Conciertos

La ‘scordatura’ de Sara Cubarsi

Lunes 17 Septiembre 2018

Este domingo día 16 de septiembre, las Residències Musicals en La Pedrera han acogido el primer recital con la violinista Sara Cubarsi, acompañada de su hermana Violeta, para crear un espectáculo de gran talla artística e interpretativa con obras de Biber, Cubarsi, Sciarrino y Olofsson.

Sara Cubarsi es una joven violinista catalana que, además de ser intérprete es compositora. Actúa como solista y en formaciones de prestigio en Londres -donde estudió en la Purcell School of Music y la Royal Academy of Music-, Los Ángeles -donde estudia en la Universidad California Institute of Arts o CalArts-, Barcelona -donde ha desarrollado parte importante de su carrera- y Berlín. Cubarsi es una todoterreno que se atreve con todos los estilos y épocas, autores y temáticas que tengan coherencia interna y la hagan vibrar. Este domingo día 16 de septiembre nos ofreció el primer recital en el marco de las Residències Musicals en La Pedrera.
 
El hilo conductor del concierto, tal y como ha afirmado la violinista, es, por un lado, la exploración de diferentes sistemas de afinación que conectan a Biber -que empleaba el semitono- con su pieza, donde ya utiliza un cuarto de tono. Por otro lado, nos encontramos a Olofsson, que utiliza microtonos a través del trino para describir el ambiente de pesadilla, mientras que Sciarrino activa muchos armónicos que desembocan en microtonos y otros sonidos indeterminados. Y, en segundo lugar, el programa está construido a partir del diálogo entre la música contemporánea y la barroca, donde Olofsson reinterpreta Tartini -que es conocido por trabajar con un sexto de tono, técnica que no se utilizó hasta el siglo XX- y esto enlaza con la última pieza que inicialmente había sido programada para terminar el concierto, de Bassano. Pero, finalmente, el objetivo de Cubarsi era "reconectar con el público de aquí", acompañada de su hermana en un recital muy emotivo que quería re-crear comunidad.
 
El primer autor que abordó fue el bohemio H.I.Biber, nacido en 1644 en Wartenberg, que acabó sus 15 Sonatas del Rosario en Salzburgo, dedicadas al arzobispo Maximilian Gandolph von Khuenburg. Cada sonata está ligada a uno de los temas del Rosario, organizándose así: cinco para los misterios del gozo, cinco para los del dolor y cinco para los de la gloria. Cubarsi escogió la nº 6 en Do menor: "Cristo en el monte de los olivos", de una gran profundidad y gravedad, al tiempo que rezuma gran lirismo y esperanza, la núm. 2 en La mayor: "La visitación", que es mucho más florida y llena de vivacidad, con unas modulaciones que la enriquecen mucho, y la núm. 10ª Sol menor: "La crucifixión", que transmite todo el llanto por el dolor de Cristo con grandes giros melódicos, aunque también deja entrever la resurrección con los pasajes en mayor.
 
El ciclo completo de 15 sonatas fue pensado y escrito para diversas afinaciones de las cuerdas del violín que difieren de la tradicional por quintas, técnica llamada scordatura. Para tocar el ciclo entero en un solo concierto se necesitan hasta tres violines, que se van alternando dependiendo de la scordatura. Para el concierto de anoche, Cubarsi adaptó las que interpretó para violín solo (tocadas con violín y arco barrocos, y cuerdas de tripa), con la idea de que se pudieran tocar una detrás de la otra sin tener que cambiar de instrumento. Entre cada sonata afinó con una nota-pedal al estilo tambura india, que la ayudaron a sincronizar con la nueva afinación más rápidamente y hacer tiempo para que las cuerdas se acostumbraran a la nueva tensión. Cubarsi hizo una ejecución pulcra y dotando cada sonata del carácter que requería.
 
La simplicidad de la parte escrita por el bajo acompañante, según Cubarsi, habría permitido a Biber tocar las sonatas de violín acompañándose a sí mismo con el órgano en los pies. Esta fue la inspiración de Cubarsi para escribir la serie Exvoto, que debe su nombre a los objetos religiosos que se encuentran con una función votiva a lo largo de la historia de muchas culturas antiguas. En la serie destaca la presencia del cencerro, que Cubarsi se cuelga en los brazos, y la manera de conectar el sentido -a la vez animal y religioso- de las campanas es la microtonalidad. Además, las piezas están compuestas con técnicas electrónicas que convierten en radical y moderno lo más antiguo. Exvoto III (o seis trasfondo), de 2017, con arreglo de 2018, es la cuarta pieza de la serie, y despierta un estado meditativo que de pronto se turba a través de gestos punzantes y la constante disonancia a la que, por muy receptivos que estamos, nos cuesta acostumbrarnos a ella, porque siempre incorpora algún elemento nuevo que nos hace transformar el alma a cada instante. Es el sentido último del arte, transfigurar el espectador, y la música es -no sólo porque lo haya afirmado Schopenhauer, el filósofo de la voluntad- el arte más sublime porque connota las otras disciplinas con su capacidad envolvente y catártica.
 
En la segunda parte del concierto, Sara Cubarsi interpretó una obra estridente, trepidante y complejísima de Salvatore Sciarrino, el Cappricio núm. 4: volubile los 6 Capricci para violino, que se manifestó como un chillido en la silenciosa sala. Sciarrino, que dedicó la obra a Salvatore Accardo, es un compositor que juega con sonoridades aisladas, silencios frecuentes y el uso de la cita irónica. Cubarsi mostró un gran dominio de las técnicas no convencionales y emitió un sonido dinámico y pulcro, al tiempo que reguló sabiamente las resonancias propias de una pieza clave para la literatura de violín del siglo XX.
 
Por su parte, Kent Olofsson es un compositor sueco -aunque poco conocido- que presenta una obra muy ecléctica que maneja variedad de estilos y formas, desde el rock alternativo, la música electroacústica hasta obras con instrumentos antiguos. Cubarsi interpretó una obra llena de metasignificados: la manifestación sonora de la interpretación de un sueño con el diablo, Il sogno di Tartini, aterradora y minimalista pero a la vez llena de trinos, armónicos y distorsiones microtonales, con material pregrabado, donde se escuchan fragmentos alterados y modificados electrónicamente de la Sonata "El trino del diablo" tocados por Bodil Rorbech. Parecía que el compositor hubiera soñado en el verdadero diablo de Giuseppe Tartini, compositor que, tras la experiencia de una noche en la que imaginaba que el diablo lo poseía, escribió Sonata del Diavolo en Sol menor.
 
Si la obra de Olofsson es del 2000 y se basaba en una de 1713, la última pieza del programa inicial -que finalmente no se interpretó- era Ricercata Cuarta, de 1585, de Giovanni Bassano, compositor italiano de la escuela veneciana que compone entre el último Renacimiento y el primer Barroco. La obra, con carácter didáctico, fue escrita bajo la tutela de Giovanni Gabrieli y deja entrever todo el virtuosismo barroco que ocurriría. Está escrita para cualquier instrumento melódico, y demuestra que una parte vocal se puede volver instrumental. Destacan las secciones diferenciadas por cadencias o passaggi. La belleza de la pieza, estoy segura, hubiera enamorado los presentes por su poder hipnótico y encantador a través de una interpretación llena de pasión y gran elegancia por parte de Cubarsi.
 
Pero el concierto se acabó con un dúo muy especial. Como propina, las hermanas Sara y Violeta Cubarsi interpretaron las Follies de España de Gignon. La potencia de las dos Cubarsi deslumbró al auditorio con la demostración de una técnica pulida y trabajada, un talento innato y una compenetración difícil de encontrar en otros artistas.


Fotos: Sara Cubarsi, Violeta Cubarsi

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