Conciertos

Hay cosas que sólo las puedes cantar si has vivido

Viernes 21 Junio 2019

El último Fòrum Barcelona Clàssica tuvo lugar el miércoles 19 de junio en el Club Wagner con invitados de excepción como el mánager de cantantes más importante de España, Miquel Lerín, la soprano Júlia Farrés y el tenor David Alegret. El debate, que contó con una alta participación, versó sobre “Los retos de la interpretación lírica actual”. Aina Vega ejerció de moderadora y ofreció el marco conceptual a partir del cual se discutió todo.

La música, ya desde sus orígenes, ha estado siempre ligada a la palabra. Poesía y música están intrínsecamente relacionadas por el ritmo, pero también por la sonoridad que se desprende del recitado de las palabras que, combinadas, confieren al conjunto una determinada musicalidad, especialmente apreciada en la modernidad, tras la aparición de la poesía simbolista y el abandono de la rima. Adorno sitúa los orígenes de la música en “el gesto i el lamento” que, con la aparición del lenguaje, devienen cantos de guerra y amor entre los hombres y los dioses. En Grecia, tanto la épica homérica, el canto de guerra recitado al son del aulós, como la posterior lírica –término que, recordémoslo, viene de lira- se recitaban siguiendo versos de unidades métricas fijas, los pies, como el yambo o el troqueo. La misteriosa relación entre palabra y música que se establece en el coro trágico atravesó los siglos hasta provocar la fascinación de Nietzsche, por su capacidad de interpelar a los héroes –y al demos ateneniense- con su fuerza catártica. Los cantares de gesta de la primera Edad Media, como el Nibelungenlied o la Chanson de Roland, enaltecen hacia la categoría de mito los brutales conquistadores hambrientos de gloria. El escenario musical pronto será la iglesia, donde deviene fundamentalmente el paso de la monodía a la polifonía a partir de la confluencia de diferentes voces, que se supeditarán a un texto sacro que a menudo recorre a los melismas para poder conseguir el encaje entre música y palabra. Y, mientras en la casa del Señor el cantus firmus de la misa del Homme armé ayuda a los fieles a ganarse el cielo, el trovador busca a la infiel trovando las palabras ante la casa del señor feudal. Pero el género que elevará a la máxima categoría la unión entre música y palabra será la ópera. En el Barroco se dan las condiciones necesarias para el nacimiento de un género que terminará por sintetizar todas les artes bajo una misma batuta: en el gran teatro del mundo, la vida es sueño (Calderón de la Barca). Las óperas barrocas y, en gran medida las clásicas, mantienen el recitativo con una base de bajo continuo entre aria y aria. Incluso el primer Mozart nos ha dejado testimonio de un Singspiel como Die Entführung aus dem Serail (1782), donde el bajo continuo desaparece y el recitativo se convierte en una obra de teatro con arias que lo complementen, como indica bien su nombre. Después del Romanticismo, la ópera wagneriana unirá aún más intrínsecamente la palabra y la música, haciendo que el conjunto harmónico-melódico resulte tan narrativo como la propia palabra –o, incluso más- y dejando obsoleto el recitativo. El viejo lied compartirá reparto con la ópera convirtiéndose en la joven promesa del Romanticismo, que hace de la canción popular el exquisito divertimento de una burgesía que se deleita por sentir, en voz de soprano o tenor, los versos de un Wanderer escindido entre el Yo y el mundo. Aún quedan lejos el Sprechstimme o Sprechgesang de Schönberg, que pueden ser considerados un retorno purificado al lamento originario.
 
Júlia Farrés, aún así, afirmava: “Si la música está bien escrita, no hacen falta las palabras”. Pero el cantante lírico está ligado al texto. David Alegret remarcó que en la carrera de un cantante lo más importante es la técnica: “Eso es lo que convierte una carrera en longeva”. En la ópera, la palabra tiene mucha importancia, pero queda aumentada por el volumen de la música. En cambio, en el lied, la esencia es la palabra, que usa la música para expresarse. De hecho, los dos artistas estaban convencidos de que se tiene que tener mucho respeto por las otras lenguas: “Cuando cantas en alemán no es nunca lo mismo que hacerlo en catalán, la lengua materna”. La dicción es muy importante, concluyeron.
 
Miquel Lerín ha visto una evolución en la carrera de los cantantes, que ahora es “más acelerada y todo se convierte en una cuestión más banal y sin profundidad”. Además, Lerín puso sobre la mesa un tema imprescindible: “Hay muchos cantantes, pero hay muy pocos que puedan enseñar técnica vocal”. Porque, además, según Alegret, la técnica y el proceso de aprendizaje depende tanto del cantante como del profesor: “Lo que se necesita es paciencia y constancia”.
 
“Si eres bueno en belcanto lo puedes cantar todo”, de hecho, “Bellini es el compositor más difícil vocalmente”, afirma tajantemente Lerin, y continúa, “hay cosas que sólo las puedes cantar si has vivido”. Los tres ponentes estuvieron de acuerdo en que lo más importante en la carrera de cantante es saber decir que no cuando no estás preparado para un rol, aunque haya mucha competencia “y la gente tenga que comer”.
 
Se trató también el papel del director de escena y hasta qué punto los cantantes están supeditados a su voluntad, así como a la del director musical. “A veces te encuentras con directores que no conocen bien la ópera y te hacen hacer cosas que no están en concordancia con el libreto o la música, pero también hay otros que lo tienen todo clarísimo y lo ven de forma cristalina e imaginativa”. Por lo tanto, lo importante es que haya un diálogo a cuatro bandos: director artístico/director musical/director de escena/cantante. “Tienes que ser inteligente y llevarlo a tu terreno”, dice Alegret y Lerín añade: “La peor pregunta que le puedes hacer a un director de escena es por qué?”. La parte escenográfica puede llegar a ser una tortura en determinados momentos de la carrera de los cantantes pero a la vez es su mejor baza, porque en el lied está junto al pianista con total desprotección.
 
En el debate se remarcó especialmente que se debe tener un gran respeto y comprensión de la música y, como decía Farrés, “cantar es un trabajo de orfebrería: siempre estás aprendiendo”. Pero es cierto que hoy día hay una urgencia en quemar etapas. Todos tenemos que ser conscientes de dónde estamos, en qué momento estamos y con quién estamos y avaluar bien las decisiones en un trabajo que, finalmente, lo que requiere con mayor premura es “el talento y el respeto”, como decía Waltraud Meier.

Fotos: Club Wagner, David Alegret, Miquel Lerín, Aina Vega, Júlia Farrés (c Jeroni Oliva i Hadda Haddae)

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