opera

Christina Scheppelmann: "Manon Lescaut muere en el desierto de su alma"

Martes 5 Junio 2018

El pasado jueves 31 de mayo se presentó en rueda de prensa Manon Lescaut, la apasionada ópera de Puccini que se estrena el día 7 en el Gran Teatre del Liceu y se podrá escuchar hasta el día 22. Liderada por la directora artística del Liceu, Christina Scheppelmann, la cita reunió a Davide Livermore (dirección artística), Emmanuel Villaume (dirección musical), Gregory Kunde y Jorge de León (Des Grieux) y Maria Pia Piscitelli (Manon Lescaut).

El día 7 de junio se estrena el primer gran éxito de Giacomo Puccini, Manon Lescaut, en el Gran Teatre del Liceu. Esta ópera verista está basada en una obra literaria del Abbé Prévost de 1731 que resultó ser muy polémica, justamente, porque presenta a Manon como una femme fatale materialista, egoísta y consentida que tendrá un trágico final a causa de sus caprichos. La historia suscitó muchas versiones en otros géneros, como es el caso de la Manon de Massenet, que, estrenada el 1884, se situaba como un gran ejemplar de la grand opéra francesa. Puccini sintió una gran atracción por ese personaje, que sería el preludio de las grandes heroínas de sus futuras óperas, y diría que “Massenet la concebió como un francés con maquillaje y minuetos, mentras que él la veía como un italiano, con pasión desesperada”.

La versión de Davide Livermore sitúa la acción en a mediados del siglo XX con una clara referencia a la Ellis Island, que fue, des del siglo XIX, el punto de inspección legal y médica de los inmigrantes que llegaban a los Estados Unidos vía marítima. El director, que debuta en el Liceu, reconoce estar muy integrado con el equipo del Liceu, que ha declarado ser “muy profesional”. Livermore considera que Manon Lescaut es una obra maestra porque “Puccini, en realidad, es un verdadero cineasta que construye una partitura tan perfecta que desgrana una música tan perfecta que se explica por sí sola”.

Puccini compuso la obra en 1892, época de grandes migraciones entre Europa y Estados Unidos, situación similar a las actuales migraciones África-Europa. “Muchos morirán en el camino (como ahora ) y Manon morirá en el falso desierto de Louisiana, en aquel entonces colonia todavía francesa, «Sola, perduta, abbandonata»”, comentaba el director, que ha situado la producción a 1954. Vemos la historia a través de los recuerdos de Des Grieux, que  vuelve al desierto (que será el desierto de su alma) y allí repasa los últimos días de su vida que, a sus 80 años, ya ve que se está acabando. Lo que hace Des Grieux es reescribir su vida, pero en el fondo es un Je ne regrette rien como la famosa canción francesa popularizada por la gran Edith Piaf en 1956. También destaca que, a pesar de situar la historia en la década de los cincuenta, mantiene vestimenta de la época original de la ópera, lo cual no le parece para nada incompatible con el desplazamiento temporal.

Livermore también observó que el famoso “Intermezzo” de la obra lo ha pasado al final del tercer acto en lugar de hacerlo al final del segundo, “cosa que no pudo hacerse en Nápoles”, puesto que, argumentaba, queda al margen de la historia –en realidad, relata el viaje a Le Havre de Manon, y Livermore lo sitúa en el viaje hacia Estados Unidos.
Finalmente, se planteó si “¿es verdaderamente libre Manon para decidir si vive con Geronte di Revoir?, ¿Lo hace por dinero?, ¿Es chantaje, prostitución o una repetición de la situación de Violetta en La traviata?”.

La visión del director musical francés, Emmanuel Villaume, otro debutante en nuestro teatro, es que la producción de Livermore “funciona bien para la orquesta, cosa que no siempre ocurre”. En cuanto al compositor, considera que no ha sido suficientemente reconocido a lo largo de la historia, y ve Manon Lescaut como una obra del joven Puccini que explica unos sentimientos que explotarán en obras posteriores. “Aunque posiblemente Turandot sea más conocida, Manon es una ópera perfecta pero de mucha dificultad para los cantantes”.

La intervención del tenor norteamericano Gregory Kunde, que encabezará el rol de Renato Des Grieux, empezó con una confesión. Si bien la conocidísima La bohème era su ópera preferida de Puccini, ahora lo es Manon Lescaut, “porque transmite tal nivel de pasión y emociones que le hacen saltar las lágrimas cuando la interpreta”. Pese a las dificultades para cantarla, cree se irá interpretando cada vez más. Transmite una gran emotividad y tiene una evidente conexión con La bohème “por el flechazo amoroso e irresistible entre los dúos protagonistas Manon-Des Grieux y Mimì-Rodolfo, respectivamente”. Finalmente, dio las gracias a Scheppelmann por haberle escogido “en este fantástico cast para una pieza genial”.

La heroína femenina fue representada por la soprano italiana Maria Pia Piscitelli, que considera que su papel es el de un personaje en evolución que pasa de un canto fresco y de coloratura a uno profundo y más central, incorporando agudos que dan emoción y sensualidad. Recuerda que Manon, aunque está enamorada de Des Grieux, vive una relación con Geronte di Ravoir, un hombre mucho mayor que ella pero que le ofrece lujo, dinero pero no pasión. Pero “¿Manon es una víctima del destino?. Absolutamente no”. De hecho, ve muchas Manon actualmente y cree que las habrá en el futuro. Según la cantante, “en el fondo, la situación resulta ser una denuncia social que también se da ahora por el maltrato que reciben muchas mujeres, especialmente inmigrantes”. En cambio, en su relación con Des Grieux, Manon es una mujer que seduce cerebralmente y al que, en el fondo, convertirá en su prisionero. En definitiva, “una ópera de denuncia social y de protesta que afecta a la sensibilidad del espectador y hace pensar”.

El último en intervenir fue el tenor tinerfeño Jorge de Leon que, junto con Kunde y Rafael Dávila, se intercalan en el papel de Des Grieux. Considera que se trata de una gran producción y confiesa que prefería debutar en este papel antes que en Otello, “a pesar de que Manon transciende el desánimo ya que si bien empieza con cierta alegría, al final llegan las lagrimas”. Respecto a Des Grieux, cree que “el personaje necesita tanta pasión y desgarro que puede destrozar la voz por la necesidad de implicarse plenamente en este desgarro”.

Foto 1: Manon Lescaut | Laura Ferrari
Foto 2: Manon Lescaut | Laura Ferrari 

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