración. Pero, al final, por supuesto, la sensación fue maravillosa. El concurso me ha ayudado mucho porque el premio consiste en actuar en muchos conciertos con orquesta. Así es como se aprende y se crece como director. 

B.C. ¿Es la primera vez que diriges la OBC? ¿Qué expectativas tienes?
L.V.
Efectivamente, es la primera vez. Nunca tengo expectativas antes de empezar a trabajar con una orquesta. Simplemente intento reaccionar a su forma de tocar y aportar lo que sea necesario para la calidad del concierto.

B.C. Hace solo unos meses ganaste el prestigioso premio para jóvenes directores de Nestlé y del Festival de Salzburgo. ¿Supone este galardón abrir nuevos horizontes a tu carrera?
L.V.
Supone más atención pública y también proyectos con una nueva perspectiva. Tengo muchas ganas de empezar con ellos y de conocer a la orquesta. 

B.C. Tras ganar algunos de los concursos de dirección orquestal más prestigiosos de Europa, ¿estás pensando en participar en otras competiciones internacionales? ¿Quizás algún certamen en Asia o América?
L.V.
No, no participaré en ningún concurso más. He tenido mucha suerte ganando varios de ellos, así que, ahora mismo, es suficiente. 

B.C. ¿Qué recomendarías a cualquier joven director que se esté preparando para competir en el concurso de dirección orquestal de Cadaquès? 
L.V. ¡Creer hasta el final que es posible! Y no distraerse con otras cosas como entrevistas, el resto de candidatos, etc. Hay mucha presión, especialmente al final, y solo hay un ganador, así que es necesario estar muy concentrado. 

B.C. En Barcelona dirigirás de nuevo la obra de Hèctor Parra L’absència, que fue crucial para tu triunfo en el concurso de Cadaquès. ¿Era tu primer contacto con la música de Parra? ¿Has vuelto a trabajar en sus obras desde entonces?
L.V.
Sí, mi primer contacto con él fue a raíz del concurso. Le respeto muchísimo y tengo muchas ganas de volver a trabajar con él. Este año he dirigido muchas veces L’absència.

B.C. El programa que dirigirás en Barcelona incluye la 3ª Sinfonía de Beethoven y el Concierto de Aranjuez. La verdad es que es un programa muy diverso. ¿Piensas destacar algún elemento que permita enlazar ambas obras?
L.V.
No, tengo que decir que no decidí todo el programa, con lo que, desafortunadamente, hay un poco de “patchwork”. Digamos que cada obra tiene algo que decir por sí misma. Pero esta vez no hay enlaces entre ellas.  

B.C. Nos gustaría hablar un poco de tu trayectoria. Tu padre fue también un relevante director de orquesta. ¿Alguna vez consideraste dedicarte a una profesión que no fuera esta?
L.V.
Marcello Viotti era increíble, como artista, como persona y como padre. Y, aunque pueda parecer tonto, de niño no siempre quise ser director de orquesta. Empecé probando a tocar muchos instrumentos distintos, así que he conseguido tener una gran experiencia musical antes de empezar a dirigir.
B.C. Además de tu familia, ¿qué otras influencias y experiencias han sido clave para tu formación?
L.V.
Si hablamos solo de  educación, diré que el amor de mi familia. Ellos lo son todo para mí y es gracias a ellos que hoy estoy aquí. La formación musical es una cosa distinta, que tienes que construir por ti mismo, por supuesto con la ayuda de mentores y amigos. En esto sí hay personas a las que tengo que dar las gracias: Bertrand de Billy, Bernard Haitink, Nicolas Pasquet y, por supuesto, al lugar donde he aprendido fundamentalmente a dirigir, que es Viena, donde he podido trabajar como músico con muchas orquestas, incluyendo a la Filarmónica de Viena. Todo esto me ayudó mucho. Conocer la posición del otro lado es una gran ventaja cuando quieres estar al frente. Y finalmente diría que la experiencia vital es lo más importante para un director. Es un trabajo sobre relaciones humanas y cuanta más experiencia vital tienes, más comprendes lo que significa ser director. ¡Así que, con suerte, todavía tengo muchos años por delante para aprender! 

B.C. ¿Te gustaría especializarte en un tipo de repertorio o un compositor en particular? 
L.V. Mi corazón y mis preferencias se inclinan, por supuesto, por un periodo concreto: el Romanticismo. Pero no diría que quiero especializarme. Hay tantas obras maravillosas por descubrir… Diría que el programa de cada concierto que dirijo es esa noche mi favorito.


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