Conciertos

5º Fòrum BCN Clàssica: Los secretos de la dirección artística

Sábado 23 Febrero 2019

El Fòrum BCN Clàssica del mes de febrero se celebró el día 20 en el Club Wagner, como es habitual. Esta vez, con la presencia de dos personas que conocen el Gran Teatre del Liceu desde muy adentro: su directora artística, Christina Scheppelmann, y su ex director de marketing, Agustí Filomeno. Moderado por Aina Vega, el foro reunió una treintena de personas que se mostraron muy participativas.

"Esta es la primera temporada de la Schepelmann, y no hay Wagner!". Esta frase la hemos escuchado todos hasta la saciedad y, personalmente, molesta. Quizás porque he tenido el gusto de trabajar con la directora artística del Liceu, especialmente con la concreación del OFF Liceu, y con su director de marketing, Agustí Filomeno. En el encuentro se notó rápidamente la complicidad de ambos personajes, una que a finales de año dirá adiós en el Coliseo de la Rambla para dejar paso a Víctor García de Gomar y el otro que, a pesar de haberse mantenido en el campo de la cultura con clases en masters de gestión cultural y asesoramiento a los Amics de l’Òpera de Sarrià -es un gran melómano y abonado en el Liceu desde hace 20 años-, ahora ostenta el cargo de director de marketing del RCDE.
 
Huelga decir que a Christina Scheppelmann esta afirmación la repele aún más. Sobre todo por dos razones. La primera, que desde el minuto 0, cuando empiezas en una institución con el cargo que sea ya eres responsable plenamente del proyecto (aunque Matabosch hubiera dejado algunos títulos programados, los problemas del día a día los tenía que afrontar ella) y la segunda, porque como profesional asalariada la temporada no es "suya", sino del Gran Teatre del Liceu.
 
Scheppelmann explicó todo el espectro que significa ser director artístico y la necesidad de entender la porosidad de su trabajo respecto a otros departamentos como, por ejemplo, el técnico, comunicación o marketing. "Mi trabajo no consiste sólo en elegir títulos y cantantes", reivindicaba. Se deben mirar las características de las producciones, estar por los artistas, cuadrar horarios de ensayos (cuando se estrena una ópera ya se está ensayando la siguiente), repasar contratos, pensar en qué óperas son más adecuadas para depende de qué época del año, tener en cuenta años precedentes y sucesivos para no repetir y siempre encontrar el equilibrio. Un concepto al que Scheppelmann da mucha importancia: "Este año no hacemos Wagner porque teníamos que hacer Janáček, Casablancas y Händel. Qué saco? Si los pongo a todos juntos, los números no salen". Y hay una responsabilidad muy grande en su cargo referente a los presupuestos. La directora artística ha rendir cuentas con el departamento financiero y la dirección general. "Nada es improvisado, todo está cuadrado al milímetro, desde el número de luces que hay en el escenario hasta el título que abre dentro de tres temporadas".
 
Agustí Filomeno, asiduo al Liceu desde hace 20 años y frecuente desde que era pequeño, comentaba que hay directores artísticos de dos tipos fundamentalmente: los que se creen creadores y los que son gestores culturales. Los primeros son un "bluf", pero si siguen mucho tiempo el teatro se viene abajo. Los segundos son del perfil de Scheppelmann. Ambos han trabajado estrechamente durante años pero lo que valora más Filomeno para poder contribuir en las decisiones del departamento artístico es, en primer lugar "conocer el público, ponerme en su lugar y pensar qué es lo que desea". Una vez se ha hecho un estudio exhaustivo del público se puede intervenir en cuestiones artísticas tales como cambios de día para cuadrar abonos o influir en la programación de una obra en un momento determinado del año: "Si programes L’enigma di Lea en enero en lugar de febrero, pierdes las ventas de Lea y Butterfly, porque Butterfly es el regalo ideal para Navidad". De hecho, "vender entradas es el final del proceso en el departamento". Filomeno ha trabajado muy intensamente el desarrollo de públicos, de manera responsable y al mismo tiempo incentivando las caras nuevas: "Reventar precios o llenar el teatro de invitaciones es no tener respeto por el abonado". Además, defiende que "no es lo mismo ir por primera vez al Liceu al quinto piso sin visión que a segunda fila de platea". Scheppelmann estaba de acuerdo: "La primera vez que fui a la ópera fue con un Don Carlo, en quinta fila, con un ticket de estudiante en Hamburgo. Y fue tan impresionante que repetí de inmediato". La experiencia cualitativa es indispensable en las primeras veces, por eso se favorece que los jóvenes vayan por 30 euros a última hora, en un equilibrio entre lo que pueden pagar y lo que es justo a nivel de coste.
 
"Agustí me pedía 95 funciones al año para abastecer todos los turnos de abono", decía Scheppelmann, para que cada uno tuviera las óperas que le corresponden. Los abonados tienen que cuidar, son tu público fiel, y éste no quiere siempre las óperas de repertorio, "les tienes que dar retos para despertar la curiosidad" y entender que en la contemporánea hay varias estéticas, "no todo es ruido ", tal y como se muestra en el OFF Liceu.
 
Respecto a los cambios de última hora que pide marketing en artística, Scheppelmann explicaba la complejidad que ello supone para cuadrar cantantes, ensayos, funciones... y Filomeno remató: "Cuando Christina habla de" última hora "se refiere a un año y medio antes!". No deja de ser interesante ver cómo se cuece a fuego lento y con tanta previsión, con preprogramacions y reservas de directores y cantantes "que quizás, cuando lo programas está espléndido pero cuando viene el Liceu ya está en caída libre, y te lo tienes que tragar", decía la directora artística.
 
Scheppelmann también defendió que se deben programar artistas de casa porque al ser teatros de staggione y no de repertorio no tienen espacio donde crecer. Justamente le pregunté cuál de los dos modelos prefería, y dijo que cada uno tiene sus características: "Los teatros de temporada como el Liceo tienen 10 títulos y no puedes repetir obras en años, pero en cambio los de repertorio a veces arriesgan poco". Y, como siempre dice Scheppelmann, "lo que funciona en Barcelona no funciona en San Francisco, Berlín o Viena", que ni siquiera tiene departamento de marketing porque las entradas se venden solas.
 
En este sentido, Filomeno incidió en que no existe un modelo europeo sino dos modelos: "El modelo Staatsoper Wien, que no tiene que vender, y la ROH, París o Barcelona, ​​que han de vender". Y Filomeno remata de esta manera: "Lo que no puedes es pretender es ser un teatro que no necesita vender entradas cuando ciertamente sí las tiene que vender". Además, respecto a los públicos, es importante rejuvenecerlo. Desde este punto de vista, desde que Filomeno entró hasta que se marchó rejuveneció los abonados 5 años y el no abonado pasó de tener una media de edad de 51 a 44 años.
 
El público de Barcelona, ​​según Filomeno, es exigente, sabe, tiene ganas de música y es honesto, pero con Scheppelmann estuvieron de acuerdo con una cosa: "Es necesario que aplaudáis más! Por el bien de los cantantes, los músicos, el teatro y el ambiente de la función". "Está comprobado que las funciones donde se aplaude más son mejores cualitativamente", concluía Scheppelmann.

Fotos: Christina Scheppelmann, Aina Vega, Agustí Filomeno (Manel Bertran, Maria José Anglès)

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