Conciertos

Tomàs Grau: "La OCM es la orquesta sinfónica mediterránea"

Martes 8 Enero 2019

Después de tres producciones de éxito, con Alexander Melnikov, Leticia Moreno y Vértigo, hablamos con el director titular y artístico de la Orquestra Simfònica Camera Musicae, Tomàs Grau, que deja muy claro que es necesario que todos asumimos que la OCM es una orquesta de repertorio sinfónico, y que representa la esencia del si mediterráneo. El deseo de Tomàs Grau es continuar emocionando y hacer camino hacia la internacionalización. Fundada en 2006, la Orquestra Simfònica Camera Musicae tiene sede en Tarragona, reuniendo músicos de todo el país, así como también del resto del Estado.
 

Primero ibas por pianista, después añadistes el violín y la dirección de coros. Cuando llega la pasión por la dirección de orquesta?
Tuve dos experiencias muy fuertes en el Palau. La primera fue con la entonces directora del Conservatorio del Bruc, Carme Vilà, que se nos llevó a todos al Palau a escuchar la prueba acústica de un concierto: el de la Filarmónica de Viena y Zubin Mehta. Fue una experiencia extraordinaria. Unos años después vine a ver a Daniel Barenboim que dirigía y tocaba desde el piano. Yo entonces todavía quería ser pianista pero aquel concierto me cambió. Dirigió el Tercer concierto para piano y orquesta y la Quinta sinfonía de Beethoven. Me había acompañado un amigo que iba unos cursos más avanzado en los estudios de piano y teníamos dos entradas, una con visión y la otra sin visión y nos repartimos el concierto. Cuando vi a Barenboim haciendo magia me dije: a mí me gustaría ser director. Entonces hice el superior de dirección coral en el Bruc y de dirección de orquesta en la ESMUC.
 
Y luego fuiste a Viena.
Sí, mi profesor, Jordi Mora, me recomendó ir a Viena con el maestro Salvador Mas, a los Wiener Meisterkurse, en 2006 y 2007. Había estudiado mucho toda la parte técnica y teórica y yo era un director muy cerebral, y el maestro Mas me dijo: "Usted está dirigiendo perfecto dentro de su caja de vidrio. La orquesta está fuera, puede hacer el favor de dirigirlos a ellos? ". Hoy en día todavía es mi lucha, ser más comunicativo con la orquesta. Tienes que tocar, dirigir, conducir la orquesta, no a tu mente. En Viena rompí esta urna de cristal. Pero no se acabará nunca esta voluntad.
 
También hiciste dirección de banda, por qué?
Justamente porque había estudiado piano y violín (y también canto y percusión) y quería explorar los instrumentos de viento. Lo que quería era conseguir una formación integral, como músico y como director: como artista. Es lo que Viena me dio. Ser muy fiel al compositor y en la partitura pero desde la visión de uno mismo y no por la impuesta por los maestros o la tradición.
 
¿Cuál es el repertorio que has trabajado más en tu etapa como estudiante?
Primera Escuela de Viena: Haydn, Mozart, Beethoven. Es la base, y también como pianista, director de coros, Bach me ha acompañado durante mucho tiempo en mi formación. En el mundo profesional casi no he hecho Bach, y terminé mi formación con Schumann.
 
En cambio, como decías, la temporada de la OCM es eminentemente romántica, con algunas excepciones, como por ejemplo la Music for the Royal Fireworks de Händel, con Alessandrini.
No siempre ha sido así, es fruto de una evolución. Yo personalmente estoy muy cómodo con Tchaikovsky, Schumann y Beethoven, que seguramente son tres de los grandes sufridores de la historia de la música, y yo me siento bastante identificado. Muy con Schumann, que ya de pequeño en toqué las Escenas, y con las sinfonías fue todo un descubrimiento; de Tchaikovsky hicimos la integral con la orquesta, hemos tocado Beethoven pero también la mayoría de Mozart, Haydn. También he hecho muy Stravinski, y los americanos, Barber, Copland, así como centro europeos: Rimski-Korsakov, Shostakovitx, Dvorák, esta corriente nacionalista, sin dejar de lado a los nórdicos, toda aquella estética muy cercana a nuestra música coral, muy pura, cristalina, y los ingleses, Willams, Elgar, con un sonido muy desnudo. No tiene mucho que ver con mis estudios, pero la formación me dio la curiosidad por descubrir y la base técnica para desarrollarlo.
 
Es muy diferente la técnica para dirigir Bach que Williams.
Sí, pero sin Bach no puedes dirigir el resto. Recordemos que yo vengo de la escuela Celibidache. Cuando acabas la carrera te dicen una cosa bien cierta: "A día de hoy sólo hemos estudiado una pequeña gota de todo un océano que es el repertorio". Hay mucho estudio, aunque sea sólo para programar.
 
¿Desde qué óptica programas?
Desde tres visiones: la del público, la del músico y la del director. Para mí es importante que en la temporada haya un equilibrio, quiero que el público disfrute de las obras que tocamos, debe haber, por tanto, obras prácticamente sólo dedicadas a él, pero también obras que nos sirvan para el disfrute del músico, y a veces no coincide el repertorio que el público disfruta más con el que el músico lo pasa muy bien tocando. También debe ser un repertorio que sirva para crecer como grupo, como instrumento. Si lo tocamos bien todos disfrutamos, músicos y público.
 
Ahora, la OCM es la Orquesta Sinfónica Camera Musicae, haciendo énfasis en sinfónica.
El repertorio de esta temporada está construido para que el público no tenga ninguna duda. Hemos elegido obras sinfónicas grandes para que la gente se dé cuenta de la evolución que ha hecho la orquesta. Cuando todo esto esté integrado iremos compaginando el repertorio de todas las épocas, como siempre, pero teniendo en cuenta la evolución que hemos hecho y que no tiene marcha atrás.
 
¿Nos puedes refrescar los orígenes de la orquesta?
La OCM nació como orquesta y compañía de ópera para potenciar la vida musical de Tarragona; había toda una provincia con unas necesidades culturales para cubrir. Con un amigo decidimos hacer un proyecto que no hiciera competencia al que había (Orquesta de Cámara de Vila-Seca, Camerata XXI), y contactamos con músicos de la zona. Hicimos una ópera de cámara, Bastián y Bastiana de Mozart, que llevamos a la Feria de Tàrrega y nos llevamos el Premio del Público. A partir de aquí, la Compañía de Ópera Camera Musicae y la OCM fue caminando también a demanda de los músicos y programadores, y resultó que hicimos 40 funciones de ópera en 3 años, y esto es mucho para ser territorio. Y concejales, alcaldes decían, y el año que viene, ¿qué? Realmente se hizo patente que había una necesidad cultural en el territorio, porque la demanda iba creciendo. Entonces nos planteamos organizar nuestra propia temporada de conciertos, también en Barcelona, ​​para que la gente conociera la orquesta, ya partir de ahí empezamos a articular la temporada del Palau y la del Teatre Tarragona, aparte de los conciertos en gira, hicimos profesionalizar el staff de la orquesta y pasamos de producciones a temporada de conciertos. Actualmente hacemos 18 proyectos con lo que podemos ofrecer la temporada a los músicos de golpe una vez al año y no a añicos. Hasta llegar a cambiar el nombre de la orquesta para ser más fieles al repertorio. Ahora es la Orquestra Simfònica Camera Musicae. También porque mucha gente pensaba que camera musicae significaba orquesta de cámara, cuando en realidad es un "cuarto / habitación de música", y se confundía. De esta manera queda claro que la temporada del Palau y Tarragona es sinfónica y demás producciones depende del repertorio a interpretar.
 
¿Qué proyectos tiene la OCM aparte del Palau y el Teatre Tarragona?
Ahora estrenaremos el Teatre Lliure una ópera de cámara de Raquel García Tomás con 15 músicos, hacemos la gira de Joventuts Musicals en Valls, Banyoles, Tarragona y Taradell con una orquesta de cuerda con dos oboes y dos trompas, hacemos algunos festivales de verano con la orquesta de cuerdas... con ello complementamos la oferta sinfónica y seguimos haciendo lo que hacíamos, proyectos de pequeño formato, formato medio y gran formato, con predominio al inicio de pequeño y mediano formato, mientras que ahora predomina el gran formato. Que podamos ir tocando todos estos formatos nos hace ser mejor orquesta, mejor grupo y mejores personas. Por eso nos gusta estar todos. Ahora bien, una de las patas más importantes de la OCM es el público. Más de mil personas en el Palau a cada concierto. Esto nos hace muy felices.
 
¿Puedes avanzar algo de la producción de Raquel García-Tomás?
Es una coproducción del Teatre Lliure, Òpera de Butxaca y Nova Creació, Teatro Español y Teatro Real, con Elena Copons, María Hinojosa, Toni Marsol y Joan Ribalta. Es una ópera bufa con libreto de Helena Tornero que se titula Je suis narcissiste. Nos propusieron participar y estamos encantados. Hemos hecho mucha música contemporánea, hemos estrenado música de 20 compositores, además de tocar Toldrà, Montsalvatge, Serra, Casals y mucha nueva creación, encargos de la orquesta, como Carlota Baldrís, Marc Timón, Ramon Polo, Jordi Cornudella, Manel Gil-Inglada, Ivan Capillas, entre otros, y los más conocidos como Albert Guinovart, Salvador Brotons, Arnau Bataller y Manel Camp.
 
Desarrolláis también el papel de orquesta pública, entonces.
Sí, ciertamente, y de hecho no es nuestra función y no tenemos el presupuesto suficiente como para permitírnoslo. Aunque a mí me encanta este repertorio. Creo que las orquestas públicas deberían hacer un esfuerzo en este sentido.
 
¿Cómo se organiza la financiación de la OCM?
Un 19% son subvenciones públicas (Generalitat, Ayuntamiento y Diputación de Tarragona), 15% de patrocinio y mecenazgo y demás recursos propios que quiere decir: venta de entradas en taquilla y caché. Por lo tanto, aquellos modelos de tres tercios que explicaban antes de la crisis que era el modelo ideal nosotros nunca lo hemos tenido. De hecho, cuando empezamos la OCM pensamos un 25% público, 25% privado y 50% de recursos propios y aún así nunca lo hemos logrado. Por lo tanto, la parte pública y privada nos ha permitido no desaparecer, pero no mucho más, porque la crisis nos ha afectado muy poco estos porcentajes. Antes de la crisis teníamos un presupuesto de 100.000 euros anuales y ahora estamos a 1.200.000 euros! Y esto ha sido posible gracias al público y al trabajo incansable del staff de la OCM.
 
¿Como es una orquesta ideal para ti?
Como de aquí, con sus signos identitarios. Yo siempre digo que somos la sinfónica mediterránea, incluso lo dijimos antes de que Estrella Damm. No me gusta tocar a la rusa, o la germánica ni a la inglesa. Yo quiero tocar como nosotros somos como personas y como sociedad: debe ser un sonido expansivo, que no sea duro, que emocione, que ponga la piel de gallina y que la gente salga siendo mejores personas del concierto, así como quiero que los músicos salgan siendo mejores personas. Lo que valoro más de la música es el crecimiento personal que me permite y el enriquecimiento como músico. Queremos que haya un retorno a la sociedad, y pienso que eso es lo que la gente, sin poner palabras, es lo que está viviendo cuando nosotros tocamos. Removemos algo de su interior que seguramente no sabe qué es, pero también nos debe remover a nosotros, porque si es así, esto acaba traspasando. Desde hace tiempo que repito que los músicos tenemos que estar emocionalmente preparados e implicados desde el primer ensayo. No es una primera lectura, es una "primera emocionada". Y cuando llegamos al concierto lo hacemos con un nivel de vivencia muy grande y hacemos partícipe al público. Intento luchar contra la rutina, con los músicos hablamos y eso nos ha hecho dar un salto cualitativo. La música tiene un poder que quizás otras artes quizás no tienen.
 
¿Por qué?
Porque llegamos más lejos con las emociones y de forma mucho más visceral. Quizá por eso soy músico y no arquitecto o poeta. La música tiene un punto más.
 
Esto suena a Schopenhauer...
Sí, la música como manifestación del Absoluto. Y lo que decíamos de Wagner de la ópera como arte total pienso que, de hecho, la música es eso. Y la música sinfónica se acerca mucho. De hecho, la ópera nos ha ido acompañando durante este tiempo pero no como actividad principal por un tema de costos también. La orquesta ha cogido una vida propia tan bonita que debemos velar y cuidar para que se pueda desarrollar más.
 
¿Por lo tanto los objetivos de esta temporada cuáles son?
Consolidar la idea por parte del público que esta es una orquesta sinfónica y un objetivo personal es que, dado que esta es una orquesta que frasea mucho y es muy expresiva, balancea y emociona muchísimo, a veces por medio se pierde el tema rítmico, y debe poder hacer todo al mismo tiempo. Y es por ello que esta temporada hemos programado el Carmina Burana, El pájaro de fuego, las Estancias de Ginastera, para trabajar este aspecto. Si a nivel de emoción es una orquesta top en Europa, y lo digo desde la humildad, si conseguimos poner aún más esmero en el tema rítmico y ponerlo al mismo nivel esto puede ser realmente maravilloso.
 
¿Como has gestionado el repertorio con los directores invitados como Mas, Alessandrini y Caballé?
Este año todos los solistas han dicho que sí a las propuestas que les hice. Pero normalmente suele ser más un pacto, como con Alessandrini, que nos interesaba hacer Barroco con él y él nos pidió hacer Beethoven también. A veces el consenso es más difícil de alcanzar, hay quien te dice que sí pero quizás no para la temporada que se lo propones, y hay que pactar.
 
¿Qué sensaciones tienes con lo que lleváis de temporada?
Con Melnikov fue maravilloso, Cuadros de una exposición es una obra que estudiaba de pequeño con piano y hacerlo con la OCM es una experiencia muy bonita. Quedó con ganas de repertir! Con Leticia Moreno los diez primeros minutos del ensayo fueron "una toma de contacto", pero a partir de entonces todo fluyó y fue una maravilla, se soltó musicalmente y hablamos de próximas colaboraciones ya que no esperaba lo que se encontró... próximamente saldrán unos vídeos en Youtube fantásticos. Los solistas no son invitados de una vez y nunca más, sino que se encuentran como en casa. Traemos a Ainoha Arteta, Alexander Melnikov, Alessandrini, pero también varios invitados son jóvenes talentos. Hablamos de Esther Yoo, Kian Soltani o Seong-Jin Cho.
Nos interesan los artistas consagrados para aprender con ellos y de ellos. También a nivel de dirección hemos invitado a Salvador Mas, Antoni Ros Marbà, Jordi Mora, Salvador Brotons, Josep Caballé, Manuel Valdivieso, Xavier Puig ... excepto Josep Pons, todos los directores internacionales catalanes han pasado por la OCM. Pero la otra vertiente es la gente joven, también catalanes que puedan debutar. Me gusta descubrirlos jóvenes y luego, al cabo de dos o tres años, cuando vienen a tocar con nosotros, ya han hecho el boom, han están al ECHO Rising Stars o han debutado con la Berliner y entonces pueden demostrar una primera madurez. Hay que estar muy al día de lo que está pasando en casa, en Europa y en el mundo.
 
¿Donde queda la técnica y donde queda la pasión en tu trabajo?
Si olvidas la técnica y sólo te quedas con la pasión el resultado no es bueno, pero si eres impecable técnicamente y lo más lejos posible de la emotividad no transmitirás nada. En mi caso, si he de primar una de las dos cosas prefiero pecar por la banda emocional que la técnica, porque la música son emociones, y si queda frío puede que no consigas tu objetivo. El equilibrio este es el más difícil del mundo. Ahora bien, depende de qué tipo de música. Con Bach, con todo puesto a puesto a veces es suficiente, en cambio con Tchaikovsky no. Hay que romper la barrera de las emociones, pero siempre intentando que sea lo más cerca posible de la perfección técnicamente hablando.
 
La perfección no existe.
Pero debe ser nuestro ideal para llegar lo más lejos posible. Si no te pones un umbral nunca llegarás. Yo soy muy perfeccionista y hay que hacer justicia a la música.
 
¿Puedes animar al público para ir a sentir Carmina Burana?
Es una obra que he cantado, he tocado, he dirigido en la versión de pianos y percusión y ahora la haremos con gran orquesta, por lo tanto la conozco bien. Es una obra muy visceral, que llega directamente al público, no hay filtro posible, la parte emotiva es importante, y rítmica, el coro... también. Es una obra muy espectacular, con 150 músicos en el escenario, que no dejará indiferente. Es una obra que se ha de vivir. Es una de las obras más interpretadas y no sólo es un gran hit sino que es buena música. Y la Orquestra Simfònica Camera Musicae es la primera vez que la hace.
 
¿En qué punto estás de planteamiento de la temporada siguiente?
Ya está cerrada. Tenemos que trabajar con mucho tiempo, por los artistas, por las salas de concierto... las bases de la 20/21 ya están puestas. Si queremos dar el paso hacia la internacionalización el margen de tiempo es imprescindible.
 
¿Deseos para el 2019?
Que el público nos acompañe, que podamos hacer mucha música juntos y poder hacer el último trozo del camino, que es la internacionalización. Y, puestos a hacer la carta a los Reyes, esperamos que la administración nos acompañe un poco más. Nos hemos sentido un poco solos en este viaje. Podemos llegar a hacer maravillas y llegar más lejos con su ayuda y acompañamiento.


Fotos: Tomàs Grau i OCM

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