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Se puede actualizar el arte con estereotipos?

Sábado 17 Noviembre 2018

Desde el caso de Harvey Weinstein al de Lluís Pasqual, las reivindicaciones de derechos en el mundo del espectáculo han vivido recientemente un punto álgido, con la creación de movimientos como el #MeToo. El segundo Foro Barcelona Clásica, celebrado el pasado 14 de noviembre en el Club Wagner, puso sobre la mesa una cuestión candente: ¿cómo se debe representar actualmente una obra con estereotipos machistas, racistas u homófobos? Se deben seguir representando como siempre, o se debe evitar de alguna manera que la obra siga perpetuando estos prejuicios? Todo esto se discutió, no sin disparidad de opiniones, con la moderación de Aina Vega y la presencia de Elio Ronco, Mar Medinyà y Albert Ferrer Flamarich.

"El arte siempre es político", recuerda Aina Vega, poniéndonos en situación. Las edificaciones y estatuas de las primeras sociedades organizadas de la historia fueron construidas por el poder imperante. En la Edad Media la iglesia católica se estableció como institución de poder, y era quien promovía las grandes obras de arte. No es hasta la Edad Moderna que el artista rompe con el poder (recordemos, por ejemplo, el Salon des Refuseés de París en 1863).
Mar Medinyà, violonchelista y crítica musical, asegura: "Es evidente que como sociedad no tenemos un filtro crítico", ya que cada día consumimos productos, publicidad, y espectáculos rellenos de estereotipos. Y tendemos a pensar que el arte que es de otra época no influye nuestra visión del mundo actual, pero "todo lo que vemos se convierte en un referente para nosotros". Así pues, como no tenemos la capacidad de separar el arte de la vida, por Medinyà son las instituciones las que deben responsabilizarse y establecer un filtro a la programación. Que el programa de mano de la ópera Carmen, por ejemplo, se explique que la obra trata la violencia machista, ya que la protagonista acaba asesinada por un hombre que no soporta verla enamorada de otro.
Varias voces discrepan. Una señora entre el público exclama que no quiere un libro de instrucciones paternalista que le diga cómo debe interpretar una obra de arte. "Si lo «políticamente correcto» se establece en el arte, tenemos un problema", exclama. El crítico Albert Ferrer Flamarich también se pregunta si es buena idea que sean las instituciones las que establezcan un filtro, "teniendo en cuenta la política que tenemos y los intereses que hay detrás". Además, Flamarich piensa que la ficción nos distancia de las acciones que vemos, y suaviza el impacto que nos causan las escenas. En cambio, el musicólogo Elio Ronco, afirma: "Creer que no nos impacta la ficción es un error". Stalin lo tenía muy claro cuando llamaba a los escritores "ingenieros de almas humanas". Y la música y el espectáculo "nos pueden distraer por lo que creemos que no nos afecta lo que se cuenta, pero es un hecho que sí".
Medinyà insiste en que "de la misma manera que hoy las salas están más condicionadas que los antiguos teatros, exijo como público que lo que vemos esté actualizado". En Florencia se representó una versión de la ópera de Bizet donde era Carmen quien mataba Don José, y no al revés. Por Medinyà, esto sirve para crear un debate social, para preguntarnos por qué se ha de autodefenderse Carmen. Aina Vega coincide en que las obras se pueden actualizar, pero señala la importancia de "la coherencia artística, tanto de la obra en sí como en su relación con el autor". A pesar de las discrepancias, todos los ponentes ponen en valor la enorme necesidad de visión crítica en el público. Vega señala que, si esto falta, lo único que haremos es "consumir contenidos sin ningún filtro".

Fotos: Fòrum Barcelona Clàssica. Ivet Armengol

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