I Puritani
Conciertos

I hate music, but I like to sing!

Miércoles 28 Noviembre 2018

Este martes 27 de noviembre ha tenido lugar la clausura del ciclo-concurso El Primer Palau con un ecléctico recital de la soprano ganadora de la última edición, Mercedes Gancedo, acompañada de su fiel pianista Beatriz Miralles. La velada comenzó solemne con la entrega de premios a Joan Seguí Mercadal (Primer Premio), el Trío Ramales, Bernat Prat y el Duo Vallès-Vera. Aquí podéis consultar los detalles.
 


No, tranquilos. Mercedes Gancedo no odia la música, pero tiene una personalidad escénica tan ponderosa que, si se lo propone, nos lo podríamos llegar a creer. Esta amante del canto y la palabra, que comenzó a despuntar a los 13 años, se ha forjado una carrera sólida, "a fuego lento", suscribiendo palabras de Toni Colomer y la propia artista. "Puede parecer que todo va muy rápido, desde fuera, pero yo controlo los tempos, y no quiero correr", afirmaba el otro día en una entrevista que pueden consultar aquí. Quizás no quiere ir deprisa, pero su trayectoria se está disparando. Ya ha actuado en los principales festivales y salas de conciertos de Cataluña y su versatilidad la hace excelsa tanto en el terreno operístico (Amics de l’Òpera de Sabadell, Gran Teatre del Liceu) como en el liederístico (Schubertíada de Vilabertran, LIFE Victoria, Palau de la Música, L'Auditori). El recital de El Primer Palau 2017 fue una buena muestra de esta última vertiente, como lo volvió a ser el martes, ofreciendo unos platos exquisitos que combinan sabores viajando por diferentes países de occidente y de oriente. Mélodie, lied, canción catalana, japonesa y sonidos del judío neoyorquino más celebrado este año, en un recital que tuvo una primera parte más convencional para volverse hilarante a la segunda. Podemos decir con Seguridad que Mercedes Gancedo y Beatriz Miralles no tienen vergüenza.
 
La voz joven pero sólida de Gancedo hizo aflorar mil matices a lo largo de la velada, siendo especialmente bella en los graves, solvente en el centro y brillante en los agudos, sin caer en las estridencias ni los vibratos gratuitos. Siempre con una proyección estimable, afinación excelente, dicción clara y precisa y un dominio insultante de los reguladores, su interpretación nos hizo pasar por estadios de melancolía, alegría, tristeza, buen humor, sensualidad, sorpresa y aturdimiento. La soprano argentina encarnó las piezas que cantaba, desde un Fauré sutil y de línea impoluta (Le secret), un Debussy envolvente pero, al mismo tiempo, de una claridad exquisita, con un piano muy impresionista (Beau soir y C’est l’extase), un maravillosamente delicado Yoshinao Nakada (Sakura Yokocyo) -inteligente guiño a los patrocinadores, Mitsubishi Electric- pasando por un denso y espiritual Richard Strauss (Allerseeelen y Zueignung), de armonías densas y línea vocal más demandante en cuanto a volumen, o la intimidad de Schumann (Sehnsucht) y todos los colores y texturas de Hugo Wolf (Kennst du das Land wo die Zitronen blühn), hasta llegar a unas desinhibidas Cinco canciones negras, de Xavier Montsalvatge, llenas de carácter, sensualidad y soltura, con maravillosas inflexiones vocales.
 
La segunda parte estaba dedicada íntegramente a Leonard Bernstein, compositor que Gancedo y Miralles conocen muy bien, en parte, gracias a su disco Cooking America!. Sorprendió que, por una segunda parte de 15 minutos, hubiera pausa, pero todo tiene un por qué: las dos artistas aparecieron en el escenario disfrazadas, una de muñeca y la otra de bailarina, para ponerse en el papel de Barbara de I hate music!, un divertido ciclo de canciones para niños del que interpretaron cuatro. Bernstein lo escribió para Edys Merril, una artista y compañera de piso del años 40' que estaba cansada del coaching que el compositor ofrecía a cantantes de toda condición, exclamando constantemente: "Odio la música!". La interpretación de Gancedo fue irónica, divertida, sin caer en la caricatura y con mucha personalidad. Para cerrar, las artistas escogieron las cuatro recetas para voz y piano de La bonne cuisine, interpretadas, contra todo pronóstico, en inglés. Este libro culinario de Emile Dumont musicado y con textos versionados por Leonard Bernstein fue el ingrediente perfecto para terminar de saborear un segundo plato lleno de magia. Antes de irnos, sin embargo, los postres: una preciosa interpretación de La canción del árbol del olvido.
 
Hay que constatar, sin embargo, que el público que había en el Palau anoche parecía no conocer del todo las normas no escritas del lied: se aplaudió a todas y cada una de las intervenciones de Gancedo y Miralles, y eso hizo tambalear el tempo del concierto, concebido con crescendi y decrescendi de tensión, sin que se pudieran dar con naturalidad. No sólo se aplaudía entre autores, sino en medio de un ciclo. El silencio necesario para digerir las notas y entrar en ese estado mágico entre el sueño y la vigilia quedó fraccionado - aconsejaría que se pusiera alguna anotación en el programa de mano. Sin embargo, lo más importante de todo, más allá de estas consideraciones metamusicals, los juicios técnicos y las impresiones estéticas es que en el escenario, anoche, había talento, entusiasmo, alegría, honestidad y voluntad de Belleza, en el sentido ético del término. Esperamos que las buenas vibraciones que nos quedaron le sirvan a la soprano argentina arraigada en Cataluña para continuar su ascendente carrera hacia el éxito o, mejor aún, hacia la felicidad y la autorrealización.


Fotos: Mercedes Gancedo, Beatriz Miralles. Jordi Maddaleno

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