Conciertos

'Vier letzte lieder' con Ainoha Arteta y la OCM

Domingo 21 Abril 2019

Este domingo 28 de abril, después de ir a votar, tenemos cita con la Orquestra Simfònica Camera Musicae, que ratifica su sinfonismo el Palau de la Música Catalana junto a Ainoha Arteta, con lieder orquestales de Strauss, aparte de obras de Beethoven y Schumann.

En 1948, Richard Strauss era muy consciente de que la muerte lo secuestraría pronto, después de una larga, prolífica y sustancial experiencia vital que significaría poner cartel de "Geschlossen" en el post-Romanticismo tardío. Por ello, sus cuatro últimas canciones son, a la vez, una despedida y una aceptación de su destino. Richard Strauss moriría en 1949 con la misma intuición vital que había tenido en componer Tod und Verklärung. El compositor, que inició el siglo con una energía radical y revitalizadora, volviendo a hacer revivir los clásicos de la mano de Elektra y Salomé, seguramente impregnado de la audacia creativa que caracterizaría la intelectualidad europea pre-Gran Guerra, "volvería a la orden" sin perder el interés y la sensibilidad en la relación entre la música y la literatura, como demostraría, primero, con Sófocles, Oscar Wilde o Hugo von Hofmannsthal y, posteriormente, con Hermann Hesse y Joseph von Eichenorff.
 
Precisamente estos dos últimos son los autores de los poemas que Strauss puso música a Vier letzte lieder, compendio de cuatro canciones a las que dio coherencia su amigo y editor Ernst Roth, y que estrenarían póstumamente bajo la batuta de Furtwängler, en 1950. Son canciones llenas de serenidad, aceptación y sentimiento de completud fruto de una satisfacción y calma vital en la madurez. "Frühling" (Hesse) comienza como un día lluvioso de abril en el que poco a poco van surgiendo los rayos de luz, entre las nieblas de la propia senectud en el momento en que la naturaleza reaviva. Por su parte, "September", también de Hesse, denota la rebeldía de los últimos brotes de verano y la proximidad al yermo otoño, mientras que "Beim Schlafengehen" nos conduce a una calma necesaria después de un día cansado, no ausente de nostalgia, patente en los violines elegíacos y la elasticidad de la línea de la soprano. Finalmente, el poema de Eichenforff, "Im Abendrot", con un inicio orquestal melancólico, se sitúa al atardecer como preludio de la noche, "to sleep, perchance to dream - ay, there 's the rub, for in this sleep of death what dreams may come ..." (Shakespeare), suavemente, hasta el fin.
 
Ainoha Arteta hace más de diez años que tiene estas canciones con orquesta en repertorio. Su luminosa voz y el brillo de la OCM deberán esforzarse en dotar de una pátina grisácea los colores que lucen en la sala modernista. La experiencia de la soprano vasca, que ha pisado los mejores escenarios del mundo, con una larga carrera operística y en el mundo del lied y el recital que la han coronado como una de las más prominentes en el Estado. Pero, además, su frescura y espontaneidad, técnica envidiable y presencia escénica nos garantizan una vivencia de lo más interesante del mejor Strauss.
 
La Obertura Egmont de Beethoven es uno de los primeros homenajes que los románticos harían al gran Goethe. Esta música incidental tiene origen en la tragedia de 1787 que hoy, con los hechos que vivimos en nuestro país, podría ser de estricta actualidad. Narra la historia del conde de Egmont, uno de los mil condenados a muerte por el Tribunal de los Tumultos instaurado por Felipe II de España y el Duque de Alba. Una temática muy adecuado para combatir musicalmente las Guerras Napoleónicas que asolaban Europa cuando se compuso y una buena oportunidad para Beethoven de expresar las propias convicciones políticas, con la exaltación del sacrificio heroico de un hombre condenado a muerte por enfrentarse el opresor. Si Beethoven fuera del siglo XXI, tal vez habría defendido la causa catalana con la serie de multifónicos "Die lächelnde Revolution".
 
Finalmente podremos disfrutar de la Sinfonía op. 61 núm. 2 en Do mayor de Robert Schumann, una muestra más que el dolor del alma puede conducir a genialidades. El tono gozoso con que la dotó el compositor nos remite una vez más el triunfo de Beethoven contra el destino y el pesimismo tal y como describe él mismo en el testamento de Heiligenstadt. La débil salud de que disponía Schumann no se filtró paso por las melodías y armonizaciones de la sinfonía, que desprende alegría y esplendor, incisividad y frescura. El 1845, momento en que se compuso la segunda sinfonía, fue decisivo para la carrera compositiva de Schumann, cuando empezó a concebir la obra completa a su mente en lugar de depender tanto del piano.
 
Celebramos el camino que está siguiendo la Orquestra Simfònica Camera Musicae, que dibuja una trayectoria ascendente, sólida y coherente con su ideario, ofreciendo propuestas deliciosas que encuentran el equilibrio entre el gusto del público, el de los músicos y el del mismo maestro Tomàs Grau que, aparte de hacer maravillas con la OCM, se está forjando una carrera internacional muy notable.

 
 Fotos: Ainoha Arteta, OCM

Últimas noticias