Conciertos

Resiliencia y pasión al último El Primer Palau

Miércoles 24 Octubre 2018

Este lunes día 22 de octubre ha tenido lugar el último concierto del ciclo-concurso El Primer Palau con Bernat Prat al violín interpretando Bach y Adrián Díaz Martínez, trompa, que, con Ikuko Odai, interpretó Vignery, R. Strauss y Bowen.
 

Era una velada especial. Tras tres lunes seguidos escuchando a jóvenes talentos que inician una -esperemos- larga y exitosa carrera "haciendo un Palau" llegaban las últimas propuestas, en este caso, de dos instrumentos muy demandantes que requieren especial paciencia, esfuerzo y dedicación. Porque el violín y la trompa -este último, sobre todo- son instrumentos que tienes que trabajar mucho antes de poder disfrutar plenamente de un sonido ufano y bello, redondo y de emisión clara. Además, ambas intervenciones tenían en común la necesidad de resiliencia, en el primer caso, el de Bernat Prat, por la duración de la obra y su virtuosismo y, en el segundo, con Adrián Díaz Martínez, por las exigencias de las páginas y el poco descanso que podía tener el instrumentista entre intervención e intervención. De hecho, antes de atacar la última pieza de Bowen, Díaz encontró un momento robado entre aplausos para hacer descansar el labio. El resultado fue un concierto contrastado estilísticamente, con obras del Barroco y de contemporáneas, que representaban muy bien el espíritu de cada instrumento.


 
Bernat Prat lo apostó todo en una sola carta, y acertó. Tal y como explica en nuestro podcast, "tenía ganas de tocar el violín solo", acostumbrado a hacerlo asiduamente en cámara con su Cosmos Quartet que comparte con Helena Satué (violín), Lara Fernández (viola) y Oriol Prat (cello), una formación que se está desarrollando de manera ascendente y ya en ámbitos muy profesionales. En realidad, la suite para solo es un género principalmente clavecinístico pero que tuvo eco en otros instrumentos como el violín. En la Partita para violín solo núm. 2, BWV 1004, Bach vertió toda su sapiencia sobre el instrumento generando una página llena de virtuosismo, contrastes y gran belleza que Bernat Prat defendió muy bien. Tal vez con ciertas impurezas sonoras en el Allemande que se resolvieron rápidamente. El instrumento emitía un sonido opaco y seco, muy apropiado para esta obra que, por otra parte, puede lucir mucho con un violín brillante, pero también queda la magia de la sonoridad antigua. La Corrente es un viaje por diferentes colores lleno de agilidades que se calmaban a la Sarabanda, donde los detalles se podían evidenciar más, como si pusiéramos una lupa al sonido y el viéramos aumentado, pero sin amaneramientos ni preciosismos. Demostró un gran dominio de las dobles notas y, especialmente en la Giga, gran dominio técnico que, por otra parte, contrastaban con unos reguladores más planes debidos, tal vez, a la velocidad de la pieza. La Chaconne final es el movimiento más conocido y celebrado, y Prat el explicó maravillosamente, pasando por diferentes texturas y secuencias sonoras, siendo extremadamente claro en la zona aguda y emitiendo unos arpegios muy líricos.
 
En la segunda parte apareció el trompa Adrián Díaz Martínez acompañado de Ikuko Odai al piano que, a pesar de estar en segundo término en este concierto, soltó su carácter y talento para interpretar conjuntamente Vignery, Strauss y Bowen. La sensación general es que Adrián Díaz disfrutaba mucho con este repertorio contemporáneo, tan rico en sonoridades y técnicas más o menos avanzadas, con una estética más bien post-romántica y algunos toques de modernidad. La Sonata para trompa y piano de la compositora belga Jane Vignery (1913-1974) navegaba sonoramente sin adscribirse a una estética concreta, quizá, más bien con aires impresionistas por la escritura pianística y deja el lucimiento por los graves de la trompa, cálidos y sólidos, que se contraponían a agudos bien colocados, con mucho cuerpo. Así, el Allegro amable se precipita bruscamente hacia Lento ma non troppo, emotivo y lírico, de sonido expansivo para ambos instrumentos. Presenta aires más modernos, con un final de pedal bruto que resonó muy bello. El Allegro bien moderato sonó brillante, con contrastes de piano y forte y con grandes cambios de dinámicas por su aire de danza tan inspirado.
 
El Andante para trompa y piano (TRV 155) de Richard Strauss (1864-1949) es una pieza icónica de la literatura para trompa. El compositor la escribió como regalo para el aniversario de boda de sus padres. Es una obra muy melódica, con sonido generoso y amable, que despierta ternura y emotividad, sin ningún rastro de cursilería. Sonó sin fisuras, aparentemente fácil, pero que esconde grandes dificultades para el trompa.
 
Finalmente, en la Sonata para trompa y piano, op. 101 de York Bowen (1884-1961), Díaz tuvo que superar varias dificultades técnicas y cambios de registros en un Moderato espressivo amable sin tensiones armónicas extremas que sí se evidenciaron más en el Poco lento maestoso, de aire muy inglés, graves contundentes y afinación muy correcta que se mantuvo durante toda la pieza, que culminaba con un exigente Allegro con spirito que despedía una velada de lujo con dos grandes repertorios y dos grandes candidatos al premio.
 
Pero El Primer Palau no se ha acabado, martes 27 de noviembre a las 20 horas, la soprano Mercedes Gancedo, ganadora del Premi El Primer Palau 2017, acompañada de Beatriz Miralles al piano, interpretará obras de Fauré, Debussy, Nakada, Strauss, Schumann, Wolf, Montsalvatge y Bernstein. Será en esta ocasión que se darán los premios a los galardonados de esta temporada. Mucha suerte a todos, nos reencontraremos en el Palau!

Fotos: Bernat Prat, Adrián Díaz

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