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La Turandot al Liceo: Aquí murió el maestro

Jueves 10 Octubre 2019

Cuando el 29 de noviembre de 1924 Puccini moría en Bruselas, víctima de un cáncer de garganta (era fumador empedernido), la que sería su última ópera restó inacabada: el dúo con que lo tenía que concluir no fue más allá del esbozo. "Turandot" se añadía así a la lista de grandes obras de la historia de la ópera desgraciadamente incompletas por la muerte de su compositor, como el Vasco de Gama de Meyerbeer, "Las Cuentos de Hoffmann" de Offenbach o las dodecafòniques "Lulu" o "Moses und Aron".

El encargado de dar final a la gran obra del maestro de Luca fue Franco Alfano, quien compuso un espectacular dúo conclusivo de una gran exigencia técnica. Pero el resultado no acabó de satisfacer a Toscanini, el director del estreno, el 25 de abril de 1926 a la Scala, casi dos años después de la muerte de Puccini. Toscanini rechazó el final de Alfano desde el primer momento. El mismo 25 de abril interpretó la obra sin esta página; después de la agonía de Liù, la representación finalizó bruscamente ante un público atónito y todavía compungido por la gran pérdida. “Aquí acaba la ópera, porque aquí murió el maestro”, sentenció Toscanini. En representaciones posteriores, el director italiano amputó varias partes del final de Alfano, dando como resultado la versión que se ha acabado imponiendo como tradicional (aquella que siempre se ha escuchado al Liceo). Otros compositores como Luciano Berio, Janet Maguire o Hao Weija han probado también fortuna en la gesta de finalizar la Turandot, muchas veces con el interés económico de las todo poderosas editoriales al última, pero con una intención musicológica más bien dudosa.

Al Liceo ha vuelto este lunes 7 de octubre la ópera de Puccini (se podrá ver hasta el 25 en doble reparto), como conmemoración del vigésimo cumpleaños del tercer teatro, inaugurado con la misma Turandot. La dirección musical ha estado en las manos de Josep Pons, con una lectura climática, detallista y que consiguió destacar la sutil orquestación pucciniana, ya muy influenciada por las deprisa de vanguardia musical que se extendían por toda Europa a principios de siglo XX. La orquesta del Liceo sonó con una pulcritud que tendría que ser la tónica de todas las producciones que se den en el escenario de la Rambla.

También el coro de la casa (visiblemente nutrido para la ocasión y acompañado del coro Vivaldi), también consiguió una excelente actuación, sin caer en el exceso de decibelios al que se prestan muchos momentos de la obra. Deseamos que poco a poco el estimado grupo, bajo la siempre incansable dirección de Conxita Garcia, vaya recuperando la excelencia que nunca tendría que haber abandonado.

En el apartado vocal, Iréne Theorin, convertida en los últimos años en la reina del Liceo (tiene incluso un grupo de fans barcelonés los theorins) brilló en su interpretación de la gélida y cruel princesa china, con una voz carnosa pero siempre atenta a extraer la poesía y las sutilidades de su muchas veces árida parte, con unos reguladores y unas dinámicas que nos hechizaron tanto en este Puccini como en todas sus extraordinarias interpretaciones wagnerianas que la gran soprano sueca ha regalado al público del Liceo. Brava!
Jorge de León fue a su lado un Calaf notable en voz (en ningún momento la nutrida orquestación pucciniana consiguió tragarlo), con unos agudos estallantes, pero escaso en matices interpretativos, con un “Nessun dorma” que no consiguió la catarsis que siempre tendría que despertar la tan conocida página.

Ermonela Jaho interpretó una sentida Liù, con unos pianissimos etéreos y una total implicación a nivel escénico. Pero su voz empieza a denotar síntomas de cansancio, especialmente en el registro central, con unas sonoridades desagradables. Sospechamos que los papeles que ha ido asumido en los últimos años (algunos alejados totalmente de su vocalidad) lamentablemente han pasado factura a una voz que en el pasado nos había emocionado hasta las lágrimas.

El trío cómico de Toni Marsol (Ping), Franciso Vaso (Pang) y Mikeldi Atxalandabaso (Pong) fue convincente en el aspecto escénico y no tanto en el vocal, especialmente en sus interpretaciones solístiques, con algunas afinaciones dudosas quién sabe si por los nervios de la tan esperada estrena.

El grande Chris Merritt como Altoum fue un cameo de lujo que agradecemos al teatro, por haber repescado el extraordinario cantante del pasado, y que encara a día de hoy puede cantar una pequeña parte como la del emperador chino de forma convincente, sin la decrepitud vocal de otras antiguas glorias que se resisten a decir adiós a los escenarios.

En estos veinte años que han pasado desde la reinauguración del teatro, el tiempo nos ha cambiado. El zeffirelliano montaje de Nuria Espert que tanto nos hechizó aquel ya lejano 7 de octubre de 1999 ahora lo vemos polvoriento, envejecido y desconectado de la estética contemporánea. Este 7 de octubre de 2019 Franc Aleu, junto con un extenso equipo escenográfico, ha propuesto una futurista producción que puerta al paroxismo nuestra sociedad enferma de imagen virtual. A pesar de su apariencia ultratecnológica, la escenografía robotizada y un vestuario de lo más kitsch, la visión de Aleu de Turandot nos pareció totalmente convincente, rica en imágenes sugerentes, con un interesante uso simbólico del cromatismo y el más importante: sin traicionar la esencia de la ópera de Puccini.

Quizás algunos se escandalizarán con las libertades que Aleu se toma, especialmente al final de la ópera.Sin embargo, ¿no hizo el mismo Espert al montaje de 1999? Tampoco nosotros estamos del todo seguros de cómo Puccini quería acabar su opus póstumo, como ya hemos apuntado líneas arriba.

No queremos desvelar detalles sobre la nueva propuesta, pero en esta extraña época nuestra, en la que nos enamoramos de una imagen de app al móvil, nos engañamos construyendo un perfil virtual que poco tiene que ver con nuestra realidad cotidiana o en la que preferimos tener largas conversaciones con extraños en la red en vez de empatizar con aquellos que tenemos al lado, creemos que el discurso de Aleu tiene total y desgraciadamente lamentable vigencia a nuestros ojos.

Felicitamos al Gran Teatro por esta excelente inauguración de temporada al mismo tiempo que conmemoración de, como ave fénix, su reapertura después del desastre de las llamas. Por muchos años de ópera!

Fotos: Casting durante la rueda de prensa, al centro Iréne Theorin; Escenario durante la representación

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