Niños



Cuando en Barcelona Clásica recibimos la petición por parte de algunos lectores de hacer contenidos sobre música clásica para niños, decidimos que el punto de partida, por calidad y cantidad de la programación, tenía que ser L’Auditori.
 
Y por eso entrevistamos a Assumpció Malagarriga, directora del servicio educativo de L’Auditori de Barcelona. Titulada superior en Música y profesora durante más de 25 años, Malagarriga está al frente del proyecto educativo y social desde la inauguración de esta institución cultural. 
 
Lo mejor de poder hablar con una especialista en pedagogía y música de su nivel no solo es conocer de primera mano la misión educativa de L’Auditori, sino también tener el punto de vista de una especialista sobre los principales tópicos en materia de educación musical:cómo y cuándo iniciar a los niños en la música, si deben o no asistir a conciertos de música clásica “para adultos” o si es verdad que la música clásica les ayuda en su desarrollo.  
 
Barcelona Clásica: ¿En qué consiste el proyecto educativo de L’Auditori?
Assumpció Malagarriga: La característica principal es que L’Auditori se cree de verdad el papel educativo y social que tiene que cumplir. Y esto supone actuar en dos dimensiones: horizontal, de forma que realizamos toda la producción, incluyendo el diseño y edición de los materiales, y transversal, en el sentido que la misión educativa ha de estar presente en toda la casa, incluyendo secciones como la OBC o la Banda Municipal.
Materiales educativos de L'Auditori
B.C. ¿Qué etapas ha tenido la programación para niños en L’Auditori?
A.M. Yo diría que el principal mérito ha sido la continuidad y la constancia. Desde el principio, ha habido una línea que hemos seguido, con los cambios necesarios para adaptarnos a lo que íbamos aprendiendo. Yo creo que esta filosofía es clave, porque una cosa es la gestión cultural y otra, la realización de proyectos. A veces, hay sitios donde se organizan muchas cosas, pero no hay realmente un proyecto general. Cuando se programa para un proyecto, se tiene que perseguir un objetivo. Si no, no hay nada.
 
B.C. ¿Y cuál es el objetivo de L’Auditori?
A.M. Favorecer que la música de calidad esté presente en la vida de las personas. La música es necesaria: lo demuestran los estudios científicos. La música tiene que mucho que aportar al bienestar individual y también a la mejora de la sociedad.
 
Fotografía: L'Auditori
Cuando una familia viene a L’Auditori, muchas veces queda impactada por la música y eso hace que se interese más. De ahí nuestros tres objetivos en el programa educativo: impactar para interesar, experimentar para sentir y aprender para amar. Dentro de cada objetivo, desarrollamos actividades concretas.
 
B.C. ¿Cómo son los conciertos educativos de L’Auditori?
A.M. Todo es de producción propia y buscamos que haya una oferta para las diferentes edades. El factor común es la altísima calidad musical. Cualquiera de estos conciertos, en horario de noche y con público adulto, también podría funcionar. Optamos por hacerlos accesibles a todo el público con adaptaciones en el formato para que los niños puedan venir con su familia.
 
B.C. ¿Es mejor iniciar al niño en la música con este tipo de conciertos educativos?
A.M. Lo mejor es escuchar mucho al niño. Se pueden combinar las dos cosas: conciertos educativos y conciertos normales.De hecho, las personas de nuestra generación aprendimos a amar la música acompañando a nuestros padres a los conciertos. Sin embargo, los niños tienen algo diferente a los adultos, y es que no fingen. Un adulto puede disimular, o puede salir del concierto quedándose solo con la impresión buena; un niño, en cambio, es sincero. Si se aburre en un concierto, lo dice inmediatamente. Así que hemos investigado hasta encontrar un formato de concierto en el que no se pueda dejar de escuchar.
 
B.C. ¿Y cómo lo habéis conseguido?
Fotografía: L'Auditori
A.M. Con un tratamiento especial del orden del repertorio, de la iluminación, etc. Son conciertos más cortos, de una duración media de 50 minutos, pero en los que no queremos que se desconecte ni un minuto. Los músicos tocan de memoria y, muchas veces, también en movimiento. Siempre hay una coreografía y buscamos mucho la proximidad con el público.
 
B.C. ¿Qué aporta la música al desarrollo de un niño?
A.M. La música no es algo para disfrutar: es una necesidad humana. Hay estudios científicos que demuestran que nacemos con millones de neuronas aisladas que se van conectando durante el primer año de vida. Fundamentalmente, el impulso que favorece este proceso es el amor del entorno del niño, pero la música ayuda también mucho. Por eso existe en todo el mundo la inclinación natural a cantar a los niños, hacerles ritmos y hablarles en tonos agudos. Son estímulos de la actividad cerebral que los adultos hacemos de forma instintiva.
 
Este proceso se prolonga durante la infancia y, cuando llega la adolescencia, se transforma. Normalmente, con la pubertad, los niños empiezan a interesarse por sonidos rítmicos y graves, que son precisamente los que estimulan la zona pélvica: la misma que ellos tienen en desarrollo en ese momento.
 
B.C. ¿Cuándo hay que iniciar al niño en la música?
A. M. Antes de nacer. Cuando el feto tiene cuatro meses y medio, ya ha desarrollado el sentido del oído y es sensible a la información sonora y a la música. Por eso el año que viene en L’Auditori vamos a poner en marcha un proyecto musical para mujeres embarazadas, con un taller práctico en el que les propondremos actividades hasta que nazca el niño y les recomendaremos una música para cada mes hasta que el bebé cumpla el primer año.
 
B.C. ¿Y a partir de qué edad es recomendable que empiece a aprender música?
A.M. Si quiere estudiar música, pues adelante. Yo diría que a partir de 6 años; antes, no es necesario. Y hay muchas actividades para elegir: cantar en una coral, danza, ir a una escuela de música… No solo se trata de que aprenda a tocar un instrumento.
 
B.C. Este proceso de iniciación musical en familia, ¿se interrumpe con la llegada de la adolescencia?
A.M. En la etapa de entre los 0 y los 8 años, los niños vienen porque los padres quieren. A partir de los 8 años, empiezan a tener otras actividades – por ejemplo, los deportes-, pero si la familia tiene interés, siguen viniendo. Además, participan en las actividades de L’Auditori con las escuelas. Y cuando llegan a Secundaria, lo habitual es que vengan más con la escuela que con la familia. Pero estos adolescentes, si de niños han compartido vivencias musicales con sus padres, probablemente volverán cuando tengan sus propios hijos.
 
B.C. ¿Se consigue así asegurar un público para el futuro?
A.M. No me preocupa formar públicos. La gente tiene derecho a ejercer libremente la decisión de si quieren continuar escuchando música clásica en la edad adulta o no. Pero necesitan esa experiencia musical en la infancia para poder tener la oportunidad de decidir.
 
Desde Barcelona Clásica, informamos de que este próximo fin de semana L’Auditori estrena el espectáculo Setze cordes, dirigido a niños de todas las edades, incluidos bebés (los niños de menos de un año no pagan entrada). Hablaremos de él y de los mejores conciertos de música clásica que se pueden ver en Barcelona ahora mismo en los próximos días en un artículo especial.
 

 


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