María José Siri, soprano: "Aprendí a leer música antes que las palabras"

Lunes 23 Octubre 2017

La soprano uruguaya María José Siri se está situando como una de las estrellas del año en la ópera internacional: inauguró la temporada 2016/2017 de La Scala en Milán con Madama Butterfly bajo la dirección de Riccardo Chailly, en una producción que se retransmitió por todo el mundo. Recibió en julio el premio "Stella della Lirica" 2017, considerado como el Óscar de la ópera, en la categoría de mejor soprano; y recientemente ha cosechado un gran éxito en la Ópera de Viena dando vida al personaje de Leonora de Il trovatore. Actualmente se encuentra en Barcelona para encarnar el papel de Amelia, la heroína de Un ballo in maschera. Cuando finalice su compromiso en el Liceu, ya la esperan en Milán, Munich, Viena y Berlín para seguir interpretando roles líricos de la ópera italiana.

Así nos cuenta ella misma cómo ve su evolución y el despegue de su carrera.
 

Barcelona Clásica: ¿Vienes de familia de músicos? ¿Cómo te iniciaste en la música?
María José Siri:
A mí el amor por la música me lo inculcó mi padre. Él era guitarrista autodidacta. Se construyó su propia guitarra. Tocaba tango, música española, música de nuestro folclore… Todo lo tocaba de oído, pero lo hacía muy bien. Desde que tengo memoria, estaba con él, cantando.

B.C. ¿Y a qué edad empezaste a estudiar?
M.J.S.
A los cuatro años, me compraron un pianito de juguete. No sonaba muy bien y lo rompí para que me compraran uno de verdad. Y una vez lo tuve, no me podían sacar de allí. Así que empecé con clases de música. Aprendí a leer música antes que las palabras. Más tarde, hice también clases de piano, de guitarra, de coro…

B.C. ¿Tenías ya claro que la música sería tu profesión?
M.J.S.
Todo el mundo esperaba de mí que fuera una concertista de piano, pero tenía un problema: no era capaz de memorizar conciertos de piano. Lo intenté con todas las técnicas posibles y no había forma. Pensé entonces en dedicarme a otro instrumento e incluso a la dirección de coros. Y empecé a estudiar saxo, que me gusta muchísimo.

B.C. ¿Y cómo llegaste al canto?
M.J.S.
¡Fue casi un accidente! Yo tenía 20 años y, un día, hubo un error con los horarios de las clases y, en lugar de mi clase de saxo, me encontré en una clase de canto. Como no podía irme a casa, porque tenía que esperar el autobús, me dijeron que podía quedarme a escuchar. Entonces, una soprano cantó un aria de La fille du régimént. Fue extraordinario; tuve la sensación de una fuerza muy grande, un éxtasis como nunca antes había sentido… Después de aquello, decidí estudiar canto. Al poco, tuve que dejar el saxofón, porque no es conveniente para los cantantes. Y a los seis meses ya había ganado un concurso para una plaza de soprano, la única que había libre en el coro de la Radio Televisión Uruguaya.

B.C. ¿A partir de entonces empieza tu carrera como cantante?
M.J.S
. Sí, trabajaba en el coro. Actuábamos en muchos conciertos e incluso óperas. Y a la vez, iba estudiando y participaba en concursos en Uruguay, en Argentina e incluso en Europa.

B.C. ¿En qué momento empiezas a tener papeles de solista?
M.J.S.
Mi primera experiencia en un escenario fue con una compañía de zarzuela en Uruguay. Es muy importante tener este tipo de aprendizaje: el escenario hay que aprenderlo sobre el escenario. Yo nunca estudié teatro ni arte escénico, aunque sí tuve siempre buenos directores y maestros, y eso me fue dando tablas.

B.C. ¿Recuerdas cuál fue tu primera ópera?
M.J.S.
La primera fue El matrimonio secreto. Luego llegaron otros papeles, fundamentalmente en teatros de América del Sur: la Micaela de Carmen, la Mimí de La Bohème, la Leonora de Il Trovatore… Por razones personales, me vine a vivir a Europa y, en 2008, debuté en Génova con Il Trovatore. Nadie me conocía entonces, pero el director me escuchó y confió en mí. Diría que ese fue el inicio de mi carrera internacional.

B.C. Háblanos del personaje de Amelia, que interpretas en Un ballo in maschera.
M.J.S.
Diría que lo más destacado de ella es la nobleza y la dignidad. Es una mujer que nunca traiciona a su marido y que, ante todo, es un madre. No es la historia de una infidelidad, ni de una mujer que decida llevarse todo por delante. Lo que quiere Amelia es recomponer el valor del matrimonio y de la familia. Verdi encontró una forma genial de caracterizar el personaje, de forma que la mayoría de cadencias son musicalmente descendentes. Cuando Amelia canta un agudo, es para dirigirse a Dios. Yo intento reflejar todo esto en el personaje y, sobre todo, darle el punto humano y noble que tiene.

B.C.  Has interpretado a numerosas heroínas verdianas. ¿Con cuál te sientes más identificada?
M.J.S.
Es difícil de saber… Yo nunca me tomaría el veneno, como Leonora, ni me dejaría morir, como Violetta. Quizás la más parecida a mi carácter sea la Elisabetta del Don Carlo, con esa aria tan bonita en la que recuerda al pasado, pero no somos afines en la edad.

B.C. ¿Hay otros compositores con personajes más próximos?
M.J.S
. Sí. Por ejemplo, Puccini conocía mucho la emotividad femenina y su manera de sentir. Pero lo que escribe Verdi son grandes historias de amor, con esos libretos enrevesados en los que el sentido teatral se entiende poco, pero en los que la música es maravillosa. Es difícil identificarme con Verdi porque tengo un carácter poco heroico: yo soy más alegre y divertida.

B.C. ¿Cómo te planteas que puede evolucionar tu carrera? ¿Quizás haya un giro hacia papeles más dramáticos?
M.J.S
. En realidad, yo estoy haciendo el repertorio justo. No sé cómo irá cambiando mi voz, pero no me gusta ir dando saltos mortales. Estoy cómoda donde estoy: ópera italiana, verismo, Verdi, Puccini… Mi voz empieza a madurar ahora y esto lo tengo que asentar, por lo menos durante cinco o seis años. Luego, no sé qué puede ocurrir, pero no creo que vaya a pasarme a roles superdramáticos.

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