Conciertos

II. Winterreise

Miércoles 27 Febrero 2019

El Viaje de invierno, de Franz Schubert es una experiencia sensorial, musical y poética de primer orden. Y más en manos de un intérprete como Matthias Goerne, quien ha hecho, de esta obra que ha interpretado todo el mundo, desde Japón hasta el Empordà, uno de sus caballos de batalla. Ahora lo hará en el Palau de la Música Catalana, acompañado de un extraordinario pianista, Leif Ove Andsnes, en lo que será el segundo de tres recitales dedicados a los ciclos de canciones de Franz Schubert. Un evento imprescindible para todo aquel con inquietudes musicales y culturales.

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Durante 24 canciones, Franz Schubert, en un momento de inspiración casi único en la historia de la música, nos toma de la mano y nos guía por un paisaje físico y emocional que nos hiela el alma. Un viaje que comienza con un adiós (Gute Nacht), con una renuncia al amor que desemboca en una búsqueda personal aterradora. El viaje, como concepto, ha sido utilizado, desde la literatura medieval, como símbolo del transcurrir de la vida, de la experiencia humana. Es, probablemente, la gran metáfora de la cultura occidental y el germen de la novela, género sobre el que pivota buena parte del imaginario europeo. Schubert se integra en esta tradición para crear, con esta obra, el ciclo de canciones más importante de la historia de la música.

Según Matthias Goerne, contrariamente a lo que a menudo se interpreta, Viaje de invierno, a diferencia de La bella molinera, el ciclo anterior, también escrito a partir de la obra poética de Wilhelm Müller, es una obra que termina con una chispa de esperanza. Si en el primer ciclo, de perfume primaveral, la pasión juvenil conduce inevitablemente a la muerte, al todo o nada, a Winterreise, a pesar de que nuestro personaje, más maduro, se sumerge en la soledad más abismal, al final de su trayecto, y por primera y única vez en todo el ciclo, encuentra a otro ser humano. Un músico vagabundo (Der Leiermann) que, con su ejemplo, otorga un sentido a la vida y una brizna de esperanza a nuestro protagonista. El hacer música, crear, crear belleza.

Schubert escribió la obra en dos veces al año de su muerte. Fue el preludio de las grandes creaciones de los últimos meses de su corta vida. Inicialmente adaptó un primer libro de Müller aparecido en 1823 y, una vez lo terminó, descubrió una segunda parte editada un año más tarde. De hecho, la tarea que ocupó sus últimos días fue la corrección de la edición de esta segunda parte de la obra. Las primeras doce canciones fueron publicadas en vida del autor, en enero de 1828, mientras que las doce restantes ya lo fueron a título póstumo, sólo seis semanas después de su muerte. El compositor era bien consciente de la profundidad y trascendencia de la obra, tanto es así que, en interpretarlas en una de sus famosas schubertíadas, a la que invitó a sus amigos para dar a conocer el ciclo y, sorprendido por la fría respuesta de estos, afirmó con inusual arrogancia: "a mí estas canciones me gustan más que todas las demás y estoy seguro que a vosotros también os acabarán gustando".

La acogida, entre la frialdad y la sorpresa, de sus amigos es comprensible por el tono sombrío y, en algunos casos, críptico de algunas de las canciones. Viaje de invierno, en cierto modo, empieza allí donde termina La bella molinera. Nuestro protagonista, como en el ciclo anterior, es rechazado por su amada. Pero en lugar de un camino hacia la muerte emprende un viaje físico y espiritual por paisajes helados y desolados en busca de un sentido a la experiencia humana que lo conducirá por experiencias radicales, casi místicas, como se puede percibir en canciones tan visionarias y alucinadas como Die Krahe o Die Nebensonnen.

Winterreise es una de esas pocas, escogidas creaciones artísticas de todos los tiempos, en las que uno se puede sumergir durante toda una vida y encontrar cada vez, en cada momento, un nuevo sentido, nuevas dimensiones, nuevos mensajes y diferentes interpretaciones. Es una obra que te interpela directamente, como La divina comedia o En busca del tiempo perdido, como las Cantatas de Bach, las Sinfonías de Beethoven o El anillo del nibelungo wagneriano. Sin lugar a dudas, la más grande creación liederística de todos los tiempos.

Matthias Goerne y Leif Ove Andsnes nos guiarán por el invierno Schubert en el Palau de la Música el día cinco de marzo. No dudeis en acompañarlos. El viaje vale la pena.


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Foto: Matthias Goerne i Leif Ove, Schubert

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