Conciertos

Robert Brufau: "Cada inversión en nueva creación nos acerca más a la internacionalización"

Martes 5 Febrero 2019

Este mes de enero, Robert Brufau se ha incorporado como director de L’Auditori después de haber sido 5 años programador y, anteriormente, responsable de producción de lo que él llama la casa de las músicas. Brufau, que llevaba muchos años en un sector que conoce muy bien, hasta ahora había trabajado en el ámbito de la contemporánea, la cámara, la música antigua, el jazz y propuestas interdisciplinares. En su nueva etapa piensa la orquesta como un eje integral del equipamiento y reivindica la falta de recursos de personal que parte. Es imprescindible subsanarlo para hacer una propuesta de relato integral que cobije todas las estéticas.

Para construir sinergias, ¿a los artistas les interesa tener un proyecto que sea más o menos a largo plazo?
Lo importante es la voluntad de crear cosas de forma natural y establecer diálogos que antes no se producían. En el momento en que nos hemos abierto a dialogar y expresar la voluntad del que queremos hacer y de nuestro proyecto, hemos descubierto que ver esto es lo que los artistas necesitan. Si hablamos de Quartet Casals, la relación a largo plazo es obvia, o en el caso de Pablo Heras. Pero es hablar de futuro, después pueden pasar cosas puntuales. Lo que no podemos hacer como institución pública es vincularnos sólo a una serie de artistas. Esto hace que se tenga que variar, y que pocos artistas puedan repetir en diferentes temporadas.
Y eso liga un poco con una idea que vengo defendiendo: la orquesta, ahora que la competencia es fuerte, debe servir de L'Auditori para crecer artísticamente. Y esta orquesta puede ser mucho más atractiva para otros artistas expresándose también más allá de la propia orquesta.
 
¿La idea es crear un microrrelato dentro de un gran relato para que cobre sentido y se pueda contar?
Eso mismo: la voluntad es construir grandes relatos. El año que viene veremos una gran muestra de esta idea con el año Beethoven, pero al final en L’Auditori una de las máximas es que abrace la diversidad y la potencie. Para que el público de Barcelona lo necesita, porque tenemos la capacidad de hacerlo y porque nos debemos asimilar a algunos auditorios europeos que ya van en esta dirección.
Por lo tanto, esto hace que en cada uno de los aspectos que tocamos sea necesario que tenga un relato propio. Pero después tenemos que ser capaces de hacer dibujos de gran formato que engloben el dibujo total del relato artístico de acuerdo con la modernidad.
 
¿A qué te refieres exactamente con modernidad?
En el sentido de que no se tratará sólo de crear el repertorio, que lo haremos. Veremos por ejemplo muy repertorio de Beethoven, pero queremos hacer también una visión actual de lo que ocurre. Y no sólo mediante la vida del personaje y los tópicos que se le asocian, sino también desde el punto de vista de la nueva creación.
Cuando yo hablo de modernidad, lo que expreso es la voluntad de abordar este concepto en todo lo que hacemos. A través de cómo nos acercamos a este repertorio. Hemos incluido en Barcelona Obertura el concierto de Vivancos y Victoria, y estas cosas las seguiremos haciendo.
 
¿Qué diferencia hay entre un programador y un director artístico?
El segundo añade la definición estratégica del proyecto, la representatividad y la dirección artística. Este paso ha hecho cambiar mi realidad en el sentido que me permite dotar mi trabajo y lo que se hace de una visión propia. Es fruto de la capacidad que tengo ahora y que antes no tenía: el proyecto artístico es en su totalidad responsabilidad mía. Ahora podemos realmente pensar y dibujar la personalidad artística de la entidad, como se posiciona a nivel local y como lo hace a nivel internacional. No doy la espalda a la antigua tradición, pero sí pongo el foco en la nueva música.
Esto lo hacemos a partir de dos ejes: el primero es unificar el discurso artístico integrando la orquesta en esta voluntad; potenciar las políticas de nueva creación con aspectos como el Sampler Series; y finalmente potenciar la diversidad.
Tenemos la suerte de vivir en una ciudad que dispone de más de una gran organización musical, como ocurre en París, Londres, Viena... Así, los proyectos se dirigen a un target determinado según la capacidad o voluntad artística de cada equipamiento. En L’Auditori toca abrazar la antigüedad y el clasicismo, pero también la modernidad para acercarnos a un público más joven.

 
¿Entonces el público joven es un poco el talón de Aquiles de estos equipamientos?
Bueno, hay una dinámica de consumo internacional de la clásica; nosotros no podemos dar la espalda a lo que somos. Pero debemos tenemos muy presente que, si no sabemos explicar también la nueva creación, quedaremos atrás. Tenemos que trabajar estos puentes entre el público habitual de la música clásica y la nueva creación. No podemos convertirnos en museo, tenemos que ser una casa viva, y vivir del presente.
 
Parece que los compositores de la nueva creación van más allá y el público no los comprenden.
Yo siempre hablo de que el peor enemigo de la música de nueva creación es el público de la clásica porque todos los que estamos educados o habituados al mundo clásico nos encontramos violentados o no sabemos entender lo que se produce al romper ciertos parámetros. Esto es lo que queríamos romper con el Sampler Series, por ejemplo, y ha funcionado muy bien. Y no tenemos la voluntad ahora de llenar la sala con gente joven, pero tenemos que hacer un proceso y saber adaptarse a las nuevas realidades para llegar a un público que disfrute de la música contemporánea.
Hay otro elemento muy interesante: cómo nos está afectando también el mundo de la grabación. Esto nos genera prejuicios que nos limitan muchísimo la experiencia propia del concierto. Tenemos muchas limitaciones debido a esto, pero no tiene solución. Nuestro trabajo, por tanto, no sólo debe ser generar nuevos proyectos o una lectura de catálogo, sino ser capaces de explicar al público quiénes son. Nos recreamos en principios del siglo XX, los años anteriores a la guerra, qué años más dulces... Pero somos incapaces de dar valor a la nueva creación musical.

Pero es una cuestión de perspectiva: cuando estás viviendo el presente no eres capaz de valorarlo si no haces un esfuerzo específico de pensar este presente. Ahora están pasando cosas muy importantes también, pero tenemos que hacer una reflexión que estas cosas también son muy importantes y que en un futuro también lo serán. Creo que lo que pide la música de nueva creación son dos cosas: la apertura de miras absoluta (epokhé, ser totalmente sensorial) y la perspectiva. Pero si no la buscas, no la encuentras.
Lo que pasa es que tenemos que ser capaces de convencer. Nuestro trabajo no es tan analizar la situación, sino construir puentes y convencer de que tienen que hacer este cambio. Este es el gran reto en realidad. Decir a los grandes oyentes de la clásica que deben ser más abiertos de miras es ser ofensivo, y este no es el camino para llegar a darle valor a la contemporánea.
En todo caso, creo que sí es importante el hecho de explicar que ahora vemos con perspectiva hitos que se lograron antes de la guerra, y que las pensamos incluso con cierta melancolía; y no nos damos cuenta de que pasaba al mismo con los contemporáneos de la época. Debemos tener claro que somos una institución pública y que si lo que queremos es dejar una huella para el futuro (que es nuestro deber) no podemos dejar hacer hasta música más allá del siglo XX. Existe música más allá de Stravinski, Berg o Schönberg.
Este proceso de maduración como oyente que haces cuando te acercas a ciertos repertorios no se produce de forma natural necesariamente. Hay gente que tiene la suerte de tener esta inquietud, pero hay mucha gente que no la tiene y eso no los hace menos capaces. Es un tema de construir puentes, introducir repertorios de forma "dócil".
Otros auditorios simplemente ofrecen los conciertos porque es lo que tienen que hacer, y el público que consiguen no es la prioridad. Pero yo no creo que vaya a ser así. Estoy mucho más satisfecho de la aproximación que hemos hecho con el Sampler Series, construyendo y buscando asimilarnos a otros festivales que tienen la voluntad de tener un cierto sentido para el público.
Sin embargo, tampoco creo que tengamos que alejarnos tanto de esta idea: no se trata de si llenamos o no la Sala 1, nuestra tradición y presupuesto seguramente sean muy diferentes, pero la mentalidad de entender que tenemos que ofrecer un servicio que va más allá del entretenimiento para el oyente, es cuando damos sentido a nuestra labor. Entender que tiene un valor, que es necesario.
 
Hablabas que L’Auditori es una institución pública y los fondos son los que son. Aquí no es posible hacer experimentos, por cuestión de presupuesto. También has comentado que independientemente de ello prefiere propuestas más indirectamente pedagógicas como la del Sampler Series. Pero, hasta qué punto eres esclavo de las instituciones?
Muchas veces se habla de la responsabilidad de los programadores. Es evidente que las políticas culturales son esenciales para los resultados, y determinan qué pasará. Esta es la realidad de la música viva, no somos un museo, pero también podemos jugar mucho. Aquí entra la estrategia, la astucia... el mercado nadie imaginaba que podríamos generar una Sampler Series antes de generarlo. Por lo tanto, al igual que ahora no nos podemos imaginar lo que podemos llegar a hacer, no significa que no podamos hacerlo. La gracia de esta casa es la capacidad de generar tantos proyectos y construir desde cero.
 
Por lo tanto, ¿la intención es continuar con esta línea o intentar proporcionar más estas nuevas músicas para llegar más al público melómano en general?
Si nos quedamos con Sampler Series no haremos el camino, hay una intención de repensar la figura de la orquesta, como implica la figura de los compositores invitados, qué encargos realizamos, a qué compositores... No nos damos cuenta, pero cada inversión que hacemos en música contemporánea nos acerca al objetivo de la internacionalización del proyecto.
Cada vez que dibujamos un proyecto ambicioso de música contemporánea estamos dialogando con instituciones de primer orden. Desde hace años estamos planteando un proyecto que se pondrá en marcha en el año 2020, que es un co-encargo del compositor del post-minimalismo americano David Lang. Y la estamos trabajando en una misma mesa con instituciones de renombre de Nueva York, Londres y Luxemburgo. Parece obvio, pero a veces la gente no se da cuenta de hasta qué punto es importante hacerlo. Y no sólo por un tema de convencimiento, y de generar nueva creación, y de invertir en el futuro de la música; sino también por un tema de internacionalización del propio proyecto L’Auditori.
En el imaginario colectivo de la ciudad yo creo que no está suficientemente presente, pero no somos conscientes de que internacionalmente tiene un reconocimiento y una admiración envidiable que no tienen otras instituciones. No hay ninguna otra institución en todo el Estado español de la magnitud y el impacto internacional que genera L’Auditori.
 
¿En una institución eminentemente sinfónica las sinergias internacionales que se pueden crear deben ser a través de la nueva creación, pues?
También lo estamos conseguido con la orquesta colaborando, por ejemplo, con la Filarmónica de París. Otro terreno donde hemos sido referentes y hemos desarrollado fuertes relaciones internacionales ha sido el de la educación, con el servicio educativo de L’Auditori. Con la Cámara, cuando hicimos los sextetos de Brahms, terminaron siendo parte del programa de la Filarmónica de Hamburgo. Es decir, que el contacto está a muchos niveles.
 
El Auditorio, como el Palau, forma parte de la European Concert Hall Organisation. Esto es estar al primerísimo nivel de grandes equipamientos internacionales y supongo que permite generar muchas sinergias que quizá no se generarían.
Sí, es así. Cuando hace dos o tres años decidimos celebrar Beethoven, se creó una subcomisión y yo me encontré junto a los directores artísticos de Amsterdam, Birmingham, Viena... También es muy interesante que las realidades, pese a lo que podamos pensar, a veces son muy similares ya veces muy diferentes. Por ejemplo, en Viena hay dos instituciones que forman parte: con una no tenemos nada que ver (Musikverein) y con la otra encontramos muchos paralelismos (la Konzerthaus).
 
Si ahora no fueras programador del Auditorio, sino de un hipotético equipamiento que tuviera una financiación X. ¿Qué concierto programado?
Yo nunca pienso así, no me pasa nunca porque realmente L’Auditori lo puede hacer prácticamente todo. Otra cosa es que lo tenga que hacer o no. Aquí es donde encontramos los límites, es un tema más que pensar si tenemos que hacer algo y en algún momento determinado. Sí que es nuestra función invertir en nueva creación, hacer crecer la orquesta artísticamente, pero hay ciertas cosas que no son necesarias para nuestros objetivos.
Me preocupa más poder consolidar una realidad humana del colectivo de la orquesta porque hay un proceso desde 2013 aproximadamente, que establece que no se pueden contratar trabajadores públicos, y todas las jubilaciones nos suponen bajas. Esto nos ha provocado una situación límite muy desfavorable, actualmente estamos con 20 plazas vacantes. Por lo tanto, mi preocupación ahora es más como convencer Madrid, que es de donde sale esta ley, que es necesario que podamos llenar estas plazas.
 
¿Querrías que se revisara este abandono?
No hablaría de abandono, parece demasiado fuerte. Me gustaría que se entendiera que no hay ninguna institución como la nuestra, en cuanto a proyección internacional, que no hay ninguna otra asimilable a L'Auditori y que, al mismo tiempo, somos la única de las tres grandes instituciones de Cataluña que no recibimos financiación del INAEM (sólo estamos financiados por el Ayuntamiento y la Generalitat). Que haya unas razones en su orígenes de esto no es cuestionable, pero quizás ahora ya no están tan claras y se deben repensar.
 
¿Hay posibilidades o vías para poder solucionar esta situación?
Si pudiera contestar así de rápido, en las dos semanas que llevo en el cargo, sería un milagro. Pero sí tengo muchas ganas de trabajarlo, de explicar nuestra realidad y nuestras necesidades para darle la importancia que merece a la orquesta. Pero tampoco quiero ser catastrofista, acabamos de incorporar un nuevo concertino increíble y hacía diez años que no teníamos. Esto es lo que no nos podemos permitir.
 
¿En este sentido, la programación que tú haces de la OBC está estrechamente ligada a la dirección artística o musical, o son cosas diferentes?
Debe estar estrechamente ligada. Yo no entiendo la dirección titular de nuestra orquesta sin una relación súper estrecha y construir y generar proyectos juntos. No sé qué diálogos se han producido antes, pero desde mi punto de vista sería inviable así que pensando en el futuro, a partir de ahora se deben producir diálogos constructivos.
 
Para resumir, ¿qué relato hay hasta ahora en L’Auditori y qué relato quieres construir?
Yo creo que L’Auditori hace un cambio muy importante hace 5 años cuando se inicia este proyecto y se crea el Sampler Series. Desde hace 2 años hemos conseguido dotar de personalidad propia una programación de músicas modernas. Por lo tanto, hay una parte de L’Auditori que explosionó y explicó un poco esta voluntad de que quiere llegar a ser. Pero nunca llegará del todo si la orquesta y la banda no se integran como una herramienta más que trabajan estratégicamente hacia el objetivo. Nada puede ser causal o azaroso, todo tiene que estar muy medido y debe haber mucha ambición detrás de crecer conjuntamente. La voluntad no es cambiar lo que hemos hecho, sino potenciarlo y hacerlo extensivo a todo L’ Auditori.
 
¿En casa qué música escuchas?
Ostras, pues de todo. Me ha influido la tradición irlandesa por mi mujer, yo siempre había escuchado mucho rock y punk, y algo más cercana al pop, aunque nunca me ha tirado demasiado. Y siempre me he dedicado a la clásica. Escucho desde música contemporánea a la orquesta y el cuarto, el jazz también me ha interesado mucho hasta crear un club de Jazz. Es un poco ecléctico, soy muy omnívoro con la música.

 
A casa quina música escoltes?
Ostres, doncs de tot. M’ha influït la tradició irlandesa per la meva dona, jo sempre havia escoltat molt rock i punk, i alguna cosa més propera al pop, tot i que mai m’ha tirat massa. I sempre m’he dedicat a la clàssica. Escolto des de música contemporània a l’orquestra i la cambra, el jazz també m’ha interessat molt fins a crear un club de Jazz. És una mica eclèctic, sóc molt omnívor amb la música.

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