Cámara

Desiertos musicales para naturalezas vivas

Viernes 25 Octubre 2019

El jueves 24 de octubre, el Palau de la Música recibió, el Petit Palau, el Ensemble de la ESMUC, bajo la dirección de Ernest Martínez-Izquierdo, que inauguraba el ciclo Intèrprets Catalans al Palau, con obras de los dos compositores invitados, Magrané y Widmann, y un clásico de Varèse con videoproyección de Bill Viola.

 

El concierto de inauguración del ciclo Intèrprets Catalans al Palau hacía confluir varios alicientes. Por un lado, los compositores y artista invitados de este año, Joan Magrané y Jörg Widmann en el terreno musical, y Bill Viola en el audiovisual, y, por otro, el hecho de poner en valor el talento joven (muy joven) catalán, procedente de la ESMUC, con un director curtido como Ernest Martínez-Izquierdo, que conoce muy bien la psicología musical de la formación, que sale de su hábitat natural y se convierte en un organismo potente y lleno de solvencia.
 
La primera obra que se interpretó fue L’argent com viu, de Joan Magrané, donde Pedro Méndez, el saxo solista, enfatizaba mucho más los dos elementos de la plata, el mercurio y el desasosiego, que no se hacían audibles en la grabación de referencia de Antonio García Jorge, en la que podemos encontrar una parte más resbaladiza que brilla y muestra el recorrido del mercurio, con muchos más colores y destellos. Méndez combinaba esto con estos dos elementos de Magrané: la sustancia, el mercurio, y expresión, la desazón, que quedaban más claramente diferenciados para alcanzar todas las posibilidades del azogue, renunciando a riquezas tímbricas. El ensemble era muy reducido, pero manifestaba la intención de hacer música de cámara dándolo todo, a pesar de que el pianista hacía uso de las técnicas expandidas sin hacerse notar demasiado, lo que puede deberse a que todo era algo nuevo por él. Felicitaciones al primer violín y el clarinete y la flauta se incorporaron muy bien dentro del sonido de Méndez.
 
Jörg Widmann resultó ser el éxito sonoro de la noche. Una de las cosas más bonitas que el Ensemble de la ESMUC consiguió es crear diferentes timbres que no son propios de cada instrumento, sino que se encontró un compacto sonido tímbrico global, con una nueva entidad orquestal. Widmann encuentra nuevos sonidos, ya sea con las cintas magnéticas o con cada uno de los instrumentos para llevarlos al extremo como catálogo. En terminología schönberguiana, crea una Klangfarbenmelodie, melodías de timbres a partir de una textura de ensemble, tocando con técnicas extendidas que no buscan que suene ese instrumento en concreto, sino todo el ensemble completo, buscando un color aglutinador, total. Esto lo logró muy bien el Ensemble de la ESMUC con un empaste muy bueno. Muchas veces, las técnicas expandidas te permitían hacer más un susurro que un sonido que quedaba desvirtuado y, por tanto, se confundía con el de los otros instrumentos. Más que buscar nuevos timbres, se trataba de buscar una comunión para crear otras globales. Los números finales tuvieron un carácter más exaltado y brillante que se percibió muy positivamente. Además, Martínez Izquierdo logró aguantar la tensión en el crescendo, pasajes peligrosos porque es muy fácil desvirtuar el objetivo, ya que se puede perder el fraseo por parte de director y músicos.

La impresión que dio es que los miembros del ensemble se habían hecho mucho más suyas las obras de Magrané y Widmann que la de Varèse, que las comprendían desde la razón y el corazón. En cambio, Déserts sonó musicalmente inconexa, a no ser que el propio nexo compositivo fuera la misma falta de conexión. Faltó redondez en la ejecución, que resultó medio anecdótica, con notas graves y agudas en intervalos separados sin un discurso perfilado. Era necesario que cada uno entendiera cuál era su papel dentro de la obra, que tomaba más sentido con las imágenes de Bill Viola.
 
El videoartista planteaba un viaje que empezaba y terminaba en el agua, pero sumando todo lo que se ha obtenido por el camino, con la soledad como leitmotiv: los seres vivos nacemos hábitat húmedo y posteriormente colonizado la tierra que, en primera instancia, es desierta. Muchas imágenes evocadoras aparecían al sonido de la música, pero también como contenido previamente grabado, especialmente en hacer aparecer la figura humana, un alter ego del artista, que, en medio de imágenes de arena, bosques, llamas, cielos y espacios urbanos desiertos, se vertía a lo primogénito, pero se llevaba hacia el fondo del mar los objetos que lo habían acompañado.
 
Hay que felicitar el trabajo que han hecho tanto los alumnos de la ESMUC como el maestro Martínez-Izquierdo. El Ensemble de la ESMUC suena muy bien y es un ejemplo claro de que el trabajo hecho desde la base es el más exitoso, siempre acompañado de pasión y talento. Las obras que se interpretaron tienen una auténtica dificultad, más allá del propio hecho de que se trata de música contemporánea y, por tanto, lenguajes nuevos por asimilar. El verdadero reto es hacerlo en formato de cámara, donde todo es mucho más comprometido. Por lo tanto, Bravi tutti!


Fotos: Bill Viola, Déserts.

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