Don Quixot
Conciertos

A Thousand Ways

Lunes 18 Junio 2018

La séptima edición del ciclo Tardes musicals a Urgell presentaba el pasado sábado en la Iglesia Adventista del Séptimo Día el contratenor Víctor Jiménez Díaz y el ensemble Il gesto armonico, jóvenes músicos que ofrecieron el prometedor estreno de un programa íntegramente dedicado a la música de Henry Purcell.


Purcell murió sólo con treinta y seis años, dejando atrás un catálogo de más de setecientas obras, la mayoría de las cuales, obras vocales. Fue llorado como el mejor músico inglés y ahora, más de trescientos años después, pocos compositores le podrían discutir este título. Para describir su música podemos recurrir al también músico Sydney Northcote, que consideraba la terna Purcell, Mozart y Schubert "los tres compositores más instintivos de la historia" y "los melodista supremos". Hablamos, pues, de un músico con una obra extensa, de una calidad indiscutible e irresistible para los aficionados, muy tentadora para los intérpretes más inquietos. Y aquí tenemos a Víctor Jiménez, que ha elaborado el programa A Thousand ways (le tomo prestada el nombre tan bonito, extraído de una de las arias de The Fairy Queen, para encabezar estas líneas) con dieciocho piezas, diecinueve si contamos la propina, que cubren buena parte de los géneros que Purcell cultivó: encontramos música sacra, odas, música incidental y óperas y semióperas. Algunas de las piezas se han "emancipado" de la obra original y han pasado a formar parte del repertorio de canción y, por tanto, las escuchamos habitualmente interpretadas por todas las cuerdas; aquí volvían todas, conocidas y menos conocidas, en la tesitura para contratenor.

Víctor Jiménez es ambicioso en el mejor sentido de la palabra y apasionado por lo que hace, no es poca cosa para conducir una carrera prometedora. Todavía hay cosas por pulir en su canto, pero es joven (cumple los treinta este año) y tiene margen para corregir y crecer; conoce bien lo que canta y se implica; es expansivo y transmite la alegría de vivir de tantas piezas (como The Pale and Purple Rose), pero también sabe plegarse al lirismo o la solemnidad de las obras que lo piden (Since the Toila ...); piezas tan famosas como Sweet than roses, Music for a while o el lamento de Dido lo son por algo, y así lo demostró con su interpretación, pero también supo atraer nuestra atención sobre obras menos interpretadas, como el precioso An Evening Hymn que abrió el concierto. No faltó el duelo musical entre virtuosos, tan habitual en el Barroco, con Sound, Fame, thy Brazen Trumpet sound, con el violín de Eva Febrer haciendo funciones de trompeta. Aprovechamos para mencionar los integrantes de Il gesto armonico, un grupo especializado en música de los siglos XVII y XVIII, colaboradores necesarios con su buen trabajo del buen trabajo del cantante: son, además de Eva Febrero, Laura Sintes (flauta), Dimitri Kindynis (viola da gamba), Maike Burgdorf (tiorba y guitarra) y Mireia Ruiz (clave).
 
Uno de los puntos fuertes de Víctor es su capacidad para conectar con el público, pero precisamente porque sabe hacerlo cantando, no es necesario que lo haga charlando. Sí, sé que últimamente está de moda que los cantantes cuenten sus cosas al público durante el concierto, lo hacen tanto los menos experimentados como los consagradíssims, pero empiezo a añorar aquellos tiempos no tan lejanos en que los cantantes, si tenían que decir nada a su audiencia, se esperaban a hacerlo al momento de las propinas. Quizás unas breves palabras al comienzo, para centrar el programa, pero un comentario de todas y cada una de las obras ... desconcentra! O bien, por lo menos, me desconcentra.
 
Y después de este paréntesis extra-musical, volvemos a Purcell. Habíamos empezado con música religiosa y terminamos con otro himno, otra celebración. A Thousand Ways ha comenzado su camino, que esperamos que sea largo y exitoso; el proyecto lo vale.


Fotos: Víctor Jiménez © Carmen Pellón

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