Don Quixot
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Eleonora Buratto
La soprano italiana Eleonora Buratto todavía no ha cumplido los 35 años, pero cuenta con un soberbio currículum en el que figuran algunos de los principales teatros de ópera del mundo  - incluida la Metropolitan Opera de Nueva York- y muchos grandes directores, de Riccardo Muti -uno de sus mentores- a Zubin Mehta.

Eleonora debutó en el Gran Teatre del Liceu en 2004 con La Sonnambula, de Bellini, al lado de Juan Diego Flórez y Patrizia Ciofi. Este año ha vuelto para interpretar, por primera vez en su carrera, a Mimí, la protagonista de La Bohème, con críticas excelentes.

En una entrevista a Barcelona Clásica, Eleonora nos cuenta cómo ha sido su trayectoria y, en particular, cómo ha preparado el papel de Mimí, con el que ha soñado durante años. Su debut en este rol es especial, ya que, según explica ella misma, la primera vez que lo cantó fue delante de un mito de la ópera que la escogió como alumna durante los últimos años de su vida: Luciano Pavarotti. 



Barcelona Clásica: ¿Cómo fueron tus inicios en el canto?
Eleonora Buratto: Desde niña, siempre me ha gustado mucho cantar. Cantaba de todo: rock, pop… A los 14 años, empecé a cantar en un coro y, a los 16, comencé las clases en el conservatorio. Además, durante mi adolescencia, formaba parte de un grupo de rock. Durante un año, lo combiné todo: el coro, el grupo y el conservatorio. Después, lo dejé, para seguir los estudios del conservatorio y también para estudiar en la Universidad, donde empecé la carrera de Farmacia.

B.C. ¿Y por qué decidiste al final dedicarte solo al canto?
E.B.
Solo hice tres años de universidad; acabé por centrarme únicamente en la música. Y, durante el último año de conservatorio, conocí al maestro Pavarotti y estudié con él durante los últimos tres años de su vida.

B.C. ¿Cómo te convertiste en su alumna?
E.B.
Mi profesor del conservatorio tenía dudas con mi voz y mi repertorio y quería oír la opinión del maestro. Pavarotti me escuchó y quedó muy impresionado. Fue el primero que entendió que, aunque en aquel momento tenía una voz de soprano lírico-ligera, llegaría a ser una soprano lírica. Me propuso estudiar con él y, como todavía no había acabado el conservatorio y no podía acceder al centro donde él daba clases en Módena, me ofreció hacer las lecciones en su casa. Y de gratis: nunca me cobró nada.

B.C. ¿Cómo era Luciano Pavarotti como profesor y como persona?
E.B.
Era una persona muy generosa, muy gentil y muy simpática. Le gustaba mucho reír: era muy divertido. La primera vez que canté Mimí fue con él. En realidad, aquel día me había preparado el aria de Musetta, pero, cuando iba a cantarla, me dijo: “No. Quiero que cantes la otra aria”. “Maestro”, le contesté yo, “no hay otra aria; las demás arias son de Mimí”. “Ya lo sé”, me respondió. Así que, aterrorizada, cogí la primera aria de Mimí en La Bohème y empecé a cantar. Cuando acabó, hizo el gesto de quitarse el sombrero: “Chapeau”, me dijo. Y añadió: “Y ahora puedes cantar Musetta, si quieres”.

B.C. ¿Qué es lo más importante que aprendiste con él?
E.B.
Cuando me eligió para hacer clases, entendí que, si él creía en mí, yo también tenía que creer en mí misma. Y fue entonces cuando empecé a creerme que podía ser cantante.

B.C. Además de Pavarotti, has trabajado con otros grandes nombres de la música clásica. Por ejemplo, Riccardo Muti.
E.B.
El maestro Muti ha sido clave en mi carrera. Empecé a trabajar con él en 2009 y, desde entonces, he tenido casi cada año un proyecto con él. Especialmente importante fue mí la ópera I Due Figaro, de Mercadante, en 2010. Profesionalmente, estaba atravesando un periodo difícil. Pero, gracias a esta obra, que el maestro presentó en el festival de Salzburgo, Rávena y Madrid, muchos teatros repararon en mí y mi carrera empezó a crecer muy rápidamente.

B.C. En tu currículum figuran, además de Muti, con directores como Zubin Mehta, Daniele Gatti, Gianandrea Noseda, Daniel Harding… ¿Qué es lo más destacado que has aprendido de ellos?
E.B.
La importancia de la preparación, sobre todo en Muti y en Mehta. De Muti he aprendido especialmente a estudiar la obra tal y como la escribió el compositor, prestando mucha atención a todo lo que está escrito en la partitura. Y de todos estos directores destaca la capacidad de ayudarte con las dificultades. En una actuación, un solista, además de cantar, tiene que hacer otras tres cosas: interpretar, escuchar a la orquesta y mirar al director. Siempre hay algún momento en que la concentración se pierde y en que surge algún problema. Pasa con todos. La gran diferencia es que estos grandes directores saben resolver la situación en un segundo.

B.C. Muy recientemente, también has trabajado con Chiara Muti, la hija del director.
E.B.
Es “bravissima”. Como el padre, también está muy atenta a los detalles. Además, como ella es actriz, cuando te explica lo que quiere, lo hace actuando.

B.C. ¿Cuándo empezaste a estudiar el rol de Mimí?
E.B.
Lo empecé a trabajar hace unos tres años, después de que mi profesora de canto me oyera cantar la Alysse de Falstaff. De estudio intenso, llevo aproximadamente un año. Yo siento a Mimí dentro de mí: en mi corazón, en mi voz… Es la primera vez que estoy tan cómoda con un papel desde el principio. He tenido esta sensación con otros roles, pero siempre después de un largo periodo de trabajo.
Eleonora Buratto

B.C. ¿Hay experiencias personales en tu interpretación de Mimí?
E.B.
Hay mucho de mí. Por ejemplo, he tenido muy presente la muerte de mi abuela. Yo la vi morir; tuve su mano en mi mano. Y ella, en el último momento, rodeada de su familia, estaba muy tranquila. Como Mimí. Mimí muere serena, rodeada de su novio y de sus amigos.

B.C. ¿Cómo es la evolución de Mimí a lo largo de la obra?
E.B.
Mimí es una mujer frágil que, durante la obra, pasa de la soledad al amor y la felicidad, y, después, a la desesperación por la ruptura con Rodolfo. También es tan despreocupada de sí misma que no sabe que está enferma hasta el tercer acto, cuando se entera al escuchar el dueto entre Rodolfo y Marcelo. Pero, después de ese momento de desesperación, surge una nueva Mimí. Es ella la que elige no romper definitivamente y seguir viviendo con Rodolfo hasta la primavera. En el cuarto acto, surge un último sentimiento: la resignación. Mimí sabe que tiene que morir y ya no le importa nada. Pero está tranquila.

B.C. Cambiando de tema, eres muy activa en redes sociales. No es muy habitual en un cantante de ópera…
E.B.
Es como un segundo trabajo. Cuando no trabajo o estudio, estoy conectada a las redes sociales. Me gusta responder personalmente a los comentarios. Creo que la comunicación con el público es muy importante y, hoy en día, ese concepto va más allá del momento de la función: está Youtube, los CD… También es verdad que, de vez en cuando, tengo que desconectar un rato y dejar el móvil.

B.C. ¿Qué haces en tu tiempo libre?
E.B.
Me gusta mucho ir al gimnasio y leer. También ver películas y hablar con mis amigos. Vivo en un pueblo cerca de Mantua, que se llama Sustinente y tiene unos 2.000 habitantes. De hecho, el ayuntamiento me ha nombrado embajadora de Sustinente por el mundo. El alcalde y una delegación municipal han venido a ver mi actuación en La Bohème en el Liceu.

B.C. Este año, además del debut como Mimí, has conseguido otro gran hito: el debut en la Metropolitan Opera de Nueva York.
E.B.
Fue una experiencia inolvidable. El teatro que tan grande que todo mi pueblo cabe dentro. Hice mi debut con Don Pasquale, con la suerte de coincidir con dos amigos, como Javier Camarera y Ambrogio Maestri. Me dieron su apoyo y me dijeron que no me preocupara, que era una función como las demás. Pero, naturalmente, yo estaba nerviosísima.

B.C. Con lo joven que eres, ¿te quedan muchos sueños por cumplir?
E.B.
Mi sueño es cantar el papel de Desdémona en Otello. Y también me gustaría mucho la Fiordiligi de Cosí fan tutte y la Leonora de ll trovatore. Pero será en el futuro. Ahora toca disfrutar de Mimí, primero en Barcelona, y luego en Zurich y en Amsterdam.



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