Conciertos

Una 'Novena' exultante en el Palau

Martes 27 Noviembre 2018

La temporada de BCN Clàssics en el Palau nos ofreció un concierto con un programa del todo encomiable que combinaba Toldrà y Beethoven, uno de los mejores compositores del país, y uno de los mejores de la historia. Los protagonistas fueron la Orquesta de Cadaqués, dirigida magistralmente por el polaco Antoni Wit. El programa incluía la inmortal Novena, y hay que decir que fue un éxito arrollador.

No es habitual escuchar la música de Toldrà en los auditorios, algo del todo inmerecida. El compositor catalán tiene obras, como la Suite en mi, que interpretó la Orquesta de Cadaqués, que son del todo homologables a partituras de compositores coetáneos de latitudes septentrionales. La Suite en mi, que podría ser una sinfonía, dados sus cuatro movimientos diferenciados, es una obra donde Toldrà hace jugar con acierto cada instrumento para crear una obra luminosa, cálida y colorida.

Antoni Wit se reivindicó como un gran director ya desde la Suite en mi, pero su destreza afloró especialmente en la Novena de Beethoven. Desde el Allegro ma non troppo inicial, imprimió un ritmo rápido y decidido que la orquesta siguió sin muchos problemas. Todas las secciones respondían con solvencia y de manera acompasada. Las entradas que daba Wit eran del todo claras y demostró en todo momento un control férreo de la masa instrumental. Quizá lo único que se podría objetar al brio de Wit es un sonido algo seco, pero que en ningún caso quitó lirismo la ejecución.

Es especialmente difícil el Adagio molto e cantabile, en la que el viento madera tiene un papel preponderante al principio. Ejecuta frases largas que quedan casi en suspensión, en una combinación sutil y delicada con la cuerda. Se trata de un Adagio tan etéreo y tan frágil que parece que se tenga que romper, pero que de hecho, debe envolver al oyente con la seda más refinada. Antoni Wit consiguió un buen equilibrio tímbrico entre ambas secciones para que sonaran bien engranadas y en armonía, con una madera que sonaba contenida y una cuerda que destacaba por su lirismo expresivo. A pesar de tener entidad propia, este Adagio no se puede dejar de percibir como el preludio del movimiento más célebre de la Novena, el último, que contiene el Himno a la alegría, un texto de Friedrich Schiller que con la música de Beethoven ha quedado inmortalizado como himno de la Unión Europea.

El Presto - Allegro assai - Allegro assai vivace contó, no sólo con la Orquesta de Cadaqués, sino con la suma de los coros Lieder Camera y Anton Bruckner, y con cuatro solistas vocales que, extrañamente, aparecieron a toda prisa justo antes de la primera intervención del bajo, que cuando empezó a cantar aún no estaba situado en sitio. La soprano Christiane Libor, la mezzo Olesya Petrova, el tenor Timothy Richards y el bajo Stephan Klemm resultaron de lo más convincentes para una obra dura con las voces -Beethoven, al igual que Bach, trata la voz como un instrumento más, sin compasión. Destacaron la soprano, en una tesitura muy aguda y debiendo sobrepasar orquesta y coro, y la mezzo, que exhibió una voz grave, generosa y aterciopelada, idónea para una Amneris o una Azucena. La Novena contó también con el fruto de la labor de Josep Vila y Julia Sesé, directores de los coros Lieder Camera y Anton Bruckner, respectivamente.

El concierto fue un éxito, especialmente por el arte y la maestría de Antoni Wit, un director experimentado y veterano que supo sacar lo mejor de la Orquesta de Cadaqués para ofrecernos un programa contrastado y muy atractivo.

Fotos: Antoni Wit, Orquestra de Cadaqués

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