I Puritani
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Barcelona ya tiene el Club Wagner

Lunes 11 Junio 2018

En la calle Valencia, entre Enric Granados y Balmes, se levanta un templo en un sobresótano que no profesa una idolatría, como muchos tenderían a pensar, sino un respeto y un profundo entusiasmo por la figura de aquel artista completo que siempre pensaba en el futuro. Manel Bertran, impulsor desde hace muchos años de iniciativas wagnerianas, ha creado este club para dar cabida a todas las inquietudes en torno a la figura del genio de Bayreuth. Este fin de semana celebra su primera "Maratón Wagner", con una programación de lujo.

Tuve el placer de entrar por primera vez en el Club Wagner con Manel Bertran en una visita exclusiva que el compañero de la Associació dels Amics del Liceu -donde coincidimos como miembros de la junta directiva- me ofreció, con todo tipo de explicaciones y comentarios por ambas partes. De entrada, lo que respira ese lugar diáfano es elegancia y modernidad, rigor e ilusión, respeto e ideas frescas.

Es un centro destinado a la figura de Wagner y sus epígonos (Wagner más allá de Wagner) y con una gran voluntad de servicio, pero también es una Gesamkunstwerk en sí misma: los cuadros y las esculturas que se pueden encontrar, referentes esencialmente a Die Walküre y Tristan und Isolde, están expuestos con una exquisitez digna de un amante y gran conocedor del arte, y no es ocioso comentar que todas las piezas pertenecen a la colección privada que Manel Bertran, desde 2003, ha ido acumulando a partir de encargos a artistas de gran prestigio. El cuidado en la iluminación, la temperatura, la disposición en el espacio de las obras, con proyectores y material de sonido, paneles, sillas y múltiples posibilidades en el espacio -y, en un futuro, con un ordenador para consultar archivos- lo hacen el lugar idóneo para disfrutar de la obra de Wagner.

El Club Wagner nace con un doble objetivo. En primer lugar, exponer las obras mencionadas e invitar todo el que tenga objetos u obras de arte relacionadas con el compositor alemán a exponerlas temporalmente en el centro, un espacio totalmente protegido y seguro. Del mismo modo, gracias al potente equipo audiovisual, se invita a visionar óperas y películas basadas en temas wagnerianos y ofrecer conferencias, charlas y encuentros. Y, en segundo lugar, hay una voluntad de posicionamiento respecto a la figura del músico. Según Bertran, "nuestro teatro -el Liceu- fomenta la idea de que Wagner es difícil, y estas ideas deberían estar superadas". Una curiosidad es que la próxima temporada no hay ningún título wagneriano programado en el Liceu, sólo El anillo sin palabras que dirigirá Josep Pons y los conciertos "De la influencia en Wagner a la influencia de Wagner" que, de alguna manera, cubrirán este vacío con figuras afines al compositor. Por lo tanto, se quiere proyectar una idea renovada de este artista que algunos consideran caduco, o, otros, vigente pero en un encorsetamiento que no deja respirar su obra. Nos referimos a la Associació Wagneriana que, creada a principios del veinte por Joaquim Pena, se ha quedado anclada en el pasado y sólo ve la representación del maestro de una forma purista. Hay que mirar adelante, abrir frentes nuevos, y demostrar que Wagner es para todos. Sólo necesitamos un poco de paciencia. Y, por si alguien tiene reticencias, Bertran lo tiene muy claro: "Se puede llegar a Wagner a través de Mozart".

De hecho, cuando te adentras en el universo wagneriano, una fuerza centrípeta y centrífuga te absorbe y hace quedes totalmente enamorado o, directamente, seas un adicto. Sobre todo por la capacidad del compositor de crear obras de arte colosales donde todas las artes están invitadas -idea que heredarán el Jugendstil, el Liberty, el Modernismo, el Art Nouveau, la Secesión y el Arts and Craft fin-de- sciècle-.

Recordemos que Wagner no sólo componía, sino que escribía sus libretos reinterpretando temas antiguos y, como diría Nietzsche en El nacimiento de la tragedia, "devolviendo en suelo alemán la esencia de la tragedia griega". En efecto, como asevera la doctora Victoria Cirlot, gran estudiosa del tema, Wagner hace "trabajo en el mito": recupera y transforma, actualiza y potencia los temas de la mitología nórdica y germánica y contribuye a crear unos signos identificativos propios de la cultura germánica.

Porque su obra marca un antes y un después en la historia de la música -y aquí no me extenderé- por dos aspectos clave: el cromatismo del Liebestod de Isolde (que desembocará en el dodecafonismo y posterior serialismo) y el uso del Leitmotiv o motivo recurrente asociado a un sentimiento, una situación o un personaje, y de ello han bebido las bandas sonoras de las pelis y las series: todos sabemos lo que ocurre cuando una melodía determinada suena. Esto es Wagner, y mucho más.

Sobre la vigencia de la idea de que "Barcelona es wagneriana", Bertran lo tiene muy claro: Bayreuth ha venido dos veces a la ciudad, las actividades que ha organizado hasta el momento han tenido muy buena acogida pero, tal vez, "faltaba un sitio donde los wagnerianos se pudieran encontrar e intercambiar inquietudes ". El Club no tiene una voluntad lucrativa, pero sí de fidelización a través de hacerse miembro (y no socio) gracias a una serie de acciones que se realizarán próximamente y que ya se anunciarán.

El Club se inauguró el día 22 de mayo con figuras cercanas al wagnerismo y medios, y este fin de semana celebra la primera "Maratón Wagner". Sábado 16 de junio, entre las 11 de la mañana y las 7 de la tarde, se podrá ver un interesante documental sobre la vida del compositor, las "Visiones sobre La Valquiria", una conferencia a cargo de un letrado especialista en derecho penal y un psicólogo forense llamada "Las disfunciones psicológicas y los asesinatos en el mundo wagneriano", veremos el making-of del reconvertido Ring del Teatro Colon de Buenos Aires y finalmente disfrutaremos del tercer acto de Parsifal.


Foto de portada: Richard Wagner
Foto 1: Richard Wagner
Foto 2: Logo Club Wagner 

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