Piano

Carlos Cebro: “Las grandes interpretaciones son eternas”

Miércoles 5 Abril 2017

Carlos Cebro es uno de los grandes nombres del piano en Europa y Sudamérica. Nacido y formado en Montevideo (Uruguay), reside desde hace décadas en Francia.

Ha actuado como solista bajo la dirección de directores de renombre y también como pianista acompañante junto a cantantes de primera línea.

Asimismo, desarrolla una importante tarea como pedagogo y está vinculado al jurado de numerosos concursos internacionales de piano. En uno de ellos conoció a Maria Canals, quien le invitó a sumarse al concurso que ella misma impulsaba en Barcelona.

Actualmente, Carlos Cebro es presidente del jurado del Concurso Maria Canals y encabeza el equipo responsable de la difícil elección de ganadores de la competición.

Barcelona Clásica: ¿Cuándo empezaste a participar como jurado en el concurso Maria Canals?
Carlos Cebro:
Creo que desde el año 85/86. Conocí a Maria Canals en una competición de piano en Monza y le gustó mucho mi manera de actuar. Ese año enfermó un miembro del jurado y me llamó. Volvió a llamarme al año siguiente y, con el tiempo, nos hicimos muy amigos. Fue ella la que decidió, tiempo después, que yo tenía que continuar con el concurso una vez desapareciera como presidente del jurado y director artístico. También fue ella la que vio en el actual director, Jordi Vivancos, unas capacidades fabulosas y le pidió que asumiera la dirección de la organización.  Hoy, el concurso Maria Canals cuenta con un equipo fantástico.

B.C. ¿Cómo está organizado el jurado del concurso?
C.C.
Intentamos que haya personas de países diferentes: una de Francia, una de Estados Unidos, una de China o Corea, una de Alemania o Austria… Así podemos valorar culturas diferentes, porque no es lo mismo trabajar el piano en un sitio que en otro. Cada uno de nosotros procede de una cultura musical distinta. Sin embargo, en lo esencial, generalmente coincidimos. Y, en los últimos años, hacemos participar también a antiguos ganadores del concurso que ahora están desarrollando una gran carrera profesional.
 
De izquierda a derecha, Carlos Cebro, Maria Canals y Jordi Vivancos
B.C. ¿Quién es el mejor concursante que has visto en tu ya larga trayectoria como jurado de premios?
C.C.
Al hablar de grandes músicos, es difícil decir si hay uno mejor que otro. ¿Era mejor Renata Tebaldi o María Callas? Mis pianistas favoritos son los grandes clásicos: Rubinstein, Horowitz… Y luego hay gente que uno va siguiendo a lo largo de su trayectoria. Cuando era niño, escuchaba las retransmisiones del Concurso Chopin y todavía recuerdo cuando ganó Martha Argerich y nadie sabía que se convertiría en la gran pianista que es. Puede pasar que escuches a alguien y en ese momento enloquezcas con él, pero probablemente pronto escucharás a alguien más que también te hará enloquecer. Y creo que es positivo. Es más; me parece peligroso que te guste solo una persona.

B.C. ¿Ha cambiado mucho el Concurso Maria Canals desde que empezaste a colaborar con él?
C.C.
En los últimos 10 años, se ha convertido en un gran concurso. Este año, por ejemplo, ha habido muchísimo público en las pruebas eliminatorias. Y creo que con actividades participativas como las del OFF Concurs están consiguiendo que la gente se acerque más al piano. Además, como todo se retransmite por Internet, el concurso se sigue en muchos países del mundo. Me consta que hay mucha gente viéndolo en Uruguay, en Georgia, en Japón…

B.C.  ¿Las nuevas tecnologías van a conseguir que más gente se acerque a la música?
C.C
. Desde luego, es fantástico poder seguir las retransmisiones de grandes espectáculos internacionales. Está Internet y también está el cine, con las proyecciones de la ópera de Nueva York o del ballet del Bolshoi en todo el mundo. Pero Internet también ha matado cierto tipo de pasión que había antiguamente por la música en directo. Antes, en Sudamérica, la gente hacía tres días de cola para poder adquirir el abono de la temporada del Auditorio. Y, cuando Callas cantó en Nueva York, hubo colas durante una semana para conseguir entradas. Esto ya no existe. O mejor; sí existe, pero con Justin Bieber o Madonna, no con la clásica.

B.C. ¿Por qué no? ¿Es una cuestión de educación?
C.C
. Es cuestión de educación, pero, sobre todo, es una cuestión de publicidad. La publicidad empieza a influirnos desde pequeños. Los estudiantes de los conservatorios de hoy no escuchan a los clásicos, que son los que lo hicieron todo, sino a los pianistas que hoy están de moda. Y no pasa solo con la música; también con el cine. ¡Los jóvenes no saben quién fue Greta Garbo! El conocimiento de los clásicos no es publicidad, sino cultura, y esto no nos lo quieren dar en Internet.

B.C. ¿Qué más se puede hacer para abrir la música clásica al público?
C.C.
Las entradas se han vuelto muy caras, especialmente en la ópera, debido a las producciones lujosas. Los cachés de las estrellas internacionales también han subido mucho. Y alguien debería poner fin a esto, porque seguro que es posible hacer las cosas de otra manera y hacer que más público pueda acceder a la música en directo.

B.C. ¿Qué pensaría María Canals de la situación actual del mundo de la música?
C.C
. ¡Estaría completamente de acuerdo! Era una mujer avanzada a su época, pese a que le tocó vivir un tiempo muy difícil.

B.C. ¿Han cambiado mucho los concursos de piano desde que empezaste a conocer este mundo?
C.C
. No han cambiado tanto. Hoy se cruzan diferentes escuelas. Los chicos van de un concurso a otro y hablan entre ellos de cuáles son los que más les gustan, los que están mejor organizados, los que permiten aprender más… El nivel técnico ha subido mucho. En el Maria Canals lo comprobamos cada año en la preselección de candidatos, que cada vez es más difícil. Lo que no ha mejorado tanto es la expresión, la capacidad de comunicación.

B.C. ¿Y por qué ha sucedido esto?
C.C.
¿Por qué una cosa transmite y otra no? Es el secreto de la interpretación y dudo de que se pueda llegar a conocer algún día. Tampoco creo que puedan inventar máquinas que lo consigan. Lo que sí es cierto es que las grandes interpretaciones son eternas. Lo que era fabuloso hace 40 años sigue siendo fabuloso hoy. Tenemos documentados a Rachmaninoff y a Prokofiev tocando. Ese material no tiene precio y los conservatorios deberían estudiarlo, en lugar de muchas otras materias que no sirven para nada.

B.C. En tu caso, ¿cómo recuerdas tus inicios con el piano?
C.C.
Tenía 5 años y empecé porque mi hermano mayor lo tocaba y yo quería ser con él. Me empeñé y mis padres cedieron. El piano se convirtió en mi forma de expresarme: cuando me enojaba, le daba unos mamporrazos…

B.C. ¿Fuiste un niño precoz?
C.C
. Mis padres vieron que me gustaba mucho y me llevaron al director del Conservatorio de Montevideo para que me escuchara. Este hombre dijo que yo no tenía demasiadas aptitudes, pero que si estudiaba quizás podía aprender un poco más. Me recomendó una profesora, Lilia Amestoy. Y mi carrera empezó poco a poco, casi sin darme cuenta: ganas un concurso, otro…  Cuando el gobierno francés me dio una beca para trabajar en Francia, yo ya tenía una trayectoria como pianista en Sudamérica.

B.C. ¿Cuál ha sido la clave en tu carrera?
C.C
. Yo pienso que he tenido suerte. Mucha gente llega al éxito porque sabe aprovechar las oportunidades. También hay personas con talento que no han podido tenerlas Y hay gente que las ha tenido y no las ha sabido utilizar.

B.C. Además de tu vinculación a concursos, ¿qué otros proyectos estás desarrollando?
C.C
. Estoy preparando un disco con una cantante japonesa muy joven y otro en solitario con obras de Chopin y Listz. Y entre eso y masterclasses, viajes y concursos no tengo tiempo para mucho más. El tiempo pasa muy rápido: uno quisiera tener el doble.

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