I Puritani
Piano

Isabel Dombriz presenta "Dante": un piano entre el cielo y el infierno

Lunes 16 Octubre 2017

Isabel Dombriz es una pianista de Barcelona que acaba de publicar su primer CD, dedicado al poeta Dante y a la Divina Comedia. “Según algunas creencias, a lo largo de nuestras vidas se nos presentan algunas puertas que conducen hacia la luz y otras hacia mundos de tinieblas. Es cuestión de elección. Este disco nos abre los caminos tanto hacia los Infiernos como hacia el Paraíso”, asegura Isabel. El viaje por cielo e infierno transcurre a través de obras de Liszt, Debussy, Ravel, Bustamante y Mariné. 

La pianista se formó en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid y en el Conservatorio de Rotterdam (Holanda), y en la actualidad compagina su carrera concertística como solista con colaboraciones con cantantes, distintas formaciones de música de cámara y orquestas, así como con la pedagogía. Así nos cuenta ella misma su carrera y su trayectoria.

Barcelona Clásica: ¿Cómo fueron tus inicios con la música y el piano?
Isabel Dombriz:
Empecé a recibir clase de piano de pequeña, con cinco años. Nunca me había planteado ser músico. Yo quería ser lo que todos los niños: planta, mono, bailarina, arcoíris... Todavía no existía el mundo real. Pero es cierto que se me daba bien el piano, así que empezó a gustarme el hecho de dedicarme a algo que enseguida daba buenos frutos. Tuve muy buenos maestros desde el principio.

B.C. ¿Tu familia está especialmente ligada a la música?
I.D.
Mi familia no está directamente relacionada con la música de forma profesional, pero sí con el arte en general. Siempre hemos ido a todos los conciertos posibles, óperas, exposiciones... Todavía recuerdo ir a comprar ropa nueva para el primer día que asistía a la ópera en el Liceu de Barcelona. Yo era muy pequeña y aquel fue un día muy importante.

B.C. ¿Recuerdas en qué momento decidiste que te convertirías en pianista profesional?
I.D.
No. De hecho, la decisión no creo que sea mía. Los resultados me han ido llevando por ese camino. Yo hago algo que me gusta y trato de hacerlo lo mejor posible. El reconocimiento externo es lo que me permite elevarlo a la altura de profesión.

B.C. ¿En qué momento sentiste que tu carrera profesional había "arrancado" y estabas empezando a conseguir algunas de las cosas que te habías propuesto?
I.D
. El momento en que vas a un concurso de piano y, sin darte cuenta, vuelves con un premio debajo del brazo es ya significativo. También cuando das un concierto y te vienen después a saludar personas del público con los ojos aguados. O cuando das clase a un alumno y, solo dándole algunos consejos, de repente, todo le funciona. Todo eso te hace pensar que estás donde tienes que estar.

B.C. Personalmente, ¿cuáles han sido los profesores que más te han marcado?
I.D.
Empezaría por Rafael de Castro en Barcelona, quien me enseñó que tocar era algo natural. Yo iba a sus clases con mi madre. Ella se quedaba a escuchar y luego se sentaba a mi lado en el piano y me iba recordando todo lo que todavía no había conseguido corregir. Fue un trabajo en equipo. También tengo muy presente a Mar G. Barrenechea. Con ella estudié el grado medio de piano. Me dedicó muchísimo tiempo. Yo era una esponja y ella estaba cargada de imaginación y buena información, así que lo pasábamos genial. Las clases eran momentos de experimentación, de ver hasta dónde se podía llegar. También tengo que agradecerle que me permitiera dar clase con más maestros al mismo tiempo. Desgraciadamente, no todos aceptan el hecho de que sus alumnos experimenten más opiniones, pero Mar me abrió las puertas. Gracias a ella, conocí con trece años al maestro Aquiles delle Vigne. Ellos dos han sido mis dos grandes pilares fundamentales. Con Aquiles aprendí una forma de vida, una dedicación. Él es así: vive por y para la música. Aprendí el respeto hacia lo que hago, la trascendencia que tiene la música y cómo entenderla como forma de comunicación.

B.C. ¿Y compositores? ¿Te sientes especialmente atraída por algún compositor especial?
I.D.
No tengo compositores favoritos. Sí hay obras que me llaman la atención, pero de todas las épocas y estilos. A veces, necesito escuchar la Pasión según San Mateo de Bach, o el Réquiem de Mozart, o el cuarto concierto para piano de Beethoven, o el primero de Brahms, o la segunda sonata para piano de Rachmaninov, o el concierto para piano de Ravel, o Petroushka de Stravinsky, o el folklore de los Balcanes, o la tabla india como instrumento, o los ritmos caribeños, o las grandes voces del jazz, o esas armonías de la música brasileña... Cada música tiene su momento. Y, en lo que respecta a piano, creo que, por ahora, tiendo más a los grandes pianistas compositores del siglo XIX y XX. Pero todavía estoy en época de búsqueda.

B.C. ¿Por qué un disco inspirado en Dante? ¿Cuándo leíste la Divina Comedia y por qué te ha influido tanto?
I.D.
Toqué muy joven la Fantasia quasi Sonata: d´après une lecture du Dante de Franz Liszt. Fue una obra que me trajo muy buenos resultados. Me acerqué a la obra literaria, pero, por aquel entonces, me resultó incomprensible: la empecé en una edición sin comentarios y no la pude terminar. Se me quedó esa espina clavada y, años más tarde, creí necesario un nuevo acercamiento a esas obras con la experiencia musical y personal actual. Y ambas obras, la literaria y la musical, me parecieron inhumanas por todo lo que abarcan y la riqueza en la forma de plasmarlo. Me sentí identificada con el recorrido dantesco. Creo que todos atravesamos infiernos y paraísos e interpretar la Fantasía Dante significaba remover una gran parte de las emociones que todos guardamos dentro. Tuve la suerte de tener como productores del disco a IBS Classical y César Fernández, que me dieron libertad absoluta para decidir el repertorio.


B.C. ¿Qué te guió a la hora de realizar la selección de las piezas?
I.D.
El camino desde el infierno al cielo. Quería encontrar obras infernales, pero, ¿cómo plasmar el infierno? Dante recorre varios círculos en los que se encuentra con distintos pecados y distintas penas. Eso, musicalmente, no lo podía representar. Pero sí podía buscar distintas formas de acercamiento musical al dolor. Entonces pensé en El Valle de Obermann de Liszt, una obra de un dolor íntimo, no expresado, desolado y sin esperanza, en el que solo al final de la obra se abre una pequeña luz. Luego encontré otra forma de dolor: el dolor real de la muerte, tal y como aparece en los Funérailles de  Liszt. Son un grito de rabia, el llanto desconsolado. Vi que, pianísticamente, estaba utilizando los grandes recursos técnicos del  siglo XIX. Sin embargo, quería mostrar también otras facetas de mi forma de acercarme al piano. Ahí encajaba a la perfección el Diabolus in Musica de Miguel Bustamante, donde se muestra al diablo de una forma más ceremonial, de celebración. También suponía un contraste en estilo de composición, ya que es una obra en la que el ritmo es implacable, incluso de sonoridades ásperas, con uso constante del tritono, el intervalo considerado diabólico desde la Edad Media.

Con tanta oscuridad y tanto dolor, yo también necesitaba incluir en el disco un repertorio más ligero, que dejara descansar mente y cuerpo. Pensé en los impresionistas franceses, que me permitirían mostrar otra gama de recursos pianísticos. Dante idealizó a su amada Beatrice y su Paraíso. Yo idealicé el mío, y este, lleno de naturaleza, se intuía en los Reflejos en el agua de C. Debussy o en Une barque sur l'océan de M. Ravel. Otra forma de llegar al Paraíso la encontré en Algarabía de P. Mariné. Es una obra de vida: del canto de los pájaros al amanecer, de aire, de agua, de naturaleza en estado puro.
 
B.C. ¿Por qué crees que la la literatura y la música clásica siguen vigentes, después de tantos siglos?
I.D
. Por desgracia, no creo que se esté llevando por buen camino el cultivo de las artes. Creo que estamos perdiendo la capacidad de observar al dejarnos llevar por la inmediatez de los rápidos estímulos externos. Las nuevas generaciones vienen impacientes. Todo les sucede rápido. Las revoluciones por minuto a las que Brahms tarareaba en sus paseos no tienen nada que ver con la velocidad a la que se les transmite ahora la información a través de la televisión o los ordenadores. La obra de arte ya no es algo único, propio de un genio. Hoy en día cualquiera escribe libros, cualquiera tiene programas que componen con parámetros estándar, aceptables para la inmensa mayoría. Creo que entramos en la etapa de lo efímero.

B.C. Eres también experta en Pedagogía. ¿Seguirán viendo las nuevas generaciones de jóvenes lo mismo en los clásicos o les costará más conectar con ellos?
I.D.
¿Qué joven, que no esté estudiando música, escucha música clásica en vez de los últimos vídeos de moda en Youtube? ¿Qué joven lee algo que no sea las letras de esos mismos vídeos? Creo que se está atentando contra la cultura que hemos mantenido durante siglos. No se está educando para valorar de dónde venimos. Solo el que dé con un buen maestro y se rodee de personas en su misma situación sabrá valorar toda la historia que tenemos detrás.

Crédito de foto: Enrique Toribio

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