Conciertos

Synths, o la complejidad del sonido

Martes 6 Noviembre 2018

El pasado sábado la Fabra i Coats se convirtió en una auténtica fábrica de sonidos, con la presencia de tres figuras de los sintetizadores analógicos que ofrecieron un intenso concierto, coproducido por las Sampler Series de L’Auditori, y el ciclo OUT.SIDE de músicas inusuales.

El sonido, como fenómeno físico, es bien simple: no es más que la vibración de las partículas de un medio. Si el número de vibraciones por segundo es regular, entonces podemos identificar un tono -una nota musical-, que será diferente según sea este número. Ahora bien -y aquí comienza la complejidad-, si dos vibraciones se solapan pueden dar lugar a ricos fenómenos de interferencia que resultan, por ejemplo, en la diferenciación tímbrica de los instrumentos musicales, o en la diferencia de sonido de una misma cuerda frotada, pulsada o percutida. Si los instrumentos acústicos representan una amplia muestra de esta complejidad, los sintetizadores analógicos -que permiten manipular señales eléctricas que posteriormente se convertirán en vibraciones sonoras- nos revelan la verdadera infinidad de posibilidades que se ofrecen a los músicos que quieren experimentar con los sonidos y su percepción. El concierto que las Sampler Series, en coproducción con OUT.SIDE, ofrecieron en la Fabra i Coats fue un magnífico cata de estas posibilidades, gracias a la participación de tres artistas con estilos muy personales.
 
El alemán Thomas Lehn fue el encargado de empezar, y lo hizo con una sesión de carácter experimental, de concepción constructiva, sin grandes volúmenes y centrada en los pequeños detalles. De forma aparentemente caprichosa, como si estuviera jugando por primera vez con su inseparable EMS Synthi A, Lehn exploraba durante largo rato una amplia paleta de sonidos y efectos hasta que, en un momento dado, los elementos hasta entonces inconexos aliaban para formar complejos patrones rítmicos y sonoridades fluctuantes.
 
El siguiente en subir al escenario fue Thomas Ankersmit, que introdujo el procesamiento digital de sonido como complemento al sintetizador, en su caso un Serge Modular. El holandés apostó por una mayor potencia sonora -sobre todo en los bajos-, un componente melódico más definido y, sobre todo, por la creación de sonoridades complejas con diferentes capas que, a partir de la interferencia de sus señales, producían una sensación de movilidad. Un elemento sorprendente fue la interacción entre el sonido de una caja de música y las sonoridades del sintetizador, que hacía el inquietante efecto de una superposición sonora de dos realidades diferentes.
 
Keith Fullerton Whitman completó con contundencia la noche, con un sesión que llevaba al extremo la combinación de elementos melódicos y masas sonoras, así como también los decibelios. En contraposición a las sonoridades dinámicas de Ankersmit, las de Whitman eran más estáticas, con largos fragmentos de impactantes drones que llevaban al límite el equilibrio de la estructura y hacían destacar aún más los momentos de melodía vertiginosa con los que se alternaban.

Fotos: Thomas Lehn (portada), synths L'Auditori (Ariele Monti)

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