Conciertos

Joan Seguí: "El que ha tocado en el Palau no puede echarse atrás como músico"

Sábado 1 Diciembre 2018

Esta máxima la tuvo muy clara Joan Seguí Mercadal aquella noche del 1O en que interpretó un monumental Liszt en el Palau de la Música Catalana que le ha hecho merecedor del Primer Premio El Primer Palau 2018 y el Premio Catalunya Música, galardones que le abrirán muchas puertas tanto aquí como en el extranjero. Conversando con él, te encuentras con un joven de 22 años que, sin embargo, ya ha hecho una profunda reflexión sobre el camino que quiere seguir y que la ha llevado a cultivar estos éxitos. No son casualidad. A su talento se le suma una gran capacidad de trabajo y un gran conocimiento del instrumento, tan exótico ya la vez tan moderno como lo es el órgano.
 


"Siempre ha habido música en mi vida". La primera imagen que Joan Seguí tiene tocando el piano es a partir de una foto en la que estaba sentado en el regazo de su tía mientras chapurreaba las teclas. A los cinco años el comenzó a estudiar incorporando más tarde el violín, y los 8 entró en la Escolanía de Montserrat. Allí ocurrió un hecho revelador: el joven talento estuvo los años en que se construyó el órgano del monasterio e incluso cantó a su inauguración. Aquel instrumento le impresionó, y muy a menudo te lo podías encontrar hablando con el organero, haciéndole preguntas y tocando las teclas antes de que estuviera terminado de construir. "La fascinación de ver construir un instrumento de 12 metros es inmensa, y este hecho ha influido mucho en que ahora sea organista". Seguí, que se había iniciado en el piano, como niño que era vivió el órgano como un descubrimiento, una "chispa" que daría fruto en el futuro.
 
Después de decidir dejar el violín con pesar hizo la selectividad y ya tenía una plaza en la universidad de Matemáticas y Física. La música y las matemáticas parecen estar alejadas pero no lo están tanto. Sólo hay que remontarse a Pitágoras y la delimitación de la altura de los sonidos, fundamento de la idea de la armonía de las esferas. En cualquier caso, para Joan Seguí significaba optar a dos tipos de vida muy diferentes, y una le llenaba más que la otra: "Las matemáticas y la física tienen un punto de realización personal, pero no es tan inmediato como lo es con la música porque es mucho más directa".
 
Superados los momentos de duda, decidió estudiar Grado Profesional en el Liceo, después en la ESMUC, hizo un Erasmus en la Universität der Künste Berlin y ahora está estudiando un máster de perfeccionamiento en la Hochschule für Musik und Dartellende Kunst Stuttgart con el profesor Dr. Ludger Lohmann. El mundo en el órgano en Alemania es diferente al de aquí, ya que "en la guerra se perdieron muchos instrumentos y, aunque en Alemania también, la práctica estaba más arraigada". Sin embargo, está contento y esperanzado porque Barcelona se está poniendo al día. Este año se ha inaugurado el órgano de Sant Just i Pastor, el órgano de la Mercè y se está construyendo el órgano de Sant Vicent de Sarrià.
 
Los organistas, aún más que los pianistas, dependen mucho del instrumento que tendrán en el concierto. "A veces tienes una cierta envidia de un violinista que se puede llevar su instrumento a todas partes pero, al mismo tiempo, tocar el órgano es pertenecer a algo. Es una inversión de tiempo mucho mayor pero, en cambio, tengo la suerte de conocer instrumentos mucho más grandes con características extremadamente incompatibles y se establece una relación personal con ellos; hay instrumentos que te marcan, como el lugar donde se sitúan". Esto hace establecer vínculos entre la arquitectura y la música, las dos artes más contrapuestas según Schopenhauer, la una por ser la más material de todas y, por tanto, más alejada del Absoluto y la otra por ser la manifestación del Wille. Pero en el órgano, que tiene un topos fijo, las dos artes se entrelazan y es el instrumentista quien se fundió con las paredes de piedra para intentar revelar el maravilloso abanico tímbrico y textural que abraza.
 
Seguí explica que a partir de los años 80 se empezó a estandarizar la construcción de los órganos, pero las variaciones entre ejemplares es enorme: cambia el centro del teclado de pedal, la forma del pedalier, la disposición de registros, los tamaños de pedal, el número de teclados, las cajas expresivas... y, por tanto, "la magia radica en adaptarse". Y, por supuesto, te preguntas: cómo lo hace para ensayar? Antes de empezar necesitas la ficha técnica del instrumento, y luego te adaptas con el órgano de casa. Pero, sobre todo, necesita pisar el terreno, y todo ello influye en la confección del programa de los conciertos. Una vez elegido el repertorio según las características, hay que estudiar cómo hacerlo posible y, finalmente, "llegar al lugar y abstraerse de cualquier prejuicio".
 
Por lo tanto, para poder adaptarse a las diferentes tipologías de órgano, como músico debe tener un repertorio muy amplio, o bien decidir especializarse en un estilo o periodo: "Pero lo más importante es saber elegir bien las piezas más adecuadas a lo largo de tu carrera y saber decir no, tanto en programas como órganos que sabes que no te van bien ".
 
El órgano es el instrumento con más recursos tímbricos y con la paleta de colores más amplia. Su arraigo en la arquitectura afecta a la acústica, que como mucho cambia cuando el lugar está lleno o vacío. "Es un instrumento poco flexible que, a su vez, exige mucha flexibilidad al organista". Tocando el órgano te puedes encontrar con multitud de acústicas posibles pero es cierto que los organistas están acostumbrados a tocar en iglesias y, por tanto, a acústicas más húmedas, lo que requiere adaptación cuando son más secas. El Palau no es una excepción: "Su órgano requiere horas. Es un instrumento romántico que tiene mucha historia detrás". Es de un constructor alemán de renombre, Walcker, y exige que el organista se adapte: "Tiene muchas posibilidades pero encontrar obras especialmente adecuados para este instrumento es difícil, también por la parte mecánica, que puede llegar a los 10 metros, mientras que la del piano son centímetros".
 
Sobre la experiencia de El Primer Palau, explica: "Antes de salir, entrando por la entrada de artistas, lo primero que ves es el busto de Beethoven, con la platea oscura llena de gente; es una sensación casi sacra". Tocar la obra de Liszt requiere mucha fuerza mental, pero "una vez entras en la obra el público desaparece, te sumerges, y luego te das cuenta que has tocado el Palau". Le pregunto por aquellos últimos segundos antes de los aplausos y me contesta que no les pudo disfrutar, prácticamente, porque todo el mundo aplaudió entusiasmado. A veces escoge repertorio con obras que no tengan finales muy explosivos para evitar, precisamente, este estallido de aplausos y "mantener esos momentos en que todo el mundo aún está en silencio, que son muy mágicos".
 
Como en todos los músicos, la barrera entre el amateurismo y la profesionalización no es clara en Joan Seguí Mercadal. Es cierto que estando en Stuttgart tiene que seleccionar mucho más los proyectos, que cada vez son de mayor calidad. "Ganar El Primer Palau es un punto de inflexión, pero ya lo era tocar por primera vez. Quién ha tocado el Palau de la Música no puede renunciar a su carrera de músico, todo tiene que ir adelante, ya no me puedo echar atrás", sentencia. La reacción inmediata a conocer el veredicto del jurado ha sido la creación de una web muy elegante y cuidada, https://www.joansegui.com/.
 
El organista ha estado muy vinculado a Juan de la Rubia, que ganó El Primer Palau hace 14 años. Según Seguí, De la Rubia es un hombre que tiene un talento innato; hay muchas horas detrás, "pero tiene mucha facilidad y una comprensión orgánica de las obras, es una comprensión total, aparte de ser un improvisador de renombre internacional. Todo suena como si fuera idea suya, como si estuviera creando en ese momento. He conocido pocos músicos con la capacidad de hacer la música tan natural", afirma, y ​​remacha: "Esto es así no porque está escrito, sino porque no puede ser de otra manera", comenta.
 
El joven ganador de El Primer Palau 2018 tiene los pies en el suelo: "Todavía estoy estudiando y es una etapa que quiero terminar bien, sin demasiadas distracciones". Después se abrirá pero con la cautela de no saturarse. Los organistas suelen ser muy solitarios, aunque el órgano es un instrumento que necesita siempre alguien asistiendo, antiguamente para accionar el aire y ahora para los registros y para situarse a cierta distancia del instrumento y poder saber cómo suena, ya que el sonido necesita un recorrido. Valora mucho tocar con otros músicos porque "en proyectos haciendo música juntos es muy gratificante poder ver otras perspectivas como entender un mismo pasaje".
 
Sobre su interpretación de Liszt, comenta que "los primeros 10 minutos les faltó organicidad, pero a partir de entonces todo comenzó a fluir y ser más natural", está claro que los momentos iniciales son fruto de los nervios. Según Joan Seguí, la clave del éxito es tener todo bajo control, saber que todo funcionará, aunque en el caso del órgano no es fácil, porque la máquina también debe responder, y el Palau le jugó un par de malas pasadas, pero hay que "tener recursos para que aunque algo se descontrole debe poder encaminar". Por ello se debe estudiar con mucho cuidado, porque "son muchas las cosas que te pueden hacer tambalearse, y lo tienes que tener todo controlado, hacer un estudio situacional". Grabar y hacer pasadas en formato concierto en el caso del órgano es fundamental: "Quieres que pase todo entonces justo para que el concierto no pase". Y todo esto requiere tiempo de adaptación al instrumento -aunque, según afirma, en el terreno musical es igual que los otros intérpretes-, y muchas veces pasa por tener la ficha técnica y visitar el instrumento in situ: "La altura del banco no es un elemento despreciable, me he encontrado con bastantes incomodidades".
 
Define la obra de Liszt, la Fantasie und Fugeüber den Choral "Ad nos, ad salutare mundam", como "monumental, muy sinfónica, orquestal, muy colorista, con mil matices, perfecta para el Palau y, justamente porque el órgano de Liszt no era tan completo, está escrita pensando en el futuro". Hay que constatar que es una obra escrita por un pianista y, por tanto, "el organista, ante una obra así, debe ser consciente de que Liszt te da la idea, te dice lo que quiere, pero luego tienes que encontrar la lo que lo funcione".
 
Cuando le pregunto qué es la música para él, contraataca respondiéndome qué es para él hacer música: "Es como hacerse prisionero, y más con el Liszt. Desde el momento en que empiezas te sumerges en un nuevo mundo y sabes que no podrás salir, pero es que no quieres salir hasta que se acabe. Yo no puedo decidir salir. Entro, actúo y disfruto". Y vacía su alma para ofrecérsela al público, que tendrá la suerte de escucharle en recital en la clausura de la próxima edición de El Primer Palau 2019. Las inscripciones ya están abiertas. Se pueden consultar las bases aquí.





Fotos: Joan Seguí Mercadal. Palau de la Música

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