opera



Foto: Antoni Bofill
Quizás habéis sido uno de esos afortunados que en Nochebuena recibieron como regalo entradas para las últimas funciones de Lucia di Lammemoor, la ópera de estas Navidades en el Gran Teatre del Liceu. En ese caso, además de felicitaros por el buen gusto de vuestro Papá Noel particular, os resultará útil este resumen de lo que la crítica dice de esta gran producción para que no tengáis que rebuscar en los diarios de las últimas semanas.

(Quienes no hemos tenido tanta fortuna todavía estamos a tiempo de ir este martes 29)

Las expectativas eran de lo más altas: un título imprescindible en la historia de la ópera, un escenario espectacular (una torre de vidrio inclinada), un debut mundial de una gran estrella de la lírica (era la primera vez que Juan Diego Flórez, una de las grandes figuras de la lírica, cantaba el rol de Edgardo, el tenor protagonista de esta ópera)…

En la crítica encontramos valoraciones desiguales, con aplausos como los de Javier Blánquez (El Mundo), Maricel Chavarría (La Vanguardia) o Xavier Cester (Diari Ara), pero también con opiniones mucho más duras, como las de Pablo Meléndez-Haddad (ABC), Joaquim, de In Fernem Land o Javier Pérez Senz (El País).

El gran protagonista de las críticas ha sido Juan Diego Flórez, dada la importancia de este montaje del Liceu para la carrera del artista. Hasta ahora, el tenor solo había cantado fragmentos de Lucia di Lammermoor en algunos conciertos. Pues bien; parece que hasta para un astro como Flórez la experiencia es un grado. Porque, según la crítica, el mejor momento del tenor peruano fue la escena final, precisamente la misma que ya había ofrecido en sus recitales.

Por ejemplo, Javier Pérez-Senz afirma que a la interpretación de Flórez “le falta un hervor”, pero precisamente en la última aria “derrochó expresividad, elegancia y control absoluto de los recursos vocales. Maricel Chavarría titula su crónica con un contundente “Juan Diego Flórez se desata”, aunque también reconoce que al cantante “no se le vio anoche con ningún ánimo de competir” con algunos de los tenores que han hecho historia con el papel de Edgardo, como Alfredo Kraus o Luciano Pavarotti. Otros, como Opera World, son todavía más exigentes, y aseveran que el resultado del esperado debut mundial "no ha sido convincente", ya que la voz de Flórez, en opinión del crítico, no se ajusta a las características de un rol tan dramático como el de Edgardo.

Uno de los aspectos que la crítica destaca es la paradoja de que el gran gancho mediático de este montaje sea Juan Diego Flórez, cuando Lucia di Lammermoor es, sobre todo, una ópera de soprano. De los dos repartos que el Liceu ha programado para las diez funciones, la crítica destaca especialmente la interpretación de Elena Mosuc, que ha actuado en el primer reparto, junto a Juan Diego Flórez.


Y Mosuc estuvo a un buen nivel. Como dice Javier Blánquez, “su Lucia mereció histeria, gritos de brava, aplausos en pie y hasta un osezno de peluche”. En la misma línea opina César López Rosell, en El Periódico, cuando dice que Mosuc “exhibió entrega y su preciso timbre”. Aun así, Elena Mosuc tiene un problema: es fría. Como dice In fernem land, "técnicamente se le pueden reprochar pocas cosas (....), [pero] todo lo canta igual y por tanto a medida que avanzaba la representación yo iba perdiendo interés."

¿Qué pasa con el resto del cast? Para Xavier Cester, “Mosuc y Flórez, justamente ovacionados,estuvieron muy encima de un reparto discreto”. Otros, sin embargo, como es el caso de López Rosell, destacan la buena actuación de Simón Orfila, que interpretaba el papel de Raimondo, el tutor de Lucia.

Respecto al montaje y la escenografía, de nuevo volvemos a encontrar coincidencias en la crítica. La torre de cristal, según nos explicaban desde el Liceu, estaba cargada de simbolismo y prometía una bella puesta en escena. El resultado no ha gustado nada a nuestros críticos. Por ejemplo, Pablo Meléndez-Haddad concluye que “esta 'Lucia' ni impacta ni interesa, y no favorece para nada a los cantantes, ya que obliga a la prtoagnista a movimientos imposibles. (…) Lo peor es que acústicamente es muy deficitaria".

Para colmo, la dirección artística se permite una licencia en el guion argumental. Lo sentimos por el spoiler, pero el comentario de la crítica lo merece: a diferencia de lo que suele suceder en la representación habitual, Lucia, en lugar de morir víctima de sus desvaríos de amor, se suicida tirándose al vacío desde lo alto de la torre. “El salto fue tan espectacular que la doble de Lucia debería haber salido a saludar en solitario”, afirma Javier Pérez Senz. 

El martes 29 está programado el segundo reparto. No tendremos a Juan Diego Flórez ni a Elena Mosuc, pero sí a la torre de cristal, las piruetas fuera de libreto y un buen segundo reparto, según nos cuentan Jaume Radigales y el crítico de Beckmesser. En definitiva, una buena oportunidad para despedirnos de Lucia en Barcelona.


Fotos: Gran Teatre del Liceu. Antonio Bofill.





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