Conciertos

La sinestesia apoteósica de Bernstein

Domingo 28 Octubre 2018

El 26, 27 y 28 de octubre, a los dos años de interpretar la Misa de Leonard Bernstein, la OBC vuelve a traer a la Sala Pau Casals de L’Auditori esta obra monumental coincidiendo con el centenario del nacimiento del compositor norteamericano.

Este 2018, L’Auditori de Barcelona está respirando Bernstein por todos lados: comenzaba el año con la interpretación de la banda sonora de West Side Story y la acabará con una recopilación de fragmentos de sus obras más conocidas. En medio de todo ello; una misa. La Misa (de Bernstein). Si bien una misa practicada en un espacio religioso puede tener una función de congregación, de comunión, de práctica de un ritual... qué función puede tener dentro un auditorio? Y, aún más, qué función puede tener una misa que engloba estilos tan diferentes como el rock, el jazz o la música sinfónica, pasando por melodías gregorianas o declamaciones sin entonar?
 
Bernstein nos rompe todos los esquemas y prejuicios con una obra musical que nos quiere sacudir con fuerza y, al mismo tiempo, atraparnos desde el primer momento; y por supuesto que lo consigue! Hemos tenido la suerte de que dos orquestas (la Orquestra Simfònica de Barcelona y Nacional de Catalunya y la Orquesta Simfònica de l’ESMUC) y cuatro coros (el Cor Madrigal, el Cor Lieder Cámara, el Cor de Teatre i Veus - Cor Infantil Amics de la Unió) han reunido esfuerzos para transmitir esta fuerza magnética con una gran destreza musical y un muy buen conocimiento de qué rol tocaba jugar a cada uno.
 
Así, aprovechando que este año L’Auditori propone el binomio «Música y Artes plásticas», el escenario que estaba lleno a rebosar y, de hecho, se alargaba hasta las butacas del lateral, se convertía en un cuadro pintado de colores muy diversos y estilos diferentes. Como si se tratara de una pintura de Picasso que resume todos sus períodos en uno solo, esta «obra de teatro para cantantes, intérpretes y bailarines» (de hecho, no había bailarines) transportó a los espectadores por una galería de colores. Después de más de 15 minutos de espera por algún problema logístico, un inicio con música grabada provocó un efecto de incomodidad entre el público, de extrañamiento e incluso de incomprensión, un efecto que seguramente no habría desagradado al compositor si tenemos en cuenta la voluntad de romper todo dogma y frontera que supone esta obra. Sobre este fondo gris y como si fuera una capa de terciopelo, el barítono Willian Dazeley nos abría paso a una ceremonia particular con "Una canción sencilla”; no fue precisamente sencillo su papel como Celebrando pero lo resolvió con una muy buena ejecución tanto a nivel musical como teatral a lo largo de todo el concierto. Yendo de un lado a otro del escenario, cantó a capella, bailó arriba de una silla, tocó el teclado y pasó del canto gregoriano más tradicional al lamento teatral más desesperado.
 
Sobre este fondo más bien melancólico al principio, la energía y vitalidad del Cor de Teatre supusieron, sin duda, unas notas de color del Bernstein más conocido - el de teatro musical - que encajaban y dialogaban con los otros estilos con una gran naturalidad y coherencia. Demostraron lo largo de las dos horas de concierto que tienen una plantilla formada de solistas valientes que, salvando algunos pequeños momentos, destacaron en todas las intervenciones: «And it was good, brother!». Del mismo modo Veus - Cor Infantil Amics de la Unió pintó su parte de la tela con un sonido blanco y transparente, brillante y con una gran presencia, a pesar de estar situados en el lateral. Finalmente, el Cor Madrigal y el Cor Lieder Camera llenaban de un color maduro y homogéneo toda la sala; representaban el estilo más formal de este cuadro sonoro y ayudaban a dibujar y entender los puentes que nos estaba proponiendo el compositor estadounidense. Junto con el resto de coros y debido a la gran cantidad de personas que sumaban todos los cantores, hubo momentos que fueron realmente impactantes, como un «Agnus Dei» totalmente apoteósico. Por último, no podemos pasar por alto las dos intervenciones de Mateu Ribó; con poco más de 13 años ejecutó un papel de solista que no tuvo nada que envidiar al resto de músicos del escenario. Su color, claro y preciso, terminó de redondear toda la paleta.
 
Las diferentes tonalidades de voces de los coros se sostenían sobre una estructura impresionante de más de 100 músicos, entre los que también instrumentos de moderna. Las dos orquestas, la OBC y la de la ESMUC, funcionaban como una sola: un reloj sinfónico que a la vez sabía ser expresivo en los momentos de mayor protagonismo y mostrarse en un segundo plano cuando tenía que acompañar a los coros. Era realmente agradecido ver gente joven en el escenario - los estudiantes de la ESMUC - trabajando codo a codo con músicos consolidados como son los intérpretes que forman la OBC, una convivencia entre generaciones que no se veía reflejada en el patio de butacas, donde aún cuesta mucho que baje la media de edad. Todos estos intérpretes tocaban bajo la solicitada batuta de Clark Rundell, experto en música contemporánea y director invitado para esta ocasión, que volverá a dirigir la OBC el próximo 9 de noviembre en L’Auditori.
 
Esta Misa en mayúsculas es un despertar rebelde que nos remueve como espectadores de una manera muy necesaria aún hoy en día. Por eso sigue conectando con todos los públicos; porque traduce el lenguaje de la música unas inquietudes que son transversales y universales. Al principio nos preguntábamos qué función puede tener una obra como esta: la que debería tener cualquier cuadro y cualquier obra de arte, la de provocar un cambio en aquellos que la escuchan, que la miran, que la reciben. «The Mass is ended; go in peace ».




Fotos: Leonard Bernstein
 

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