Sinfónica

Fiesta navideña de valses y zarzuelas en el Palau

Martes 24 Diciembre 2019

El sábado 21 de diciembre, a las 18:30h, se celebro, en el Palau de la Música Catalana, la edición del Festival de Valses y Danzas de este 2019. Con la colaboración de una brillante Sara Blanch, el concierto fue conducido por la batuta y las explicaciones del director Andrés Salado.
 

Desde que se fundó la Orquestra Simfònica del Vallès, hace treinta y dos años, el Festival de Valses y Danzas ha sido un concierto fijo en su programación. Más allá de ser un valor seguro, este concierto refleja la voluntad de conectar con el público, ya que recurre a un repertorio popular y un tono festivo que fácilmente arranca una sonrisa, por lo que año tras año es igualmente bienvenido. Sin embargo, cada año cuenta con el reto de aportar algo de diferente e interesante manteniendo, sin embargo, el espíritu navideño y de celebración.
 
En esta ocasión, uno de los primeros aciertos fue la elección del director, Andrés Salado, que aparte de dirigir la orquesta enérgicamente, hizo un muy buen uso de su elocuencia y su faceta de showman para presentar las piezas e interactuar con el público. Si bien tal vez fue excesivamente didáctico en alguna de sus intervenciones, estas generalmente dotaron el concierto de distensión, proximidad y un tono humorístico. Por ejemplo, creando escenas divertidas en pedir un voluntario del público para dirigir la orquesta, o cediendo, a media pieza, la gorra de Papá Noel que llevaba puesta, en la cabeza -nunca mejor dicho- de segundos violines.
 
Se trató, por tanto, de un concierto planteado con una marcada vertiente de espectáculo y esto pudo percibirse también en el repertorio, que reunió géneros populares de diferentes procedencias. Acertado también, pues, introducir piezas de zarzuela junto a los valses de Strauss en un concierto que no era otra cosa que una celebración de la ligereza y la diversión que nos ofrece la música en unas fechas tan señaladas. La orquesta exhibió la alegría y soltura que se les pedía y ofreció un concierto bien resuelto, con el sonido de la cuerda especialmente bien cohesionado.
 
La tarde comenzó con la obra Carmen-Quadrille de Eduard Strauss, uno de los hijos de Johann Strauss padre. Se trata de una pieza basada en la famosa ópera de Bizet, pertinente para introducir la combinación de géneros del repertorio de la velada. Gitana Galopp de Johann Strauss fue interpretada con la vitalidad y picardía que requería, con un control del volumen y el sonido que permitía destacar a las castañuelas. Seguidamente, el vals Sobre las olas, del mexicano Juventino Rosas, brindó momentos valiosos, como las intervenciones de la garra, y la cuerda supo sacar partido de la sensualidad de la pieza, pero quizás en alguna ocasión el sonido y el carácter de la orquesta no fueron del todo compactos. Del mismo modo, en la pieza "Intermedios" de la zarzuela Bohemios de Amadeu Vives las notas cortas de los vientos no fueron siempre perfectamente limpias, aunque la orquesta hizo un muy buen trabajo en las partes de pizzicatos. A continuación, la soprano Sara Blanch interpretó la pieza "No sé qué siento aquí" de la zarzuela de Manuel Fernández Caballero Château Margaux con gran solvencia musical y teatral, con un sonido nítido y sabiendo dotar de la comicidad casi histriónica que la pieza pedía .
 
La segunda parte comenzó con la famosa apertura de la ópera cómica de Johann Strauss El murciélago. En esta, aunque generalmente hacer un buen papel, los violines les faltó precisión en algunos de los pasajes más rápidos. Perpetuum Mobile de Strauss fue la pieza escogida para que un voluntario del público dirige la orquesta. Tampoco pudo faltar La máquina de escribir de Leroy Anderson. La orquesta y el solista supieron sacar partido, con la música, y este último también teatralmente, del potencial humorístico que ofrecía la obra. A continuación, Sara Blanch volvió al escenario para llevar de nuevo El murciélago, esta vez el aria "Mein Herr Marquis". Blanch ratificó su talento como intérprete, de nuevo sabiendo explotar la comicidad del papel y con una voz pulida y afinada. Bajo rayos y truenos de Johann Strauss fue el preludio de la imprescindible El bello Danubio azul, interpretado poniendo énfasis en el aspecto más festivo de la pieza.
 
En un concierto de Navidad, pero, la última obra del repertorio escrita en el programa no es nunca ni la penúltima que interpretan: los bises fueron tres. Primero, el villancico Què li darem al noi de la mare?, cantada por Sara Blanch con contención y ternura; después Blanch obsequiarnos con otra pieza de zarzuela, que preparó el terreno y las energías para la obligatoria Marcha Radetzky. Durante la interpretación de esta última, sin embargo, los vientos metal introdujeron la vuelta de la popular canción de disco YMCA y las dos piezas mezclarse. Parte de las cuerdas continuó tocando derecha y la mayoría de la platea se levantó para hacer la famosa coreografía, haciendo las letras con los brazos. Este final, fuera más o menos adecuado, corroboró que el concierto fue un éxito porque lo que resultó innegable es que la orquesta y el público tomaron partido activamente de la celebración. Quizás lo que faltó fue el cava. O quizás más valía que no hubiera.

Andrés Salado, Sara Blanch, OSV

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