Conciertos

Einstein en el Palau

Jueves 6 Junio 2019

Ictus Ensemble, Collegium Vocale Gent y Suzanne Vega trajeron al Palau la emblemática ópera de Philip Glass, Einstein on the Beach, en una versión con elementos escénicos mínimos que centraba toda la atención en la música y los intérpretes y que cautivó a los espectadores durante más de tres horas ininterrumpidas.

La visita de Philip Glass el pasado 21 de mayo fue uno de los momentos más esperados del ciclo que el Palau de la Música Catalana le ha dedicado como compositor invitado y, probablemente, de toda la temporada. Un concierto emotivo por la presencia del compositor en el escenario y también muy especial para la colaboración del Orfeó Català. El entusiasmo del público -que había agotado las entradas- certificaba un éxito de aquellos que hacen historia, más aún tratándose de un compositor vivo. Sin embargo, no hubo que esperar ni una semana para repetir con Einstein on the Beach un éxito que, si bien no fue tan unánime, fue más significativo por la exigencia física y mental que supone una obra de esta magnitud.

Creada conjuntamente por Philip Glass y el director de escena Robert Wilson, Einstein on the Beach (1976) es una obra que desafía todas las expectativas: no hay argumento, el texto cantado consiste exclusivamente en números - "one, two, three, four” - y nombres de notas- "la, sol, do"-, y los narradores recitan textos sin sentido. Se ha dicho que es una ópera sobre Einstein sin Einstein y que resiste todos los intentos de encontrar una explicación que, según Glass, no es necesaria. Pero si la ausencia de argumento puede desorientar, los diseños originales de Wilson proporcionaban referencias inequívocas a partir de elementos que popularmente se asocian al científico ya sus teorías del espacio-tiempo: en el escenario aparecían trenes ( Einstein los utilizaba en sus textos divulgativos para ilustrar los conceptos de movimiento relativo y simultaneidad), naves espaciales y una explosión nuclear (de hecho, el título hace referencia a la novela On the beach de Nevil Shute, que narra las consecuencias de una guerra nuclear). Además, la importancia de la luz en la producción de Wilson reflejaba el papel central que tuvo en los trabajos de Einstein (efecto fotoeléctrico, láser y teoría de la relatividad). Nada de esto se vio en el Palau, donde se presentó una versión de concierto con escenografía de Germaine Kruip y dramaturgia de Maarten Beirens que trasladaba el conjunto instrumental del foso en el escenario y centraba toda la atención en los músicos. El coro, que restó en escena durante toda la representación, iba cambiando de posición y cuando no cantaban descansaban sentados en diferentes puntos o se movían por el escenario. Las diversas voces narrativas se unificaron en una sola, que corrió a cargo de Suzanne Vega. Los movimientos de los focos y, hacia el final, los reflejos de unos espejos que hacían girar los mismos músicos retornaron a la luz parte de su protagonismo.

La ausencia de la simbología introducida por Wilson y de la coreografía original de Lucinda Childs -que tan bien encajaba con la música de Glass- hizo aún más hermética la obra, especialmente para el público que la veía por primera vez. Por otra parte, esta falta de referencias visuales facilitaba una inmersión plena en la música y ofrecía una manera complementaria de escuchar la obra. Ver en el escenario los miembros del Ictus Ensemble dirigidos por Georges-Elie Octors y Tom De Cock (mientras un marcaba el compás el otro llevaba la cuenta de las repeticiones y daba las entradas) permitía darse cuenta de la extrema dificultad que se esconde detrás de la aparente simplicidad de la música. Cabe destacar las interpretaciones de los teclistas Jean-Luc Fafchamps y Jean-Luc Plouvier, que prácticamente no descansaron, y del violinista Igor Semenoff, que se hizo cargo de una parte que es importante a nivel estructural por los temas que introduce, pero también a nivel simbólico, ya que es el instrumento que representa a Einstein, él mismo violinista aficionado. En cuanto a la parte vocal, el Collegium Vocale Gent ofreció una interpretación extraordinaria, intensa y precisa de la agotadora partitura. La conocida cantante folk Suzanne Vega aparecía como reclamo en las imágenes promocionales y es posible que alguien se llevara una sorpresa al descubrir que su papel era el de narradora. Pero qué narradora! Recitó los textos con una gran sensibilidad, tanto por el ritmo como por la entonación, y logró convertirlos como un elemento musical más.

Sin embargo, Einstein no estuvo del todo ausente, ya que en el estilo musical de Glass, y muy especialmente en las técnicas desarrolladas en el primer periodo que culmina con esta obra, podemos encontrar varios paralelismos con la Teoría de la relatividad Especial. A pesar de toda el aura que la rodea, no es más (ni menos) que un modelo para describir acontecimientos desde el punto de vista de diferentes observadores en movimiento relativo. La simetría está en el corazón de esta teoría que, a pesar de sus sorprendentes consecuencias, se basa exclusivamente en dos sencillos postulados y la máxima dificultad matemática que presenta son las raíces cuadradas (la relatividad general ya es harina de otro costal). Del mismo modo, la estructura de Einstein on the beach presenta un elevado grado de simetría a diferentes niveles, y esencialmente está construida a partir de sólo tres temas (visuales y musicales). Podríamos establecer también un paralelismo en el tratamiento que hacen del tiempo: una de las consecuencias más sorprendentes de la teoría de la relatividad es que el tiempo transcurre a velocidad diferente para diferentes observadores. Este fenómeno (que no podemos percibir a menos que nos movamos a velocidades muy grandes, comparables a la de la luz) se ha intentado explicar en textos de divulgación a través de analogías, y también en películas como Interestellar, pero queda irremediablemente fuera de nuestra experiencia humana. Sin pretensión de rigor científico por parte del compositor -y probablemente inconscientemente-, las largas secuencias de repeticiones que cambian imperceptiblemente nos proporcionan una forma de experimentar esta alteración del paso del tiempo, aunque sólo sea en el nivel de nuestra percepción subjetiva. Por último, podemos encontrar una última e involuntaria referencia a Einstein en la primera escena del juicio. Si tenemos presente el contenido de las cartas entre él y su primera esposa, Mileva Marić, el texto del manifiesto feminista que el actor Samuel M. Johnson escribió para las funciones de 1984 toma un tono irónico y nos recuerda que incluso todo los personajes más admirados necesitan periódicamente una revisión crítica.

Una representación completa de Einstein on the Beach bordea las cinco horas de música ininterrumpida y en el Palau, eliminando los fragmentos innecesarios en versión concierto, se quedó en tres horas y media. De ahí -así lo especifica Glass-, el público tiene permiso para entrar y salir libremente de la sala durante la representación. Debían haber pasado unos quince minutos cuando se produjeron los primeros movimientos en la sala modernista, momento a partir del cual las salidas y entradas se fueron produciendo con regularidad y con un cuidado y un silencio absolutamente ejemplares. Aunque muchos de los espectadores ni siquiera abandonaron la sala durante toda la representación, el flujo de entrada era siempre ligeramente inferior al de salida y la sala, que había empezado a reventar, mostraba al final un aspecto muy digno a pesar de los numerosos asientos vacíos. La resistencia tuvo recompensa para aquellos que se quedaron hasta el final: las más de tres horas son necesarias para aprender a escuchar los cambios que se esconden detrás de las interminables repeticiones. E incluso lo que no ha cambiado ya no nos suena igual. Es por este motivo que, cuando llegamos al “Knee play 5” que cerraba la ópera, la repetición idéntica del primer tema de la obra (una sencilla progresión la - sol - do) podía llegar a producir una intensa emoción. Quedaba, sin embargo, una última vuelta de tuerca: el coro se añadió al violín con el tema del “Knee play 2” (una evocativa melodía de estilo tradicional sobre la misma progresión) y Suzanne Vega recitó el último texto, de carácter reflexivo -y, este sí, coherente-, que proporcionaba una placentera sensación de conclusión. El público respondió de manera inmediata levantándose de la silla y aplaudiendo intensamente, un justo reconocimiento a la impecable interpretación que ofrecieron el Ictus Ensemble, el Collegium Vocale Gent y Suzanne Vega.


Fotos: Einstein on the Beach (portada, ACN), Suzanne Vega, Ictus Ensemble, el Collegium Vocale Gent, Philip Glass.

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