I Puritani
Piano

Marco Mezquida: "No tiene sentido encerrar las obras clásicas en vitrinas"

Jueves 19 Enero 2017

Echar un vistazo a la agenda de Marco Mezquida provoca vértigo. Estamos justo al principio de 2017 y la web del pianista menorquín, uno de los nombres ascendentes del jazz internacional, ya recoge cerca de un centenar de compromisos por toda Europa. A punto de cumplir los 30 años, tiene publicados cerca de 50 discos y reconoce sin rubor que ha conseguido tocar en la mayoría de escenarios míticos del jazz con los soñaba cuando solo era un estudiante de piano adolescente.

Pero, para Marco, la agenda de conciertos, lejos de convertirse en rutina o en un elemento de estrés, supone un reto creativo. Se reivindica como compositor e improvisador y defiende que la música –toda la música, la clásica incluida – igue siendo un juego íntimo y extrovertido de profundidad, conexión y evasión.  Con esta exposición de principios, no resulta extraño que la Sala Apolo le haya invitado a la nueva temporada del cicle “Matins de clàssica”, una serie de conciertos programados los domingos por la mañana, entre el 22 de enero y el 12 de febrero, que rompen con todas las convenciones del género. Marco Mezquida actúa en el concierto inaugural, el día 22 a las 12 del mediodía. 

Marco Mezquida - Foto: Javier González
Barcelona Clásica: ¿Fue primero el piano y luego el jazz, o al revés? 
Marco Mezquida:
 Lo primero fue la música de piano e instrumentos de percusión. Empecé tocando música clásica a los 6 años. A los 15, estudiaba y daba conciertos de órgano. Pero también tocaba mucha música improvisada, sacaba canciones de oído y componía pequeñas piezas, aunque no era jazz, porque precisamente este fue uno de los tipos de música que descubrí más tarde, hacia los 14 ó 15 años. 
  
B.C. ¿Ha sido importante para tu carrera que tu formación inicial fuera de pianista clásico? 
M.M. 
Pude compaginar la formación clásica del conservatorio con la de música moderna en la escuela municipal. Lo recuerdo como un proceso paralelo y complementario. Creo que es de las mejores cosas que me podían pasar, pues siento que mi formación ha sido sana y enriquecedora. Entiendo la música toco y escucho. De todas maneras, como profesional, pocas veces he hecho de pianista clásico, ya que mi reto siempre ha sido más interpretativo y creativo. 

B.C. ¿Eres partidario de versionar en clave de jazz a los compositores clásicos, o crees que cada género ha de tener su espacio?
M.M. Con buen gusto, se puede hacer de todo. Yo estoy a favor de que se hagan versiones. O, mejor dicho, no estoy en contra, porque no soy dogmático ni amante de los conservadurismos. Es verdad que si un músico poco conocedor lo hace sin gracia y sin una cierta profundidad, el resultado no gusta. Recuerdo que hace años, escuché las interpretaciones clásicas en estilo jazz que hace Jacques Louissier y aquello no me gustó demasiado. 
 
Pero también he oído cosas divertidas, como las variaciones sobre Bach, Mahler, Wagner y Mozart del pianista americano Uri Caine. Creo que debería haber más flexibilidad, porque es sano para la música del siglo XXI. Hoy día, la interpretación se ha de entender de forma más rica. Está muy bien interpretar la música barroca con instrumentos originales y buscar la esencia de cada pieza, pero las nuevas tendencias no pueden ir solo por aquí. No tiene sentido encerrar las obras clásicas en vitrinas. En este sentido, yo he sido siempre bastante heterodoxo: escucho mucha música diferente y para mí todos merecen el mismo respeto. Amo la música de las grandes figuras de la historia independientemente del estilo en que se les haya catalogado (de Ockeghem a Magrané, de Gesualdo a Carles Santos, de Bach a Jarrett). ¡Vivan las grandes personalidades la música!
 
B.C. ¿Te has planteado hacer estas versiones de clásicos alguna vez?
M.M. Sí. Por ejemplo, el año pasado recibí el encargo del Auditori de hacer una revisión de la música de Ravel con el proyecto Els somnis de Ravel, acompañado de batería, cello y piano. Sin embargo, se tendría que poder hacer más cosas con la música clásica, como, por ejemplo, llevar a un cuarteto de cuerda a un contexto diferencia al tradicional formato del auditorio, los fracs, la distancia con el público, la idea elitista de la música, etc.
 
B.C. Entre los proyectos programados para este año también tienes una revisión de Beethoven en el Palau de la Música Catalana. 
M.M. En este caso se trata de arreglos de Eduard Iniesta basados en música de Beethoven, con un grupo de cámara bastante grande, dentro de la serie de espectáculos para niños organizada por el Palau. 

B.C. ¿Cómo has planteado el concierto que inaugura el ciclo “Matins de clàssica”, de la Sala Apolo?
M.M. En los conciertos de ciclos clásicos, versiono libremente autores que me gustan e intento que se haga patente la libertad creativa que tan importante es para mí. No llevo una partitura que se haya de seguir al pie de la letra, porque se trata de jugar. Me divierte mucho coger una pieza, por ejemplo, de Chopin, y, con respeto, asimilarla y hacer una reinterpretación, jugando con el ritmo y la armonía. Es un proceso que te conecta con el compositor, quien tuvo que hacer este mismo juego cuando escribía la obra hasta dejarla "acabada".
 
Concierto de piano solo de Marco Mezquida en el Palau
de la Música Catalana. Foto: Pablo Leoni
B.C. De hecho, se sabe que muchos grandes compositores clásicos, de Bach a Chopin, improvisaban continuamente en sus conciertos. 
M.M. Precisamente la improvisación es importante para dar esta visión, más simple y más sencilla, de la música como un juego. Y es una visión muy ligada al compositor, porque si de verdad sabes lo que estás tocando es cuando puedes hacer versiones y añadir cadencias, ornamentaciones, etcétera. Antes, se jugaba mucho más. Los compositores eran músicos completos: componían, interpretaban e improvisaban. A mí me interesan mucho estas tres facetas e intento llevarlas al máximo en mis conciertos. En este sentido, me siento más próximo a los compositores clásicos, ya que no se habían separado las disciplinas musicales, como sí pasó a finales del siglo XIX. 
 
B.C. ¿Por qué el jazz tiene esta imagen de música moderna, que la clásica no ha podido conseguir? 
M.M. No creo que el jazz tenga imagen de música moderna entre el gran público. La tuvo en el pasado, pero ya no, y es una lástima, porque esto limita que la gente joven se acerque. Sí es cierto que la clásica tiene un halo más conservador, pero se lo ha ganado a pulso: siempre el mismo formato, en auditorios, con el mismo ritual...  
 
B.C. ¿Hay solución? ¿Crees que se puede cambiar la situación? 
M.M. En ciudades europeas hay sitios donde puedes tomar una copa escuchando música clásica. El Auditori de Barcelona ha tenido la idea de potenciar las sesiones "after", encargando reinterpretaciones de obras clásicas hechas por músicos de música moderna. También son interesantes cosas como las que hacía Friedrich Gulda, un pianista clásico que era capaz de tocar jazz en medio de un concierto en un auditorio o de interpretar una sonata de Mozart en una jazz cave, o las propuestas de Uri Caine, o las del maestro Lluís Vidal sobre la obra de Mompou. Si el Cuarteto Casals tocara fuera de los auditorios, los conocería mucha más gente. La música clásica tendría que desabrocharse la camisa de vez en cuando y debería ser posible disfrutarla en situaciones diferentes a los conciertos tradicionales. Y lo mismo pasa con el piano, que tendría que salir de los espacios cerrados. 

B.C. ¿Cómo preparas conciertos en los que el “plato fuerte” es la improvisación? ¿No es demasiada responsabilidad? 
M.M. Es un proceso intenso que requiere mucha energía y concentración. Pero lo que recibo a cambio es una energía adrenalítica. Considero un regalo de la vida poder cerrar los ojos y ofrecer una experiencia íntima que, a la vez, causa mucho placer compartir. La música me da mucho más de lo que me quita. Y en el momento que no lo sienta así, dejaré de hacerlo. 
 
B.C. ¿Qué proyectos destacados tienes para 2017? 
M.M. Además del concierto en la Sala Apolo, durante las próximas semanas tengo conciertos en Francia, Bélgica y Alemania. En febrero presentaré El somni de Raval en el festival de jazz de Granollers. También tengo prevista una serie internacional de conciertos con el trompetista  Enrico Rava, el Miles Davies europeo, y una gira con el guitarrista flamenco Chicuelo, presentando nuestro disco a trío "Conexión". Y esto son solo los proyectos individuales, porque con los grupos con los que colaboro estoy en un momento muy activo. También acaban de salir tres discos al mercado: uno de piano solo, Amateur, otro de voz y piano con la cantante berlinesa Juliane Heinemant y otro a dos pianos, con uno de mis profesores en la Esmuc, Albert Bover
 
B.C. Entre tantos compromisos, ¿hay algún deseo todavía pendiente?
B.B. El principal deseo es que todo vaya bien. Son muchos conciertos y también muchos viajes y mucha actividad. Los deseos que tenía de tocar en determinados sitios y con ciertos músicos se han ido cumpliendo, aunque nunca se acaban las ganas de crear nuevas propuestas y nuevos vínculos con grandes músicos y artistas. A la vez, quiero seguir potenciando la faceta de pianista improvisador, compositor e intérprete y seguir ofreciendo lo que soy en muchos lugares del mundo. 
 
 

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