Conciertos

Por una vez, una arpa

Miércoles 15 Mayo 2019

El piano es el instrumento de acompañamiento más habitual en la canción desde finales del siglo XVIII; la inmensa mayoría de obras han sido escritas e incluso continúan escribiéndose para voz y piano. De vez en cuando, sin embargo, otros instrumentos (o formaciones) ocupan su lugar, bien con partituras originales, bien con transcripciones. La soprano Diana Damrau y el arpista Xavier de Maistre han presentado durante los últimos diez años diversos programas de canción para voz y arpa que exploran las posibilidades que ofrece el repertorio para este instrumento acompañante; la gira que hacen durante el mes de mayo con un nuevo programa se detendrá el jueves 22 en el Palau de la Música Catalana.

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Un programa que comienza con la música clara y elegante de Felix Mendelssohn; el primer lied, Auf Flügeln diciembre Gesang, es una invitación a dejarse llevar por la música, a visitar un jardín que se nos presenta como una fuente inagotable de placeres. Hagámosle caso! Otro lied del mismo opus 34, Suleika, nos desvela una de las figuras femeninas que esconde el programa: Marianne von Willems, la autora del poema, que Goethe hizo pasar por su cuando publicó Diván de Oriente y Occidente. No como apropiación indebida sino como una manera de difundir unos versos que difícilmente se habrían publicado de otra manera. La misma estratagema que empleó Mendelssohn para publicar algunas obras de su hermana Fanny; por ejemplo, Die Nonne, op. 9/12, uno de los lieder que escucharemos al recital (y, seguramente, uno de los más tristes). Pagenlied, WoO. 17/2, con poema de Eichendorff, nos habla de un paje que acompaña su serenata con una mandolina, uno de los instrumentos tradicionales para acompañar canción que, como el arpa o la lira, encontramos a menudo a los poemas y en las canciones que inspiran. El piano suele evocar el sonido y el toque de la mandolina y en esta ocasión tendremos ocasión de escuchar la reinterpretación del arpa, un instrumento que en principio le es más cercano.
 
Las canciones de Serguéi Rajmáninov suelen convivir en armonía con las de Mendelssohn, a pesar de las décadas que los separan. Quizás por el vínculo con la tradición romántica del compositor ruso, tal vez por su escritura depurada o quizás, en el caso de las canciones elegidas por los intérpretes, por la recreación de atmósferas comunes. Así, en la primera canción de su bloque, Siren’, op. 21/5, las lilas del título son una promesa de felicidad como lo era el jardín del primer lied de Mendelssohn, mientras que Noch 'pechal'na, op. 26/12 (el único de los cinco romances del recital que no pertenece al opus 21) y Sumerki, op. 21/3, comparten con Der Mond, op. 86/5, de Mendelssohn, la necesidad del poeta de encontrar refugio y paz en la noche. El bloque de canciones se cierra con Zdes 'khorosho, op. 21/7, una de las canciones más conocidas de Rajmáninov. Y con toda justicia, porque es bellísima, tan íntima y contemplativa como apasionada.
 
El último apunte ruso nos lo llevará el compositor Vladimir Vlasov, nacido en Moscú, que desarrolló buena parte de su carrera en Kirguizistán durante los difíciles años 30 y 40 del siglo pasado. Dicen que el palacio del Khan a Bakhtxisarai, en Crimea, continúa en pie gracias a Pushkin, que lo inmortalizó con su poema La fuente de Bakhtxisarai; la canción que compuso Vlasov, con sus frases amplias y el rumor del agua en el acompañamiento, nos cuenta la historia de la pequeña fuente, conocida también como "fuente de las lágrimas".
 
El resto del programa, en cuanto a la canción, está dedicada a la melodía, con un par de piezas que podríamos llamar "infiltradas". El primer bloque lo forman cuatro canciones de Reynaldo Hahn, contemporáneas de las de Rajmáninov, y continúan trenzándose afinidades con los compositores anteriores. En la festiva Fêtes galantes (no podría ser de otra manera con este título) vuelven las serenatas con mandolina, ahora con versos de Verlaine; vuelven también las lilas, con Mai, y si Die Nonne muere por amor, en L’énamourée, la fuerza del amor devuelve una vida. Y antes, la exquisita Nocturne se suma al resto de escenas nocturnas del programa.
 
Cuesta imaginar dos estilos más diferentes que los de Hahn y Francis Poulenc. De hecho, cuesta imaginar también estilos más diferentes entre ellos que los del imprevisible Poulenc. La courte-paille compuesto en 1960, es su último ciclo, dedicado a Denise Duval, la soprano con quien había colaborado en tantas ocasiones. La dedicatoria nos define claramente el ciclo: "a Denise Duval, para que las cante a su hijo de seis años". Las siete comptines, pequeñas canciones infantiles, alternan canciones de cuna con otros que mantendrán al niño bien despierto. Por ejemplo, nos hablan de un elefante en un carruaje tirado por una pulga, o de una garrafa que sueña con tener una garrafita cuando se entera de que una jirafa ha tenido una jirafita. Hay muchos motivos para incluir esta pequeña joya en un recital, pero en este caso puede que haya tenido que ver que en la penúltima canción del ciclo, Les anges musiciens, los ángeles tocan Mozart con sus garras y hacen cantar a la dulce lluvia.
 
Entre Hahn y Poulenc, una de las piezas "infiltradas", la Vocalise en forme de habanera de Maurice Ravel, un estudio exigente tanto para la voz como, en este caso, el arpa. La otra es del mismo Poulenc; la obra que cierra el programa, La dame de Monte-Carlo es un monólogo originariamente para piano y orquesta (estrenado precisamente por Denise Duval), donde el compositor evoca con su ironía y ternura habituales los tiempos de entre guerras.
 
Completan el programa dos piezas para arpa sola que debemos a la artista, compositora y pedagoga Henriette Renié. Habiendo desarrollado su carrera durante la primera mitad del siglo XX no debía tenerlo fácil tampoco como mujer, pero al menos no tuvo que usar su pareja o su hermano como tapadera. En la primera parte del recital tendremos ocasión de escuchar Le rossignol, la transcripción para arpa de Reine de una obra para piano de Franz Liszt que a la vez es la transcripción de una canción del compositor ruso Alexander Aliàbiev; en la segunda, Légende, una obra en este caso original de la compositora.
 
En definitiva, un programa bien estructurado, construido con inteligencia al servicio del instrumento acompañante, que nos invita a descubrir nuevos timbres en el dúo voz-arpa y disfrutar de una manera diferente de piezas a menudo bien conocidas.


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Fotos: Diana Damrau, Xavier de Maistre.
 

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