Coral

Música, gesto y color

Jueves 12 Septiembre 2019

El viernes 6 de septiembre pasado, la formación vasca de voces blancas Leioa Kantika Korala dirigida por Basilio Astúlez realizó un concierto en el Petit Palau del Palau de la Música Catalana en el ciclo La Casa dels Cants. El repertorio interpretado englobaba obras de compositores de todo el mundo y de la segunda mitad del s. XX.

Los coros parten de una idea muy sencilla: un grupo de gente se reúne y canta. A partir de aquí, la música que salga puede evolucionar hacia muchas bandas y la gracia precisamente es ésta: que es decisión del grupo, alentado y guiado por el director, escoger como de lejos debe llegar.

Leioa Kantika Korala, vestido con pantalones bombachos y camisetas de colores, se presentó desde un primer momento con un sonido cubierto y presente sin renunciar al color propio de las voces blancas, con unas coreografías muy sentidas, de gestos delicados y orgánicos. Basilio Astúlez condujo el coro con elegancia y precisión a lo largo de más de 15 piezas que iban desde lo más religioso a lo más popular, pasando por tradiciones y sonoridades muy diversas pero que tenían como denominador común su contemporaneidad.

La formación vasca estaba formada, sin duda, de voces muy solventes: todas las solistas ejecutaron su papel con profesionalidad y seguridad en el escenario. Nerea González al Dobbin s Flowery vale de Matti Kallio y arreglo de Sarah Cuartel, con una voz poderosa, madura, incluso un poco vibrada; Maider Biguri a Revelation de Randall Stroope defendiendo con carácter y fuerza una intervención que no era nada fácil - obra en la que también hay que destacar el trabajo de Itziar Barredo al piano -; Haizea Lorenzo y Ainoha García a Gratias agamus Domino Deo nostro de Urmas Sisask con unas voces brillantes que se notaban trabajadas.

A nivel musical, destacaría el papel de las contraltos, que presentaron unos graves muy anchos y cómodos a lo largo de todo el concierto. Asimismo, también hay que subrayar la precisión rítmica y melódica de toda la formación a Benedictus de Efrem Podgaits, aunque quizás se echó en falta un poco de juego con las dinámicas. En la misma línea, a pesar de la falta de pianos, pudimos disfrutar de un empaste muy bonito, con armónicos y una gran potencia vocal, el Salve Regina de Tokuhide Niimi. Otros momentos que vale la pena destacar son los clusters delicados y las bocas cerradas de Like a rainbow de Bob Chilcott, el hipnótico Wau Bulan de Tracy Wong y sus gritos convincentes o la curiosa versión de Tha thin tha de Lisa Young.

El segundo pilar fundamental de este coro es, sin duda, la parte visual y coreográfica. Es aquí donde destacaría la elegancia del Bring me little water, Silvy arreglado por Moira Smiley, la teatralidad en obras como A puppet s dream de Darius Lim - donde la percusión de Ander Lekue ayudó a entrar en el imaginario propuesto por el compositor - , la expresividad de Flowers de Edri Cohen y la calma tensa de The firedance of Luna de Darius Lim. Si se hacían patentes las horas de ensayo no era tanto por la complejidad de los movimientos como por la naturalidad con la que los ejecutaban. La sorpresa final de una versión fresca de All the single Ladies cerró el concierto de los Leioa Kantika Korala. Finalmente, el Cor Infantil del Orfeó Català sumó a la formación invitada para interpretar una obra compuesta por Eva Ugalde, Tximeletak, sobre un poema de Bernardo Atxaga.

El público, entregado y agradecido, aplaudió derecho un buen rato porque el concierto gustó. Más allá, sin embargo, de valorar cuán lejos llegaron las canciones que sonaron entre las paredes del Petit Palau el pasado viernes o de reflexionar sobre dónde pueden acabar llegando en un futuro, cerraría esta crítica destacando, del concierto, la importancia de hacer vivir la música como algo divertido pero fruto de una exigencia previa y el hecho de vivir lo que se canta y explicarlo a través, propiamente, de la música.

Foto: Leioa Kantika Korala, Basilio Astúlez

Últimas noticias