Conciertos

Un violín de oro

Martes 25 Junio 2019

El último concierto de la temporada Ibercàmera en L’Auditori nos ha ofrecido uno de los mejores violinistas de la actualidad: Leonidas Kavakos, en la doble vertiente de solista y de director, al frente de la Orquesta Sinfónica de Viena. El programa que interpretaron fue la esencia del Romanticismo, con el Concierto para violín de Mendelssohn y la Sinfonía núm. 1 de Brahms. Sin duda, Kavakos es un violinista excepcional y la Sinfónica de Viena es una orquesta fabulosa, pero las habilidades de Kavakos como director son discutibles.

Después de interpretar las sonatas de Brahms y de Beethoven, Leonidas Kavakos ha vuelto a Barcelona con música sinfónica. Lo ha hecho con una de las mejores orquestas europeas, la no tan famosa Sinfónica de Viena. Esta vez aparecía en el escenario con el violín pero también en el centro para hacer de director vez. El concierto de Mendelssohn, uno de los más populares para este instrumento, es una obra que el compositor acabó en 1844, en la etapa final de su vida. Su música está impregnada de un romanticismo prístino, apolíneo y delicado, para el que el sonido de Kavakos es ideal.
 
El estilo de Leonidas Kavakos se caracteriza por la pureza del sonido. Sabe expresar la máxima emoción con un sonido delicado y sencillo, sin grandilocuencia, sin virtuosismo, sin ostentación. En el Andante hizo unos pases de arco largas y muy inspiradas. El estilo de Kavakos podría parecer frío, pero no lo es. Sin ser arrebatado, es apasionado e hizo algunos errores ínfimas que otorgaron aún más humanidad a su interpretación. Sin duda, Leonidas Kavakos es uno de los gigantes del violín de la actualidad. Como bis nos deleitó con un movimiento de una partita de Bach, el compositor que era el ídolo justamente de Mendelssohn.
 
La Sinfónica de Viena, a pesar de no tener el renombre de su conciudadana, es una orquesta de primerísima línea, con una cuerda brillante y espectacular, y una precisión fantástica en la ejecución de cada frase. Kavakos, desde el violín, dirigía como podía una orquesta magnífica que le acompañó en una ejecución maravillosa.
 
En la segunda parte Kavakos cambió el violín por la batuta. Venía la Sinfonía núm. 1 de Brahms. El sonido de la cuerda se volvió a escuchar en todo su esplendor; en cambio el viento quedó un poco desdibujado. Parecía como si Kavakos dominara muy bien su territorio, y no tanto un territorio ajeno, como el viento en todas sus dimensiones. En el Andante sostenuto las frases no pasaban de unos instrumentos a otros con bastante fluidez, como un continuo. El viento madera sonó un poco demasiado estridente y perdía la armonía con una cuerda impregnada de lirismo y de poesía.
 
La Orquesta Sinfónica de Viena es una formación con un sonido espléndido, pero necesita una batuta más experta que la de Kavakos para conseguir el equilibrio imprescindible para que suene como una unidad.

Fotos: Leonidas Kavakos

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