I Puritani
Piano



Foto: Luis de Arquer
Aunque seguramente muchos barceloneses no lo saben, el teatro más pequeño del mundo está en la calle de la Encarnación, en el barrio de Gracia. Y tiene más éxito del que nadie se imagina.

Cada sábado, el pianista Luis de Arquer abre su casa, con una sala especialmente habilitada como espacio de conciertos, para ofrecer un recital de piano totalmente distinto a lo habitual, en el que las notas del piano pueden casi tocarse con la mano.
El aforo, de unas cuarenta personas, suele llenarse casi siempre gracias al poder de Internet: actualmente, "Solo piano" es uno de los espectáculos de música clásica en Barcelona mejor valorados en la web de entradas Atrápalo. Pero el verdadero mérito es de Luis de Arquer, un talento como intérprete, compositor, escenógrafo y creador de nuevas formas de conectar con la gente a través de la música. Con él hablamos de su apuesta por una nueva fórmula de conciertos y su visión sobre las (pocas) oportunidades que tienen los músicos, especialmente cuando quieren presentar su propia obra al público.


Barcelona Clásica: ¿Cómo surgió la idea de crear “El Teatre Més Petit del Món”?
Luis de Arquer: En realidad, la idea fue del crítico musical Roger Alier. Allá por 1999, vino a visitar la casa y nos dijo: “Aquí podemos hacer un teatro de ópera”. Y montamos Rita, de Donizetti. La representamos hasta 37 veces, y eso que entonces no había Internet.  Luego hicimos Bastián y Bastiana [de Mozart] y produjimos La Flauta Màgica con textos en catalán, con el mismo formato que ahora Comediants presenta con el Liceu. Al final compuse una ópera: Un día Con-Vincent, basada en Vincent van Gogh, una de las primeras óperas en catalán del siglo XXI. 


Luis de Arquer es pianista y compositor
Pero producir ópera para un teatro de 40 localidades es muy difícil de mantener y lo paramos. Durante unos años me dediqué a mi escuela de música para adultos, "La Casa dels Músics", y a componer para espectáculos, como la música de De Miguel a Miguel, una obra multidisciplinar de Miguel de Molina con textos de Miguel Hernández. También trabajé en bandas sonoras para documentales y películas: Sinfonía de Ilegales, el documental Plou i fà Sol, de Pere Joan Ventura, etc.

B.C. ¿Y cuándo inicias los conciertos en el formato actual?
L.A.
En 2009. Necesitaba volver a conectar con el público y resulta muy difícil poder interpretar mi música en los circuitos habituales. Empecé a lo loco, vendiendo yo mismo las entradas en el Parque Güell. Pero funcionó. Ahora el espectáculo es uno de los más vendidos en la oferta de música en Barcelona en Atrápalo y Classictic y la sala suele estar llena casi siempre. 

B.C. La escenografía es realmente innovadora: la combinación de música e imagen, el formato… ¿Qué aporta todo esto a la interpretación?
L.A.
La idea de mostrar en una pantalla la imagen de las manos tocando en un plano cenital fijo me vino de YouTube, donde es habitual que los pianistas publiquen vídeos tocando. Hoy en día, la música clásica ya no se entiende sin YouTube. Me pareció que era una buena idea incorporar este elemento a los conciertos porque desde cualquier ángulo puedes ver el increíble movimiento de los dedos sobre el teclado, algo que  hasta ahora solo podían ver los afortunados que tenían localidades cercanas al lado izquierdo mirando al instrumento.

Por otro lado, la sala crea un ambiente de intimidad total, con poca luz, un piano bien afinado y el control de la apertura de su “cola” según la cantidad de público. El sonido es tan cercano al oyente que hace vibrar físicamente, a lo que se une la emoción de la música y la gestualidad del intérprete.

En contrapartida, la poca altura de la tarima del escenario supone un inconveniente, ya que tienes al público muy cerca y a tu misma altura: ves cómo se mueve o incluso oyes cómo respira… Eso exige un alto  grado de concentración, mucho mayor que en salas convencionales... Hay que aprender a aislarse completamente.
Así es "El Teatre Més Petit del Món"

B.C. Presentas una primera parte con obras emblemáticas de Beethoven y Chopin y una segunda parte con tu propia música.  ¿El repertorio es siempre el mismo?
L.A.
Suelo cambiarlo muy de tanto en tanto para poder experimentar la sensación de los artistas internacionales, que giran por el mundo manteniendo los mismos programas durante un año. Eso te permite conocer tu verdadera reacción ante las obras sobre el escenario y llegar a dominarlas y entenderlas profundamente, lo que aporta mucha seguridad y tranquilidad en la interpretación.

Creo que las obras “capitales” de artistas clásicos son indispensables para iniciar a alguien a la música clásica. De alguna manera, tienen unas características que las hacen más cercanas y comunicativas.

En la segunda parte, suelo introducir nuevas composiciones propias e improvisaciones, y realmente es maravilloso poder enseñar tu trabajo semana tras semana y entender que tu propia obra gusta mucho a la gente... Eso aporta ilusión y sentido a la profesión de músico y compositor y demuestra que, si no te abren las puertas de otros espacios públicos, se debe únicamente a que no eres interesante económicamente… No tiene nada que ver con la calidad de lo que haces…

B.C. ¿Cómo son los conciertos de “No solo piano”?
L.A.
La idea de “No Solo Piano” surge de la necesidad de poder disfrutar de hacer música junto a otras personas, algo que siempre me interesado. Por ejemplo, he realizado un espectáculo llamado “Suite A.M.”, con música propia escrita para piano, violonchelo y animaciones (para el que en este momento estoy buscando un buen chelista). También he realizado sesiones de improvisación junto al citarista mexicano Sidarta Siliceo y el bajista Ryan Simbai y espectáculos de poesía y música junto al actor Miguel Molina, entre otros.

Además de estas colaboraciones,el espacio me permite organizar intercambios con otros músicos que también gestionan otros espacios por todo el mundo. Por ejemplo, el año pasado, ofrecí una pequeña gira por Estados Unidos y México, gracias a músicos con los que intercambiamos espacios. Así nos vamos ayudando y vamos abriendo fronteras nosotros mismos.

B.C. ¿Por qué es tan difícil que un pianista local tenga acceso a las grandes salas de conciertos?
L.A.
Porque no tenemos una industria seria que potencie a nuestros artistas y otros países sí la tienen. Eso hace que España consuma muchos “productos musicales” de fuera, cuyos mánagers han creado el marketing necesario para que aquí los valoremos, mientras que nosotros no apostamos por nuestros talentos, tanto en interpretación de música clásica com en nuevos autores como yo.

Tampoco existen  programadores con criterio que arriesguen por músicos desconocidos, por lo que, o te lo montas tú o te vas fuera… Aunque creo que eso pasa casi con todo: tengo entendido que el mánager de Fernando Alonso fue su padre. La realidad es que yo no me he encontrado con un manager de verdad en toda mi vida. También es cierto que vivo bastante aislado, como los músicos de otras épocas, y no he entrado en otros circuitos más dinámicos, como el del jazz..

Luis de Arquer
B.C. Pero has conseguido hacer viable un teatro creado por ti sin ayudas de ningún tipo. ¿Es posible imaginar un modelo económico para la música clásica que sea sostenible por sí mismo?
L.A.
No creo que se pueda hablar de modelo económico en nada... Se ha de crear y luchar por cada “producto”.

En estos momentos, se están generando nuevas profesiones muy interesantes, como la  de “gestor cultural”, una figura que, en un futuro próximo, podrá ofrecer a los músicos con talento la oportunidad de dedicarse a la música sin que estos tengan que perder el tiempo "vendiéndose" a sí mismos.

A través de estos "business angels" o representantes “serios”, ha de ser posible conectar a los músicos con los programadores de las instituciones y así, en definitiva, conseguir abrir las puertas de sus mausoleos al talento de aquí a modo de inversión, para que entre todos podamos conseguir productos musicales que se puedan internacionalizarse sin complejos.

Pero, mientras tanto, los músicos deberemos buscarnos la vida como hasta ahora... Me escriben muchos jóvenes músicos ofreciendo  sus programas para tocar en el teatro y poder enseñar su trabajo. Cuando  les explico las condiciones, noto que les cuesta entender la realidad y, aunque entiendo su decepción, no tengo ases en la manga para facilitarles el camino ni tampoco para subvencionarles. Por ese motivo, he escrito una carta, dirigida a todo aquel que quiera tocar en El Teatre més Petit del Món, explicando el único proceso que creo que puede llevarles a llenar una sala, ganar algo de dinero y permitirles conectar con el público.

B.C. ¿Influye en el éxito de tu teatro la nueva tendencia que apuesta por formatos de conciertos más pequeños e íntimos?
L.A.
Desde que empezamos con los primeros conciertos en nuestra casa, han surgido muchos espacios similares. Las personas buscamos conexiones humanas de verdad y, para según qué cosas, como escuchar un piano, es mejor un sitio pequeño que uno grande por las condiciones acústicas y las posibilidades reales. Al éxito de El Teatre Més Petit del Món contribuyen, además, la honestidad, la cercanía en el trato, el cariño y la ilusión en un proyecto de vida que hemos puesto mi pareja y yo. Es algo que todos necesitamos encontrar de vez en cuando para contrarrestar tanta frialdad e incomunicación entre las personas.

Pero, a nivel internacional, es muy interesante lo que está pasando con los “home concerts”. Para conseguir que los nuevos artistas lleguen a las salas de prestigio, se programa un concierto en una casa particular al que accede gente importante e incluso críticos. Así se le da la "alternativa" a jóvenes talentos y estos tienen la suerte, a veces, de saltarse el aséptico filtro del negocio de los concursos internacionales. A partir de aquí, la cadena se pone en marcha.





Més, sobre...: conciertos
Últimes Notícies