Foro Barcelona Clásica

La cultura, gratis?

Sábado 23 Noviembre 2019

Esta semana, una vez más, hemos tenido la oportunidad de participar en el Fòrum de Barcelona Clàssica. Además de ser un tema con consecuencias en todos los ámbitos, contamos con las intervenciones de Bernat Puigtobella, editor de Nube, y Pepe Zapata, director de TRESC, junto con Aina Vega como moderadora, además de una asistencia casi al completo de un público con curiosidad y ganas de debatir.

El pasado miércoles 20 de noviembre, el Club Wagner de Barcelona acogió el segundo Fòrum Barcelona Clàssica con la complicidad de TRESC. El tema giró en torno a la controversia que se genera con la precariedad de la cultura como un medio gratuito. El hecho de que a la hora de organizar un evento cultural no haya presupuesto pero sí mucho entusiasmo y mucha fuerza genera una serie de cuestiones que se centran en la valoración del talento o en la falta de educación sobre el valor real del consumo cultural. ¿Por qué sabemos que cuando queremos comprar fruta en el mercado tenemos que pagar pero en cambio, cuando queremos ir a un evento cultural el precio de este nos tira atrás?
 
La expresión "por amor al arte", en este sentido, puede llegar a ser perversa. ¿Dedicarnos a nuestra pasión justifica que no podamos cobrar? Esta concepción, presente en la mentalidad de muchas personas y en la sociedad en general, recae en la forma en que identificamos el hecho de ir a un espectáculo y, en gran medida, en la incomprensión de la diferencia de dos conceptos básicos: el precio y el valor. El precio es, sencillamente, el coste de la actividad cultural, mientras que el valor se refiere a la cuantificación del talento del músico o el actor, del artista en general. Este valor es lo que diferencia realmente la cultura de otro ámbito de la sociedad. Es lo que nos guía a compartir ideas y sensaciones, lo que nos distingue realmente como humanos. A partir de ahí, llegamos a la conclusión de que asistir a un evento cultural no es sólo el hecho de presenciarlo, sino que va mucho más allá, siendo también un acto social en el que se comparten estos intereses entre el público que se reúne y que interactúa entre él mismo y con los artistas.

Sin embargo, muchas actividades culturales se sustentan únicamente en el entusiasmo, una fuerza de voluntad que muchos artistas ponen por delante de la precariedad que rodea la industria cultural que es producto de una mentalidad que, como define Remedios Zafra en su libro, El Entusiasmo: "En algún momento de nuestra historia, hablar de dinero cuando se escribe, pinta, compone o crea se hizo de mal gusto". Esto demuestra, en cierto modo, una fragilidad en el papel de la cultura en nuestra sociedad. Los ponentes argumentaron que en realidad contamos con un sector fuerte en infraestructura, con instituciones potentes que impulsan actividades culturales para todos los públicos, pero que al mismo tiempo es frágil, ya que no se considera como un sector indispensable para la supervivencia básica. Además, coincidieron en que el presupuesto que se destina al sector cultural dice mucho de un país, y que la cultura debería ser considerada como un tercer pilar junto a la educación y de la sanidad, ya que genera riqueza y bienestar, además de impulsar la cohesión y el espíritu crítico a partir de un bien que se debería considerar universal.

En esta línea, muchos coincidimos que, en realidad, no se trata de si la cultura es gratuita o no, sino que se requiere de una educación que impulse la valoración de la misma. Nos encontramos en la situación que la mayoría de los presentes nos habíamos educado o habíamos heredado este interés por la cultura que nos convertía en un público fiel, pero reducido. Es precisamente este público el que se mantiene continuamente en el consumo cultural y con el espíritu crítico tan necesario y que, al mismo tiempo, requiere de un espacio de comunidad para compartir ideas que las tres plataformas participantes en el foro pretendemos impulsar. Este público es el más valioso para las instituciones culturales, ya que entiende y acepta que hay que pagar para consumir cultura de calidad y que, al mismo tiempo, genera interés por toda la población. Existe mucha más oferta que demanda en este sector, además de un público disperso que tiene una variedad muy amplia para elegir.

Además, no se trata sólo de un problema en la demanda. Nos obsesiona demasiado cuáles son los intereses de ésta y muy a menudo se deja de lado que la cultura, en realidad, es un medio libre de comunicación entre el artista y el público. Como respuesta a esta concepción, artistas como Albert Serra no piensan en si sus obras llegan o gustan al público, sino que se centran en el mensaje que quieren comunicar sin pensar en si alguien los escuchará. Juntos, llegamos a la conclusión de que ambas perspectivas son legítimas y que se podría encontrar un equilibrio entre ambas, es decir, un equilibrio entre profesionalidad y talento, entre precio y valor. En este sentido, coincidimos en que desde la oferta han de impulsar nuevas acciones cohesionadas para hacer llegar la cultura y esta educación que creemos tan importante a una demanda más amplia, apoyando a nuevos y clásicos artistas, a nuevas y clásicas propuestas que establezcan un diálogo entre las artes y las personas a partir de primeras experiencias que motiven a seguir consumiendo.

Juntos tuvimos la oportunidad de participar en una velada enriquecedora, no sólo con las intervenciones de todos los ponentes, sino también con las preguntas y dudas planteadas por un público de todas las edades y con ganas de compartir ideas, opiniones y experiencias. Nosotros pusimos entusiasmo, pero el valor de la comunicación entre ambas partes es lo que realmente hace que valoramos tanto la cultura y todas las formas en que ésta se manifiesta. Una vez más se hizo evidente la importancia de espacios y comunidades participativas para enriquecernos y saber dar y comprender el valor (e incluso el coste) que se merece la cultura que tanto queremos..

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