Conciertos

El Ballet Nacional de Catalunya danza 'Don Quijote'

Jueves 24 Enero 2019

Los próximos días 26 y 27 de enero en el Casino l’Aliança del Poble Nou de Barcelona, ​​el Ballet de Catalunya, primera compañía profesional del país, danza el clásico Don Quijote en un propuesta artística de Elias Garcia precedida de una excelente acogida por parte del público y la crítica.

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'10 points ', proclamaba Maricel Chavarría en La Vanguardia, haciendo énfasis en el buen trabajo realizado por el Ballet Nacional de Catalunya, que los pasados ​​9 y 10 de noviembre estrenó en Terrassa una versión muy visceral de Don Quijote en el que, tal y como explica Núria Juanico el Diari Ara: "Ni el Quijote ni Sancho Panza se asoman en el nuevo espectáculo del Ballet Nacional de Catalunya para dar máximo protagonismo a los bailarines", remarcando la originalidad de la versión de la compañía catalana, que agotó todas las entradas en ambas funciones. Los próximos 26 y 27 de enero, cerca de 45 intérpretes serán nuevamente arriba del escenario -de países como Japón, Francia, Italia, Estados Unidos, México y Alemania- con el exitoso espectáculo en el Casino l’Aliança del Poble Nou de Barcelona. Esta es una clara apuesta por una compañía que, justo después de un año de su creación, comienza a hacer realidad la posibilidad de abrirse a los mejores escenarios catalanes.
 
El Ballet de Catalunya, con Elias Garcia encabezando la dirección artística y Leo Sorribes la dirección general, ofrece un Don Quijote diferente, original y con personalidad propia, con el objetivo de atraer al gran público, sea o no consumidor de danza, fidelizándolo y haciéndolo crecer. Y eso es lo que ha venido haciendo desde su primer estreno en noviembre de 2017 hasta el día de hoy, con ya 4 producciones y camino de la quinta.
 
Hablar de Don Quijote es remontarse a los orígenes iconográficos de la cultura hispana. Lo que muchos españoles no quieren reconocer, sin embargo, es que, ya en 1616, en la segunda parte de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, Miguel de Cervantes dejó escrita una maravillosa alabanza de Barcelona, ​​cuando el personaje ha vuelto a casa, justo antes de morir. Nos encontramos, así, con uno de los pocos intelectuales españoles que, con la novela inaugural de la literatura moderna, ha querido reconocer las virtudes de nuestra tierra -y el hecho de que, mal que les pese, somos otra historia.
 
El Casino l’Alianza del Poble Nou de Barcelona sube al escenario la reinterpretación del Ballet Nacional de Catalunya de la reinterpretación que a su vez hicieron Marius Petipa y Ludwig Minkus de la ilustre novela. Si bien hay varias versiones de este ballet, el de referencia es el del austríaco que dedicó su vida a la literatura para este género, además de ser un virtuoso del violín y un gran maestro. De hecho, estuvo sirviendo el Ballet Imperial de San Petersburgo y a lo largo de su carrera escribió por Arthur Saint-Léon, aparte de Petipa. Más allá de Don Quijote, de su producción cabe destacar La source (con Léo Delibes como coautor), La bayarea, Paquita y escribió una gran cantidad de material de apoyo para ballets ya existentes. Hoy día, la música de Minkus es la más interpretada en el mundo del ballet y es una parte integral del repertorio del tradicional ballet clásico.
 
El ballet que nos ocupa surgió el primer año de colaboración entre Minkus y Petipa, en 1869, y son piezas muy rítmicas, de fácil comprensión y muy melódicas. El argumento original de la obra coreográfica de Marius Petipa, originariamente de gran virtuosismo y fiel a la tradición española, con fandangos, seguidillas y jotas, consta de un prólogo y cuatro actos, a pesar de que, posteriormente, la mayoría de las adaptaciones han modificado la estructura original a un prólogo y tres actos -en el caso del Ballet Nacional de Catalunya, dos actos-, que varían ligeramente el original cervantino, en el que se mezclan las aventuras, la ilusión, la locura, el humor y el amor. De hecho, el personaje literario sirve más como pretexto para construir un ballet sobre la base de un ideal que para concebir un protagonista clásico con carácter propio.
 
En el prólogo, Don Quijote se encuentra en su estudio rodeado de libros de caballería, y decide emprender aventuras como las de las novelas junto a su criado Sancho Panza al servicio de Dulcinea, hermosa chica que le ha aparecido en una visión. Pero esta no será la relación nuclear, sino que, ya en el acto I, que tiene lugar en una plaza de mercado en Barcelona, ​​la tensión amorosa se decantará hacia Kitri y Basilio. Sin embargo, la joven Kitri es obligada por su padre, Lorenzo, a comprometerse con Gamache, el hombre rico de la región. Cuando llega Don Quijote, confunde a la chica con Dulcinea. Entonces (Acto II), el hidalgo desafía Gamache para conseguir la mano de la bella Kitri, pero se burlan de él y lo echan del pueblo. Basilio, el barbero enamorado, finge suicidarse y así consigue, por pena, la mano de Kitri. Mientras tanto, Don Quijote llega a un campamento de gitanos y rinde honor al rey de los rones.
 
La escena de los molinos llega al tercer acto. Tras la enconada lucha, se queda dormido y sueña que está en el jardín de su amada junto a las hadas del bosque. Lucha contra una araña gigante, sale vencedor y por fin puede ver a su amada, pero el sueño se difumina. Al despertar, se encuentra con un duque y su corte, que la invita a su castillo. Finalmente, en el cuarto acto, se montan unas grandes fiestas en honor a Don Quijote, pero el caballero de la Luna de Plata lo desafía y lo vence. No es otro que su amigo Sansón Carrasco, que, preocupado por el caballero andante, le pide que vuelva a casa.
 
Colorista, vibrante, directo, gozoso, espontáneo y efectivo; así es el Don Quijote de Minkus. El clic de las castañuelas contrasta con la encantadora levitación a la que son llevados los bailarines cuando la música es más lírica, y el sonido de los metales acompañados de percusión preciosista se contrapone al arioso de las cuerdas y el lamento de la imposibilidad de amor entre los jóvenes Kitri y Basilio. Este vitalista y festivo ballet requiere virtuosidad y se reafirma como una de las piezas más efectistas de la literatura para este género. Con aromas españolas, las melodías son fácilmente reconocibles, animadas y con el punto de folclorismo justo, sin caer en la caricatura.
 
Destaca el famoso y poético "pas de deux" entre Kitri y Basilio, uno de los dúos de ballet clásico más populares, exigentes y virtuosos del repertorio, de ahí que suele ser uno de los favoritos de los bailarines, indispensable en cualquier gala de danza. La han llevado a la máxima expresión desde Pavlova la Makarova, desde Barishnikov en Corella y desde Ivanov a Nurejev, y está relleno de promenades, pirouettes y portés.
 
La versión del Ballet Nacional de Catalunya sustituye la presencia de Don Quijote y Sancho Panza a través de Joel Minguet, conocido actor catalán, que hace una personal aportación dialéctica con la que se cubre una parte del relato de las Bodas de Gamash. Según la periodista de El País Carmen del Val, el narrador "nos conquistó, con una voz potente en la lectura dramática simultaneando al Quijote, Sancho Panza y al propio autor, Miguel de Cervantes. Minguet se puso en la piel de cada uno, matizando cada frase, expresión, con lo que enseguida nos arrastró hacia un lugar de la Mancha y una de las aventuras, entre tantas, de quien estaba enamorado de Dulcinea y confundía los molinos con gigantes".
 
Este Don Quijote ha sido la primera de las producciones de la directora artística asociada, reconocida Primera Bailarina del Teatro Mariinski y Het National Ballet, Larissa Lezhnina, de la que Chavarría destaca que "buscó la personalidad propia en una labor de investigación sobre el folklore que habría inspirado Petipa". También hay que mencionar de este Don Quijote la participación de Vincent Gros, quien se ha incorporado recientemente como maestro residente de la compañía junto a Elias Garcia, quien lidera todas las producciones y responsable último de todos los detalles que configuran el producto final y único. Por su parte, el director artístico de la compañía, Leo Sorribes, afirma haber concebido Don Quijote junto con Garcia "para potenciar la danza y hacer el espectáculo más corto y compacto".
 
Respecto a los intérpretes, la crítica es unánime con la protagonista, Rebecca Storani: Carmen del Val en El País reseñaba que "la mejor interpretación de la noche fue la bailarina italiana de 22 años que encarna a la protagonista, Quiteria. Poseedora de una técnica que roza el virtuosismo y de una fuerte personalidad escénica supo imprimir la picardía que requiere este personaje y brillar en sus evoluciones técnicas. Clavó con seguridad los 32 fouettés en el gran paso a dos del segundo acto". Pero aún hay más; el Diario de Terrassa, Mercè Boladeras remacha el clavo diciendo que "nos quedamos sin palabras con la habilidad y su destreza en el baile de puntas y en las piruetas. Rebecca lució y se lució".
 
Su pareja, Dmitry Zagreb, figura invitada en esta ocasión, es bailarín principal del Royal Swedish Ballet. Sus interpretaciones se caracterizaron por su "hipnótico giro y su seguridad en el salto, si bien necesita depurar su torrente de energía, que en ocasiones lo sobrepasa", destaca del Val. Finalmente, Boladeras afirma: "Nos quedamos enamorados con Miho Okamura que, en su papel de Cupido, se movió grácil, con mucha soltura y amable sonrisa, resolviendo los solos que ejecutó de manera impecable".
 
Es importante remarcar que el Ballet Nacional de Catalunya está en buscando de sponsors y patrocinadores que quieran apostar por el talento y los valores del país. Un ejemplo de ello es el Programa Trainee, estrenado ya en octubre de 2017. Se trata de un proyecto pionero en Catalunya, de 2 a 4 años de duración, y que ofrece una magnífica oportunidad a los recién bailarines graduados de todo el mundo para integrarse plenamente en el mundo profesional catalán, incorporándolos a la compañía y participar, en mayor o menor medida, en sus producciones.



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Fotos: Ballet de Catalunya

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