Conciertos

Los 3 compositores más programados de este novembre

Sábado 1 Diciembre 2018

Este mes ha sido el turno de dos de los compositores más grandes de la historia, Mozart y Beethoven. Mientras uno fue el arquetipo del Clasicismo, el otro protagonizó y promovió la transición entre Clasicismo y Romanticismo. Y, en medio de los dos, hay Janáček, compositor checo del cambio del siglo XIX al XX. El Liceu ha programado una de sus obras maestras, la ópera Kàtia Kabanova.

1. Beethoven


Este mes, Ludwig van Beethoven (1770-1827) ha estado presente en muchos de los grandes conciertos de las principales salas barcelonesas. En L'Auditori la hemos escuchado de la mano de Sylvain Cambreling, que ha dirigido la OBC con el Concierto para piano y orquesta núm. 4, op. 58. La Orquesta Sinfónica de SWR Stuttgart vino a interpretar su Triple Concierto en Do mayor, op. 56, y con el violonchelo de Truls Mork hay sentimos la Sinfonía núm. 6, "Pastoral". El Palau de la Música ha ofrecido la Novena Sinfonía con dirección de Antoni Wit, y el concierto del Trío de Barcelona tenía en su repertorio el Trío núm. 7 o "Archiduque".
 
Si tuviéramos que dar un premio al compositor de las melodías clásicas que hoy todo el mundo reconoce, primero vendría Mozart y justo después, Beethoven. Las cuatro notas con que comienza el Allegro con brio de la Sinfonía núm. 5 son universales. Probablemente, la canción más tocada en piano sea su Für Elise. El cuarto movimiento de la Sinfonía núm. 9, el Himno a la Alegría, es el canto oficial de la Unión Europea. ¿Qué hace de Beethoven uno de los clásicos eternos?
 
Su maestría componiendo deja con la boca abierta a quienes lo analizan, ya que omite los patrones y llega a puntos de transformación donde no se sabe hacia dónde nos están llevando. Las primeras personas que escucharon la Sinfonía núm. 9 pensaron que el artista, ya casi sordo, había perdido el oremus: escalas incomprensibles, una exigencia técnica casi imposible y el gran final coral con el Himno a la Alegría, muy inusual en su época. Beethoven encarna el tránsito del estilo clásico al romántico, rompiendo el esquema cerrado de las formas musicales para adaptarlas a esta incipiente libertad individual.
 

2. Janáček

 
El músico checo Leos Janácek (1854-1928) es el autor de la ópera de noviembre del Liceu, Kàtia Kabanova. La historia de la búsqueda de la felicidad por parte de la protagonista, imposibilitada por las obligaciones impuestas a la mujer en la época, ha sido versionada por el director de escena David Alden a través de los referentes visuales del totalitarismo soviético. Alden ha apostado por una escenografía austera pero que resaltaba con éxito la atmósfera de opresión que ahoga a Kàtia.
 
El compositor de Moravia firma obras para grandes orquestas como la Simfonietta o la Misa glagolítica, así como óperas muy reconocidas como La zorrita astuta o la misma Kàtia Kabanova. La crítica musical Kate Molleson escribe en The Guardian: "Los mejores compositores de ópera utilizan la orquesta para explicar las emociones que las palabras no dirán o no pueden decir. Janáček era un maestro en eso". La música de esta ópera, de tonos oscuros y poderosa expresividad, dibuja con genialidad la psicología de los personajes. Su Preludio, con la suave intriga inicial, coge intensidad y nos hace entrar enseguida a la historia. Música y escena se unen para vaticinar el posterior conflicto.
 
Su música está también muy marcada por la influencia que ejercieron los compositores nacionalistas y la música tradicional de Moravia, con sus ritmos más directos y cambiantes. Janáček, como escribe Aina Vega en Núvol, "perseguía siempre dos objetivos: la autoexpresión y la reivindicación de los rasgos propios de su pueblo en contraposición al hipertrófico Imperio Austrohúngaro al que estaba sometido".
 

3. Mozart

 
Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791), el músico o uno de los músicos más influyentes y destacados de la historia, ha sido programado este mes por diversas salas. En L'Auditori DMúsica hemos podido revivir La flauta mágica, a través del ciclo operístico NovAria, y también hemos presenciado algunas de las composiciones para piano de Mozart en el concierto de Iván Martín. Por último, la Casa Elizalde ha hecho un concierto con algunas de las arias más famosas de sus óperas.
 
Mozart murió a los 35 años, pero fue enormemente prolífico. Sólo en el terreno de la ópera, muchos de sus trabajos, como La flauta mágica, Las bodas de Fígaro o Don Giovanni han tenido una grandísima trascendencia. El aria de la Reina de la Noche de La flauta mágica es una de las piezas de ópera más famosas de la historia, con una melodía clara pero que exige un enorme registro y mucha precisión. Entre sus muchas melodías ultrapopulars encontramos la Sonata núm. 16 en Do mayor para piano, el Eine kleine Nachtmusik para violín o el Molto allegro de la Sinfonía núm. 40.
 
El compositor de Salzburgo es señalado, junto con Joseph Haydn, como el arquetipo del Clasicismo, posterior al Barroco. Con él, del vibrato exacerbado se pasa a la elegancia de una nota pequeña puesta exactamente donde toca. Si bien es verdad que, cuando Mozart empezó a componer, el estilo predominante ya estaba contraponiendo la tremenda complejidad del Barroco, Mozart supo valerse de elementos típicamente de este estilo. Un ejemplo claro de esto es la fuga del Kyrie Eleison, del Réquiem en Re menor. El contrapunto era un elemento propio del Barroco, y la fuga es la composición contrapuntística por excelencia, propia de artistas como Bach. En Mozart vemos estos elementos moderados y disciplinados por una nueva estética.

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