I Puritani
Instrumental y música de cámara

Joel Bardolet: "Los músicos jóvenes hemos absorbido los clichés del siglo XX en lugar de crear los nuestros propios"

Viernes 17 Marzo 2017

Muchas veces en la vida de los músicos (y de los no-músicos) las casualidades acaban por definir de manera crucial toda una trayectoria. Es el caso de Joel Bardolet, un violinista de Vic que, de pequeño, iba para karateka. Diversas circunstancias lo llevaron al violín y el cambio fue tan afortunado que con solo 13 años, Joel debutó como solista con el Doble Concierto de J.S. Bach con la Orquestra de Vic.

Con el tiempo, el joven, ahora con 28 años, ha desarrollado una carrera que le ha llevado, primero, a formarse entre la ESMUC, la Musikhochschule Freiburg y la Hochschule für Musik de Basilea, y después, a colaborar con diversas orquestas europeas y personalidades musicales como el Cuarteto Casals o los directores Salvador Mas, Jordi Mora y Tomàs Grau, entre otros. Actualmente, es miembro de Cosmofonia Ensemble, Camerata432 y es el concertino titular de la Orquestra Camera Musicae

Durante los próximos meses, Joel Bardolet será uno de los tres músicos seleccionados por la Fundación Catalunya-La Pedrera como Músico Residente, con un ciclo de tres conciertos que él entiende como un "proyecto personal". 

Barcelona Clásica: ¿Cómo fueron tus inicios en la música? ¿Por qué elegiste el violín?
Joel Bardolet
: Fueron muy normales. A los siete años, mis padres me apuntaron a la escuela de música. Yo no quería hacer música: quería hacer karate. Hasta que un día le causé un pinzamiento a mi padre y aparqué el karate. Tampoco el violín fue una decisión mía: yo quería el cello (aún hoy me gustaría tocarlo), pero tengo una hermana violinista fantástica y en aquella época me dijeron que sería más práctico coger el violín que ella ya había tocado.

B.C.: ¿Hubo algún momento clave que te hiciera decidir convertirse en profesional?
J.B.: 
Dos momentos: la Cuarta Sinfonía de Brahms con el maestro Salvador Mas en la JONC y un concierto del Cuarteto Casals en el Palau de la Música que me hizo descubrir un mundo de posibilidades sonoras y gestuales. Pensé: "Si se puede llegar a hacer así, ¡debe de ser muy divertido!".

B.C.: Y luego has tenido la oportunidad de formarte con sus integrantes hasta el punto de que a tu currículum hablas del "maestría del Cuarteto Casals". ¿Por qué han sido tan importantes para tu formación?
J.B.:
 Bueno, en la mía y en la de cualquier músico de mi generación -y siguientes-. Han cambiado la manera de hacer música en Cataluña y parte de España, y aún hoy los tengo como referencia. Han aportado muchas cosas. Yo siempre recuerdo el día que nos hablaron en clase de no hacer concesiones musicales por motivos técnicos. Bien pensado, quizá me lo tomé demasiado al pie de la letra ...

B.C.: ¿Qué ha supuesto la experiencia internacional? ¿Te ves mucho tiempo viviendo fuera?
J.B .:
 En Basilea hay más facilidades y aún hoy encuentro un lugar donde se pueden hacer proyectos con músicos muy abiertos y con un público entusiasta de la música contemporánea. Para hacer música de cámara y colaborar con orquestas, también viajo bastante a Alemania y Francia. Siempre me gusta hacer estos viajes musicales porque, aunque la música es muy global, se pueden ver dialectos y formas de hacer distintas.

B.C.: Como concertino de la Orquestra Camera Musicae, ¿que destacarías de esta formación?
J.B.: 
Es una orquesta viva y con mucha hambre de crecer. Nos tomamos con pasión cada obra, tenemos respeto por los directores y compositores, disciplina y un gran sentido del humor. Asumimos la responsabilidad de haber crecido mucho y ahora tenemos que saber que mucha gente está pendiente de nosotros. Si continuamos luchando contra la rutina y no perdemos la curiosidad, tenemos una orquesta fantástica para los próximos años. ¡Ah! Y tenemos marca propia: nos arriesgamos en el escenario.

B.C.: Compaginas la tarea de solista con la de violonista orquestal. ¿Te aportan las dos por igual?
J.B.:
En la orquesta puede pasar que un día tenga que dar más energía que cuando tengo un recital solo. Los solos de primer violín son lo más exigente que hay: tienes que pasar de tocar con sonido de grupo a sobresalir. ¡Pero es un trabajo fantástico y siempre tengo unos compañeros que son un tesoro! Solista con orquesta lo hago poco: tres o cuatro programas al año. Y lo entiendo como música de cámara. Tocar la parte de violín solista y que la orquesta te siga lo encuentro poco interesante y rara vez hay el tiempo necesario para encontrar una versión diferente. También hago mucha música de cámara en el sentido clásico de la palabra y, como en las Residencias Musicales, proyectos yo solo.

B.C.: En las Residencias Musicales apuestas por formatos innovadores y "diferentes": sexteto de cuerda, violín solista con danza... ¿Por qué es difícil presentar estos formatos en las salas comerciales habituales?
J.B.: 
Yo creo que el sexteto es difícil simplemente porque es caro de programar y no hay formaciones estables de sexteto. En cuanto a la danza, se hacen cosas, y muy interesantes. Quizá, más que a los programadores, debemos culpar más a los músicos de mi edad, que hemos absorbido clichés del siglo XX en vez de crear los nuestros propios. Lo que yo percibo es un poco de complejo "de audición de conservatorio":  todavía hablamos de "pianista acompañante", todavía pensamos que ser solista es lo más importante... Arriesgarse en el formato significa que puede funcionar, pero también puede no funcionar.

B.C.: ¿Qué violín tocas?
J.B.: 
Toco un François Pique de 1793 cedido por mi profesora Muriel Cantreggi.

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