opera

Turandot conmemorativo

Domingo 29 Septiembre 2019

El próximo lunes 7 de octubre de 2019, el Gran Teatre del Liceu conmemora el vigésimo aniversario de su reapertura con la ópera que se debía representar antes del incendio de 1994 y que reabrió el teatro en 1999, 'Turandot'. Será con una puesta en escena tecnológica y arriesgada de Franc Aleu, con cantantes de gala y bajo la dirección del maestro Pons. Puccini hace un giro del verismo más de cartón-piedra al simbolismo en un testamento complejísimo que recoge lo mejor de su tiempo.


Aunque lo sabíamos desde hacía tiempo, no deja de ser emotivo que la temporada del vigésimo aniversario del nuevo Liceu abra con la ópera que debía representar el Liceu antes del incendio de 1994 y que reabrió el teatro en 1999, Turandot. Sea por una confluencia de circunstancias o por decisión artística expresa del anterior directora artística, Crhistina Scheppelmann, ahora directora general de la Ópera de Seattle, el hecho es que el Liceu tiene aires puccinianos últimamente. Madama Butterfly nos emocionaba a principios de año y Tosca nos sobrecogió en primavera. En cualquier caso, dos mujeres que morirían por amor, en circunstancias, espacios y tiempos muy diversos. Turandot es también una heroína, pero no una heroína de los sentimientos, como Cio-Cio San, sumisa y sacrificada, que contrasta con el coraje -y el dramatismo- de Floria. La princesa Turandot es malvada, orgullosa y fría, carcomida por el resentimiento hacia los hombres. Es un personaje mucho más caricaturesco y plano que las otras criaturas puccinianos, pero también debido a que Puccini quiere una figura implacable, inalterable a los sucesos -excepto al final póstumo- para soportar la trama.
 
De Tosca a Turandot el mundo ha cambiado: por un lado, el universo musical de Puccini, pero también la propia Europa. Tosca es una obra fin-de-sciècle que aún preserva el perfume del optimismo en el progreso, el estallido artístico e intelectual de los primeros años veinte, mientras de trasfondo los estados se preparan para la Gran Guerra. Después del conflicto, todas las esperanzas se desmenuzan y los artistas, como reflejo de las tensiones y aspiraciones sociales, y exhaustos de la constante experimentación de las últimas dos décadas, "vuelven a la orden". El mismo Puccini hace un giro en su última ópera: el verismo que había cultivado, primero muy fiel a los principios realistas de retratar las vidas de personas corrientes como reacción a los excesos wagnerianos, y luego con matices, dando paso a historias más suntuosas, no es ajeno a las nuevas corrientes musicales, desde el impresionismo de Debussy, la vanguardia de Stravinski o las 'revoluciones conservadoras' de Schönberg, para encontrar una voz propia, madura y muy cercana al simbolismo, con un retorno a la orientalismo de Butterfly.
 
Para el libreto de Turandot, Puccini trabajó con Giuseppe Adami y Renato Simoni, que se inspiraron en una obra homónima de Carlo Gozzi que, a su vez se basaba en la colección de cuentos Les mille et un jours de François Peti de la Croix (1772). Posteriormente, Friedrich Schiller escribió una obra homónima, Turandot, Prinzessin von China, de 1892 que, traducida al italiano, serviría de base para el libreto. Gozzi creó una tragicomedia al estilo de la Comedia del arte con personajes como Trufaldino, Brighella, Trataglia y Pantalone, reflejados en las figuras de Ping, Pang y Pong. Además, en 1953, Bertolt Brecht escribió Turandot oder Der Kongress der Weißwäscher. Sin duda, pero, Turandot es un personaje de ópera cultivado por Carl Maria von Weber (1809) o Ferruccio Busoni (1911), que probablemente influenció Puccini.
 
La ópera se estrenó el 25 de abril de 1926 en el Teatro alla Scala de Milán, bajo la dirección de Arturo Toscanini, que, en el momento de la muerte de Liù, detuvo la representación exclamando "Qui il maestro finì" y por tanto, sin incluir las adiciones de Franco Alfano, que completaría el dúo final, dado que el maestro de Lucca murió a causa de un cáncer de garganta en Bruselas. Otros compositores que han escrito -o han hecho tentativa de escribir- un final para Turandot, como Janet Maguire o Luciano Berio, pero el final hegemónico es el de Alfano, satisfactorio para Ricordi ya que mantenía el estilo pucciniano y ocultaba la propia personalidad del artista.
 
"Turandot" es una palabra persa que significa "la hija de Turan", una región del Asia Central que formó parte del imperio Persa. La ópera cuenta la historia de una cruel princesa china que exige a sus pretendientes que respondan a tres enigmas para casarse con ella y, en caso de no acertar, morirán. Tal y como se anuncia en el inicio de la ópera, "Popolo di Pechina! La legge questa...": "En la oscura noche vuela un fantasma iridiscente. Se eleva y despliega las alas sobre la negra e infinita humanidad. Todo el mundo lo invoca y todo el mundo le implora, pero el fantasma desaparece con la aurora para renacer en el corazón. Y cada noche nace y cada noche muere!". Calaf responde: la esperanza. El segundo enigma dice así: "Surge como una llama, y ​​no es llama. Es a veces delirio. Es fiebre de ímpetu y ardor. La inercia lo vuelve en languidez. Si se pierde o mueres, se enfría. Si anhelas la conquista, se inflama. Tiene una voz, que escuchas palpitante, y del ocaso, el vivo resplandor". El príncipe acierta señalando la sangre. Finalmente, el tercero dice: "Hielo que te inflama y con tu fuego aún más se hiela. Cándida y oscura. Si libre te quiere, te hace más esclavo. Si por esclavo te acepta, te hace rey". La respuesta es: Turandot. Una vez acertados los tres enigmas, el deber de la princesa es casarse con el desconocido, pero se resiste. El príncipe le responde con otro enigma: "Si adivinas mi nombre antes del amanecer, al amanecer moriré", y ella acepta.
 
Turandot hace lo posible para enterarse del nombre, pero no tiene éxito. La única que declara saberlo es Liù, pero nunca lo revelará. Ping insiste y, como Liù se niega a decírselo, es torturada. Turandot se ha dado cuenta de la desgarradora resolución de Liù y le pregunta qué es lo que da tanta fuerza a su corazón: "Princesa, el amor!". Turandot ordena a Ping que obtenga el nombre del príncipe atormentando la chica. Liù se dirige a Turandot con el aria "Tu che di gel sei cinta", diciéndole que también ella aprenderá qué es el amor. A continuación, Liù hurta una daga a un soldado y se apuñala. Aquí termina la parte escrita por Puccini, pero luego ocurrirá el gran dúo de amor entre Turandot y Calaf -ahora sí, revela su nombre- y, sellando su amor con un beso, festejan su felicidad con la joya del pueblo.
 
Una de las partes más difíciles de la obra se encuentra en el segundo acto y se inicia con la frase "In questa reggia", cuando Turandot explica la razón de su comportamiento duro e implacable: una antepasada suya, Lo-u-Ling , fue violada y asesinada por un extranjero. Musicalmente, esta parte exige sobreagudos a cargo de la soprano que, combinados con la capacidad wagneriana que requiere el personaje, lo hacen particularmente difícil. Iréne Theorin y Lise Lindstrom interpretarán magníficamente el rol en el Liceo.
 
Por su parte, Liù -en el Liceu encarnada por Ermonela Jaho y Anita Harting- está basada en un personaje real, Doria Manfredi, que trabajaba en casa los Puccini. La mujer del compositor la manipuló conduciéndola al suicidio ya que, según ella, había encontrado a Giacomo con la chica en la cama. Este hecho torturó a Puccini durante años y, en su última ópera, le hizo un homenaje para expiar sus remordimientos. El director de orquesta Nicola Luisotti consideraba que "Puccini pasó con ella de ser un compositor popular a ser uno de simbólico" y transformó la tragedia de Gozzi, brillante y ligera, en una ópera oscura oscura, reinventando un propio código estético. 
 
El acto primero es el más logrado, con un discurso de corte sinfónico, con una orquesta, por momentos, de grandes dimensiones sonoras, al estilo de Elektra de Strauss, que se alterna con ese sonido de tipo impresionista que preside el bellísimo pasaje "Canto a la luna", donde se produce una perfecta simbiosis entre coro y orquesta. Puccini también usa varios temas recurrentes: el mayestático y solemne que acompaña las irrupciones escénicas de Turandot, extraído del tema popular chino Moo-Lee-Vha, que también tiene una versión más suave y lírica entonada por el coro de niños en el acto I, y reanudado a la introducción de la imponente aria de Turandot "In questa reggia" del acto II. También estos secos y poderosos acuerdos que se escuchan reiteradamente al inicio de la ópera y se repiten a dicha escena del "Canto a la luna". El impresionante himno imperial chino se escucha en la segunda escena del acto II, también cierra este mismo acto, y es retomado en el triunfal final de Franco Alfano, pero la música de carácter chino también acompaña las intervenciones de los tres ministros Ping, Pang y Pong. El coro, en sus continuas y brillantes intervenciones, subraya las cambiantes actitudes del pueblo ante los acontecimientos que se van desarrollando, con claras referencias a Boris Godunov de Mussorgski.
 
Giacomo Puccini construye una partitura de rabiosa modernidad donde se muestra receptivo a los grandes cambios musicales introducidos en la primera parte del siglo veinte por autores como Claude Debussy, Igor Stravinski, Richard Strauss o Arnold Schönberg, con uso de la bitonalidad, acuerdos paralelos, duras y escuetas disonancias y escalas pentatónicas, aunque reserva espacios para el fin melodismo presente en sus óperas anteriores.
 
Ya en el acto I, Puccini plantea momentos de gran lirismo como el aria de Liù -soprano lírica-, "Signore, ascolta", que exige una delicada línea de canto y gran expresividad, debiendo elevar la voz a Si4, y concluyó con una regulación de sonido de piano a forte. Por su parte, Calaf, que el Liceo será interpretado por Jorge de León y Gregory Kunde, es un tenor lírico-spinto con connotaciones heroicas que responde cantando "Non piangere, Liù", aria llena de poéticos acentos y donde el tenor debe elevar la voz a un Si3. Estas dos arias entroncan con el vigoroso concertante "Ah! Per l'ultima volta", con las intervenciones de Timur (Alexander Vinogradov y Ante Jerkunica), Liù, Calaf y los tres ministros Ping (Toni Marsol), Pang (Francisco Vas) y Pong (Mikeldi Atxalandabaso).
 
El personaje de Turandot es uno de los más difíciles de todo el repertorio y precisa una soprano dramática para afrontar la terrorífica aria del acto II "In questa reggia", que requiere potencia y agresivo metal, con constantes subidas al agudo, donde emitirá varios Do4 y llegar a Si4 y, al final del aria, pronunciar las rotundas frases "Straniero! Non tentar la fortuna! Gli enigma sono tro, la morte una!", contestada por un Calaf de voz heroica "No! No! Gli enigma sono tre, una è la vita" para, finalmente, juntar las voces y sus diferentes mensajes. El enfrentamiento de la agresiva Turandot y un heroico Calaf prosigue con toda la escena de los enigmas.
 
Un momento culminante es "Nessun dorma", una bella aria muy difícil ya que requiere un intérprete de amplio fiato para ligar largas frases, con una rotunda y precisa acentuación, dominando el registro grave, ya a comienzos del aria. Al repetir "Nessun dorma" debe bajar a un Re2 y también moverse muy bien para la zona aguda, especialmente al final, donde se ha de alcanzar el Si natural sobre la palabra "vincerò". Esta aria defiende la victoria del amor sobre el odio.
 
En este mismo acto III, Liù tiene dos preciosas as consecutivas "L'amore? ... Tanto amore segreto e inconfesato" y la bellísima "Tu che di gel sei cinta", un precioso Andantino que debe ser cantado con dolorosa expresión, requiriendo un refinadísimo acompañamiento orquestal, y donde la soprano tiene que elevar la voz en alto.
 
El personaje de Timur requiere una voz de bajo llena de nobleza en sus intervenciones durante el acto I y, sobre todo, en su patético cantabile después de la muerte de Liù. Los tres ministros Ping (barítono), Pang (tenor) y Pong (tenor) tienen importantes actuaciones a lo largo de toda la ópera, en especial, ocupando toda la primera escena del acto II. El personaje del mandarín requiere un bajo de medios rotundos y expresivos cuando canta su repetido edicto en los actos I y II "Popolo di Pequino". El emperador Altoum es interpretado por un tenor, dotando de gran dignidad a su personaje: sólo tiene una intervención de cierta relevancia en su dúo con Calaf al acto II, "Un giuramento atroce mi constringe".
 
Hay momentos corales magníficos, de una monumentalidad impresionante, pero sólo nos basta con los primeros acordes de la apertura para saber que estamos situados en medio de un régimen de terror. Al final del acto I, el príncipe toca el gong gigante tres veces, en uno de los momentos más dramáticos de la ópera, que tiene una rigidez coral propia del oratorio, la estructura dramática de un misterio pagano, de un fresco ceremonioso vasto e inmóvil, de un universo cerrado, puramente legendario, extraño a cualquier lectura ajena a la metáfora plenamente adscrita a la estética simbolista incompatible, en su esencia, con este pueril realismo de cartón piedra. La orquesta está concebida en gran tamaño y con amplios conjuntos corales que incluyen coro de niños. Puccini hace uso de instrumentos exóticos como las cajas y los gong chinos, címbalos y xilófonos. Además, hace un uso magistral de las secciones de cuerda, destacando el sonido de las violas tocando el trémolo, como por ejemplo en los edictos del mandarín.
 
Turandot se podrá ver en el Gran Teatre del Liceu entre el 7 y el 25 de octubre con una arriesgada puesta en escena de Franc Aleu, que debuta como director y, además, nos ofrece una videocreación futurista con la concepción que "Turandot no es mala, sino esclava de los condicionamientos sociales". Una apuesta por la robótica y el 3D que no nos dejarán indiferentes, sobre todo por el "Dream team" que se ha reunido para hacer esta producción, según el director artístico, Víctor García de Gomar. Por su parte, el maestro Josep Pons llevará el pulso de la música con "cantantes estrella y un personal soberbio" para gozo de todos con una batuta firme ya la vez expresiva que estará a la altura del gran evento que el teatro ofrece a la ciudad y al país.
 

Fotos: Antoni Bofill, Gran Teatre del Liceu

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