Conciertos

Iveta Apkalna, diálogo entre Bach y Glass en el Palau

Lunes 6 Mayo 2019

El Barroco y el Minimalismo son dos estilos que a priori no podrían parecer más alejados. La organista Iveta Apkalna nos demostrará que tienen muchos puntos en común, en un recital en el Palau de la Música en el que alternará obras de Johann Sebastian Bach y Philip Glass.
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Iveta Apkalna, organista titular de la Elbphilharmonie de Hamburgo, es una intérprete muy solicitada por las más prestigiosas salas de concierto, iglesias y catedrales. Aparte de las obras más tradicionales, la música contemporánea es una parte importante de su repertorio. Ha estrenado obras de compositores actuales como Wolfgang Rihm o Jörg Windmann (este último será compositor invitado a la próxima temporada del Palau de la Música) y entre otros proyectos de futuro tiene previsto estrenar una nueva obra de Philip Glass, compositor invitado (junto con Josep Maria Guix) de la actual temporada del Palau. Precisamente la música de Glass será uno de los ejes del recital que Apkalna ofrecerá el próximo 10 de mayo en el Palau de la Música Catalana, dentro del ciclo de once conciertos que se han programado en torno a su obra y que culminará este mes con la presencia del compositor y la interpretación de su ópera Einstein on the Beach. El otro eje será la música de Johann Sebastian Bach.

En la cultura popular el sonido del órgano está estrechamente asociado a la música de Bach, y muy especialmente a la famosa Tocata y fuga en Re menor, BWV 565. La habilidad de Bach como organista e improvisador es clave para comprender su estilo y la forma de sus obras, que se basan en gran medida en la técnica del contrapunto, es decir, la superposición de múltiples voces (melodías) que se mueven con independencia pero que juntas deben respetar la armonía. La música de Glass también depende de su faceta como intérprete, de "el acto físico de tocar", como afirma en sus memorias, que determina su método de composición. El programa preparado para Apkalna intercala tres obras de Glass (Music in contrary motion, Danza núm. 4 y la escena final de la ópera Satyagraha en un arreglo para órgano) entre cuatro de Bach (la Tocata, adagio y fuga en Do mayor BWV 564, la Passacaglia en Do menor BWV 582, el Preludio y fuga en Re mayor BWV 532, y la ya mencionada Tocata y fuga en Re menor), poniendo de manifiesto algunas diferencias y semejanzas entre ambos compositores. En ambos casos encontramos un énfasis en la forma. Son obras basadas en motivos (los sujetos y contrasubjectes de las fugas de Bach y las celdas motívicas de Glass, por ejemplo) que se originan en el teclado y a partir de los cuales la estructura crece de forma totalmente lógica. En cambio, el sentido de la dirección, que Bach consigue en sus fugas a partir de las entradas de las diversas voces o de las progresiones armónicas, parece diluirse en las interminables repeticiones que forman las obras de Glass. El flujo rápido y constante de las notas contrasta con la sensación de inmovilidad que produce la repetición. Y, sin embargo, hay cambios -motivos que acortan o se alargan, adición o sustracción de notas, repeticiones dentro de las repeticiones- que quedan escondidos en el torrente de notas pero que igualmente se perciben, produciendo esa sensación característica en la música de Glass de algo que avanza sin moverse.

Music in contrary motion es un buen ejemplo. La melodía está limitada a un rango de tan sólo cinco notas consecutivas (la, si, do, re y mi) y cada mano hace una voz a partir de ellas (en octavas diferentes). Estas voces, sin embargo, no son independientes, porque una hará siempre el movimiento contrario de la otra: si una sube de la a si, la otra bajará de mi a re. Este principio se aplica de forma estricta a toda la obra, por lo que las únicas parejas de notas que podremos escuchar simultáneamente debido a la superposición de las voces serán: la-mi, si-re, do-do, re-si , mi-la.

Estas limitaciones, más el ritmo constante y las repeticiones, son lo que da la sensación de inmovilidad de la pieza. La variedad viene dada por la ampliación que va sufriendo la secuencia inicial de 28 notas y los patrones rítmicos que se van formando. A medida que la secuencia se alarga, más difícil nos resulta distinguir entre lo nuevo y lo repetido, y más intensa es la sensación de desorientación. En Danza núm. 4, el contrapunto vuelve a ser el elemento clave para jugar con nuestra percepción del tiempo y del movimiento, ahora con el añadido de una tercera voz y con cambios de ritmo. La interacción entre las tres voces y la pérdida de una referencia temporal que provocan las repeticiones suficientemente largas generan el efecto de capas de notas que se desplazan a velocidades diferentes: algunas se adelantan, otros se retrasan, y también pueden aparecer o desaparecer bruscamente con una nueva secuencia de repeticiones. Es una sensación que en algunos momentos puede resultar similar al efecto que se produce cuando miramos una rueda en movimiento y, para ciertas velocidades, la parte interior parece girar en sentido contrario al resto.

Tanto Music in contrary motion (1969) como Danza núm. 4 (1979) son originales para órgano, en cambio, el final de la ópera Satyagraha que interpretará Apkalna es un arreglo de Michael Riesman, habitual colaborador de Glass. El nombre de esta ópera -la segunda de una trilogía sobre hombres que han cambiado el mundo desde los ámbitos de la ciencia (Einstein), la política (Gandhi) y la religión (Akhenaton) - hace referencia a la doctrina de la resistencia no-violenta desarrollada por Gandhi durante los años que ejerció como abogado en Sudáfrica. El último acto, dedicado a la Marcha de New Castle -el primer gran éxito de los satyagrahis-, termina con la "Canción Vesprals" que entona Gandhi, una oración en sánscrito extraída del Bhagavad Gita y con un texto que nos lo identifica con una deidad que se reencarna y baja a la Tierra cada vez que hay que reestablecer allí la justicia. En este contexto, las repeticiones de la melodía ascendente del cantante y de los motivos circulares que lo acompañan se convierten potentes símbolos.


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Fotos: Iveta Apkalna, Philip Glass. 

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