Conciertos

La fuerza del Volga en la Kàtia Kabanova del Liceu

Jueves 1 Noviembre 2018

El mundo interior perturbado de Kàtia Kabanova, de Leoš Janáček, invade el Gran Teatre del Liceu del 8 al 22 de noviembre, en 6 funciones ejecutadas por un único cast encabezado por la soprano Patricia Racette. La producción de David Alden, que subraya el totalitarismo soviético, estará dirigida por el maestro Josep Pons.

Este mes de noviembre nos adentraremos en una de las grandes obras de Leoš Janáček, el drama psicológico Kàtia Kabanova, primera ópera de madurez del compositor de Moravia. Janáček persiguió siempre dos objetivos: la autoexpresión y la reivindicación de los rasgos propios de su pueblo en contraposición al hipertrófico Imperio austrohúngaro al que estaba sometido.

A lo largo de su vida creativa fue explorando caminos estéticos diversos hasta pasados ​​los 50 años de edad, que emitiría una voz poderosa y auténtica -y muy prolífica-, síntesis de una formación germánica y el interés ferviente por sus raíces y el paneslavismo para crear un lenguaje musical original y moderno.

Pero en la música de Janáček, en especial la ópera, reconocemos un fuerte componente expresionista y, podríamos decir, un "verismo checo". Y, por otra parte, un manifiesto interés en la fonética de la lengua checa, que construye unas frases que están entre el cantado y el hablado y que favorecen un discurso rítmico muy rico y lleno de maravillosas irregularidades. Es un lenguaje muy vivo, que interpela, acompañado de una orquesta de gran personalidad que dialoga con los personajes, se hace preguntas y se las responde.

Kàtia Kabanova, con texto del mismo autor sobre el drama La tormenta del escritor ruso Aleksandr Ostrovski (1823-1886), es una obra capital de la literatura eslava. Katia es uno de los grandes personajes femeninos de la historia de la ópera, que vive en un sofocante entorno de mujeres asfixiadas y oprimidas por una sociedad provinciana, convencional y cerrada de Kalinov. Allí, los anhelos de libertad y de sexualidad reprimidos de Kàtia quedan aniquilados por la intolerancia y el oscurantismo que le rodean acentuados, sobre todo, por la ominosa y castrando figura de su suegra Marfa Kabanova y de la inquietante presencia de los elementos naturales detestados, representados en la tormenta desencadenada y la fuerza purificadora del río Volga donde se precipita el trágico y premonitorio final.

La acción se sitúa orillas del río Volga, en la década de 1860. La apertura se inicia muy lírica, en tono menor, con una orquestación muy colorida y con interesantes giros melódicos hasta que todo se precipita. Janáček introduce aspectos folklóricos con las castañuelas y después la música se vuelve tremendista, con una percusión muy activa. Finalmente, todo se calma en un pasaje expansivo.

Vania, en una exaltación de la naturaleza y con la omnipresencia del Volga, pide a Boris por qué tiene que aguantar su tío. El chico le dice que el hombre gestiona su fortuna, pero tiene la sensación de que está desperdiciando su juventud y confiesa estar enamorado de una mujer casada, Katia, la mujer de Tikhon Kabanova. Cuando aparece Katia, la música se vuelve lírica y hermosa, después de un fragmento muy articulado por la palabra y los gestos de la orquesta, siempre libre pero, al mismo tiempo, atento de lo que pasa en el escenario. Marfa Kabanova se queja de que su hijo hace más caso a su mujer Kàtia que a ella, y sus celos lo empuja a tratar a Kàtia de manera totalmente despectiva. Bárbara, la hijastra de la familia, la defiende.

Llega el interludio, que alterna una música oscura de línea descendente con un momento de expansión lírica que desemboca en la escena segunda, con el aria donde Kàtia se pregunta por qué las seres humanos no pueden volar como los pájaros, con una magnífica recreación que hace aflorar diversos matices de su compleja personalidad. Kàtia explica a Bárbara su infeliz infancia y el anhelo de encontrar un hombre que la quiera de verdad, pero se siente culpable por este hecho. Tikhon entra para despedirse ya que tiene que hacer negocios, empujado por la madre.

En el acto segundo, Marfa reprocha a Kàtia que no esté más triste por la ausencia de su marido. Cuando la suegra se marcha, Bárbara la empuja a encontrarse con el joven Boris. A pesar del tormento, Kàtia cae en la tentación. Aparece un pequeño interludio con música muy viva y llena de colores y, después, Vania canta una canción tradicional eslava con tono alegre mientras espera su amada Bárbara. A continuación llega Boris, confesando el amor por una mujer casada con quien se ha de encontrar. Es Kàtia, que llega con Bárbara. Los amantes emparejan pero Katia, al principio, ofrece resistencia, se siente atormentada por las consecuencias personales y sociales que le puede reportar una aventura. Ella le confiesa que "tu eres mi vida", pero, justamente por eso, quisiera morir. "¿Por qué morir, si la vida es tan maravillosa?", Se pregunta él; pero para la mujer de Kabanova, "a partir de ahora, para mí, la vida será imposible!". Finalmente, la chica se deja llevar por sus sentimientos verdaderos y el dúo de amor continúa de manera maravillosa. Pasada la noche, Bárbara y Kàtia vuelven a casa, esta última, agitada por el remordimiento.

Las fuerzas de la naturaleza se desplegarán de forma trágica al tercer acto. Llega Kàtia, atormentada y llena de angustia, lo que preocupa gravemente a Bárbara. Confiesa su infidelidad a Tiknón, en un estado de querer morir, y, con este deseo, el temporal empeora dramáticamente y la chica corre hacia la tormenta. Ya todo el mundo conoce su aventura con Boris y es fuertemente criticada. Sin embargo, buscan la desaparecida.

Vania y Bárbara deciden huir a Moscú, y pronto reaparece Kàtia, porque quiere abrazar por última vez a Boris. Él llega y exclama su nombre y estallan ambos de amor. Boris tiene que ir a Siberia, solo. El coro canta una "o" emulando el Volga que la llamada, y ella se tira. Su marido Tikhon se quiere tirar al río para salvarla, pero su malvada madre se lo impide y él la culpa del suicidio de Katia. Dejan su cuerpo en el suelo y el marido llama de pena, mientras la madre, sin ningún tipo de emoción, agradece a los transeúntes -o, a la audiencia- su ayuda.

Kàtia Kabanova será recreada por David Alden en el Liceu a través del naturalismo plástico y los referentes visuales del totalitarismo soviético para retratar una sociedad que va en contra del individuo libre y establece relaciones tóxicas y jerárquicas remarcadas por la escenografía de Charles Edwards.

Esta producción de la English National Opera (Londres) irá dirigida por la firme batua del siempre inspirado maestro Josep Pons al frente de la Orquestra del Gran Teatre del Liceu y su coro, a las órdenes de Conxita Garcia. La soprano estadounidense Patricia Racette, con graves sólidos y cálidos y agudos bien colocados, es una intérprete de referencia del papel titular de esta obra maestra, que encarnará al personaje de Katerina (Kàtia) Kabanova.

La consistente mezzo Rosie Aldridge será Marfa Ignàtievna Kabanova, un siempre fiable Francisco Vas se enfrentará al papel de tenor de Tikhon Ivànitx Kabanova, mientras que el también tenor de voz expansiva Nikolai Schukoff será Boris Grigórievitx, y la mezzo de gran fraseo Michaela Selinger será la cándida Varvara. Los papeles menores irán a cargo de Aleksander Teligi (Saviol Prokófievitx Diko) y personajes de casa como Josep-Ramon Olivé (Kuliguin) -que reincide después de ser Maximilian en Candide-, Mireia Pintó (Glaixa) y Marisa Martins (Fekluixa).
 
 
Fotos: Kàtia Kabànova (Gran Teatre del Liceu)
 
 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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