Cámara

Un violín pasado por agua

Miércoles 24 Julio 2019

El violinista japonés Shunske Sato, que había actuado como concertino con el Bachcelona Consort en el concierto inaugural del festival, ofreció un recital en solitario en el maravilloso recinto del Hospital de Sant Pau. A solas, armado con su violín barroco, en la Sala Montaner, en una tarde de lluvia, Sato terminó de confirmar lo que ya habíamos vislumbrado el día anterior: que es un intérprete magnífico que sabe hacer sonar el violín con plenitud y dulzura.

Shunske Sato actuó solo, y más allá de las famosas sonatas y partitas de Bach, nos hizo descubrir otras piezas barrocas para violín solo, como el Allegro HWV 407 de Händel y una sonata de Geminiani. Ya desde el principio, Sato se reivindicó como un solista de élite. A pesar de las limitaciones sonoras de un instrumento barroco respecto de uno moderno, hizo sonar el violín con dulzura y ternura, sin dureza ni aspereza. Sato, totalmente inspirado, bordó cada una de las piezas y nos sumió en un estado de sueño hipnótico.
 
Las sonatas de Bach, conocidas por la dificultad y por el uso constante de las dobles cuerdas, sonaron con una perfección cristalina y una afinación inmaculada. Pero más allá del dominio técnico, Sato demostró que es un músico de pies a cabeza capaz de sumergirse y hacer sumergir al oyente en el mundo de la música que toca. Su violín no sólo desprendía sonido, sino también profundidad y serenidad a la vez. Sin afán virtuosístico, propiciaba la introspección y la pureza del arte musical.
 
Shunske Sato reside en los Países Bajos y es el concertino del Concerto Köln y de la Nederlandse Bachvereniging. Es un hombre sencillo, centrado en la música, que en medio de su sobrecogedora interpretación se vio sorprendido por el agua en piel propia. Tras él caía una lluvia torrencial que el público podía ver por los ventanales, pero a él comenzaron a caerle gotas encima, provinientes de la lámpara bajo la que tocaba. Sorprendido, Sato interrumpió la ejecución de la Sonata núm. 1 de Bach y se situó fuera del foco de la gotera para terminar la pieza.
 
Sin duda, el concierto de Sato fue excepcional por un doble motivo: por la valía del intérprete y por el marco arquitectónico del concierto -gotera aparte. Una música tan sublime, íntima y profunda, en una sala decorada con gusto y preciosismo, y con luz de día, hacían de aquel concierto una experiencia diferente de la que se puede experimentar en una sala de conciertos convencional. Felicitamos nuevamente Bachcelona por haber elegido el recinto de Sant Pau, y esperamos que a partir de ahora, cuando exista, la lluvia sólo sea un telón de fondo, y no un invitado molesto.


Foto: Shunske Sato.

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