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Dolora Zajick, mezzosoprano: “El único secreto es hacer las cosas en el momento adecuado”

Viernes 6 Enero 2017

Dolora Zajick es una de las mejores mezzosopranos del mundo, con una carrera espectacular. A sus 64 años, sigue siendo una de las voces de referencia del MET de Nueva York y continúa actuando en los grandes escenarios de ópera. Sus trabajos discográficos han estado dirigidos por nombres que son leyendas de la música: James Levine, Riccardo Muti, Mstislav Rostropovich, Valery Gergiev… Y su enorme voz, perfecta para los roles verdianos, sigue impresionando al público. Además de llevar décadas en la elite mundial de la ópera, Dolora desarrolla numerosas inquietudes, todas ellas relacionadas, de una manera u otra, con el canto y la música. La más conocida es su trabajo pedagógico. La cantante creó en 2006 el Institute for Dramatic Voices y, paralelamente, colabora con instituciones de todo el mundo.

Recientemente ha estado en Barcelona para impartir una masterclass de canto en el Conservatori del Liceu, dentro de la serie de clases magistrales con artistas de referencia internacional que el centro organiza a lo largo del curso académico. En Barcelona Clásica hemos hablado con ella sobre la escasez actual de grandes voces dramáticas, cómo debería ser la formación ideal de un cantante y, por supuesto, hacia dónde piensa dirigir su carrera durante los próximos años. 
 
Dolora Zajick nos atiende mientras se toma un pequeño refrigerio, después de haber estado más de cuatro horas sin parar trabajando con los jóvenes aspirantes a profesionales de la ópera. Todo de un tirón, sin descansos y sin apenas sentarse. La clase se ha alargado más de lo previsto porque la cantante no ha querido darla por terminada sin antes abrir un turno de preguntas para los alumnos. 
 
Ya en la cafetería, se le acercan continuamente estudiantes que le piden autógrafos, y ella los atiende con una actitud dulce que nada recuerda a la gran estrella internacional que realmente es. Entre tanto, conversamos sobre las lecciones de canto que acabamos de oírle.
 
Barcelona Clásica: En tus clases, ¿cuál es el primer consejo que das?
D.Z. A los estudiantes de canto les digo que lo primero que tienen que hacer es precisamente aprender a cantar. Normalmente, están más preocupados por otras cosas: por conseguir una beca, por participar en una audición…
 
B.C. ¿Y cómo se aprende a cantar?
D.Z. Siguiendo las instrucciones de un buen profesor. El problema es que, cuando eres estudiante y estás empezando a cantar, no es fácil detectar a un buen profesor. O, al menos, a un profesor que sea el adecuado para ti. Pero saber identificar lo que te conviene, sea un profesor, sea un tipo de repertorio, es también parte de la habilidad del cantante.
 
B.C. ¿Se puede adquirir esta habilidad? ¿O es algo innato?
D.Z. Cada cantante manifiesta su habilidad de forma diferente. Hay una parte que se aprende y se mejora con el tiempo y la experiencia, pero hay otra parte que es talento innato.
 
B.C. ¿Qué tipo de talento?
D.Z. Por ejemplo, hemos observado que, en los cantantes con grandes voces dramáticas, la longitud del tronco es superior a la de otros tipos de cantante. Eso hace que haya mayor masa muscular y, por tanto más fuerza, justo en la parte más necesaria para controlar la voz. 
 
B.C. ¿Es por esta particularidad física que es tan difícil encontrar grandes voces dramáticas hoy en día?
D.Z. Hoy, el planeta tiene más habitantes que nunca y, por tanto, debería haber más cantantes de todo tipo, pero resulta que tenemos menos voces dramáticas. Por lo tanto, es un problema educativo. En el caso de Estados Unidos, estos cantantes se pierden en la etapa del instituto. Todos los institutos de América tienen un coro y una banda, y muchos de ellos, también una orquesta. Pero la mayoría no hacen ni ópera ni música clásica, sino teatro musical u otras cosas. Y las grandes voces no encajan en este tipo de repertorio, hasta que el punto que o disminuyen su voz o se les echa del coro.
 
B.C. ¡Es terrible!
D.Z. Conocí el caso de un chico que había aprendido a cantar encogiéndose de hombros y con la cabeza ladeada hacia un lado para no sobresalir respecto a los demás. Pero, a medida que le iba enseñando la postura correcta, él mismo se negaba a cambiar. “¡Tendré que dejar el coro!”, se lamentaba.
 
B.C. ¿Hay alguna solución?
D.Z. Es lo que intentamos desde el Institute for Dramatic Voices, que impulso desde hace diez años. Hacemos varios programas para jóvenes de diversos niveles, empezando por cantantes emergentes a partir de los 15 años. Actualmente contamos con unos 30 cantantes, con una atención muy especializada.
 
B.C. ¿Tenéis algún caso de éxito?
D.Z. Sí. Por ejemplo, Rachel Willis Sorensen, que está cantando mucho en Alemania. También ha estado en el Covent Garden, en el MET de Nueva York, en San Francisco…
 
B.C. ¿No hay posibilidad de repescar a estos talentos en los conservatorios?
D.Z. Allí el problema es el dinero y cómo se distribuye. Para enseñar a un cantante hacen falta tutores especializados y, muchas veces, cuando se consigue una donación o un esponsor, se prefiere destinar esos fondos a una producción cool en la que participe todo el conservatorio en lugar de contratar profesores para unos pocos alumnos.
 
B.C. ¿Hay algún secreto para preservar la voz a lo largo de toda la vida?
D.Z. Creo que el único secreto es intentar hacer las cosas en el momento verdaderamente adecuado. Y ese momento no lo determina una oportunidad puntual, sino tu edad, tu genética y cómo hayas cuidado y educado tu voz.
 
B.C. ¿Cuál fue el momento adecuado de tu carrera?
D.Z. Desde los 22 años, intervenía en pequeños papeles, pero no tuve mi debut internacional hasta los 34 años, con el rol de Azucena, en Il Trovatore. Fue la culminación de varios años de trabajo en el programa de jóvenes talentos de la Opera de San Francisco, en el que entré a los 31. Años antes, había tenido la posibilidad de participar en unas audiciones para el MET, en Nueva York. Pero no estaba preparada. Solo cuando llegué mi momento y mi voz estaba en las condiciones adecuadas para brillar pude hacer el papel de forma que el responsable del cast dijera: “Oh, aquí tenemos a una gran mezzo verdiana”. 

B.C. ¿Cómo has conseguido cuidar tu voz durante tu carrera hasta llegar a la edad actual con la fuerza que tienes?
D.Z. Teniendo mucho cuidado y escogiendo muy bien lo que puedo cantar. Por ejemplo, nunca hago roles de soprano, y eso que las mezzos son muy valoradas cantando papeles de soprano porque los agudos contrastan mucho con el color de la voz. De hecho, me ofrecieron hacer Norma. Pero mi voz es la adecuada para cantar Adalgisa, no Norma.
 
B.C. En 2017 debutarás con un papel wagneriano, pero secundario: Mary, el aya de la protagonista de Der Fliegender Hollande, en una producción para el MET de Nueva York. ¿Por qué has decidido prepararlo?
D.Z. Tengo ahora 65 años. He conseguido una carrera inusualmente larga, con más de 45 años en los escenarios, y creo que me queda todavía una década más. Me gustaría retirarme a los 75. Pero pienso que ha llegado el momento en mi carrera en que he de combinar papeles principales con pequeños papeles. Es una especie de transición.
 
B.C. ¿Has pensado con qué papel te gustaría retirarte?
D.Z. No. Pero también tengo muchos otros proyectos, además de cantar. Compongo música y también estoy escribiendo una novela en la que, evidentemente, la música y la evolución de la voz humana es parte importante de la trama.
 
 
 

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