Conciertos

Por San Esteban, a la casa dels cants

Miércoles 1 Enero 2020

El pasado 26 de diciembre tuvo lugar al Palau de la Música Catalana el tradicional concierto de Sant Esteve. Participaron L'Orfeó Català y todos los coros que se reúnen bajo este gigante coral, así como el Cor de Cambra del Palau. Este concierto, de quien es su  director artístico Simon Halsey, es un hito que desde el 1913 aglutina la dedicación y esfuerzo multitudinario de músicos, directores y artistas. Este año ha celebrado la navidad con estrenos de nuevos compositores, un repertorio que miraba al exterior con villancicos de todas partes y una lectura renovada del viaje en Belén de qué muchas hablaban: la del éxodo por mar que emprenden muchas personas en el Mediterráneo.

Hoy es un día en que muchos compartiremos mesa de nuevo para celebrar la primera comida del año. La repetición cíclica es a menudo demiurgo de las tradiciones, que reviven cada año en fechas señaladas y reúnen comunidades, familias, amigos. Para muchos la mañana de hoy tiene una banda sonora concreta, una retransmisión desde una sala alemana con la filarmónica por excelencia: un clásico “y lo demás son tonterías”, como diría el tío, abuela o pariente en general. Los catalanes, en este sentido, somos doblemente afortunados: tenemos un concierto propio igual de único, bello y emotivo. Por San Esteban podemos bajar los canelones a las butacas del Palau de la Música, apostando por un sonido directo, y no en streaming; apostando por una creación patrimonial y no un extranjerismo. Este encuentro en el que el canto con L'Orfeó Català y todos sus coros son protagonistas se ha etiquetado de “tradicional”, “imperdible” y de sus infinitos sinónimos. La ocasión de este año se resume mejor con otra palabra formada por las siguientes cinco razones.

L'Orfeó Català es “el corazón de una familia musical única”. Los que estamos familiarizados con los clásicos conciertos de final de curso de las escuelas de música nos es fácil comparar su esencia a la de este. El concierto de San Estevbn coloca codo con codo cantores que crecen con la música y ocupan, en cada momento, un lugar diferente. Sobre el escenario estuvieron los Coros, en plural, de LOrfeó: el de Pequeños y medios y el Infantil, el Joven, el de Noies y el del Orfeón, además del Cor de Cambra del Palau, que  interviene desde el 2016. Desde la incorporación como director artístico de Simon Halsey estas sinergias entre los diferentes coros se han puesto aún más de manifiesto en este concierto. El actual ya queda lejos de aquella versión en que actuaban de forma gradual, empezando por los más pequeños y culminando en el Orfeó. Hoy la organicidad del grupo y los vínculos, musicales y personales que encarna esta comunidad son los protagonistas.

Rozando el simbolismo y tradición del concierto hay un elemento clave de la velada y es la demostración de la altísima calidad de los coros. El concierto de San Esteban sirvió de alguna forma como recordatorio del porqué de todos los hitos del Orfeón y sus coros de este año, desde la actuación de L'Orfeó Català y el Coro Joven en el prestigioso festival BBC Proms de Londres hasta la participación del Cor de Noies en el Festival LETS, este año acogido por el Palau de la Música. Este lució el Pange Lingua, pieza que llevaron al concurso y que permite demostrar su habilidad en un contexto de efectos y ritmos diferenciados. Excelsa también fue la intervención del Cor de Cambra con el villancico Captant; bravissimi. Una estrella cau al prat, en cambio hizo vibrar todos los coros a la vez sobre el escenario, como también consiguió la intervención final Poema èpic de Nadal, un “bis” del año anterior (esta vez reinstrumentada por el pequeño conjunto de viento que acompañaba a los cantores). En este segundo caso sin embargo las voces se vieron un poco sobrepasadas por toda la explosión de focos y efectos visuales cegadores que la acompañaron. Fue el único momento en que se olvidó que la pieza ya tiene imprimida en su nombre, partitura e intérpretes la calidad de ”épico” de forma natural, sin la necesidad de recurrir a recreaciones externas.

Gasi es imposible -cuando menos, muy difícil- superar la eterna réplica que obliga el repertorio navideño, casi siempre igual y que justamente celebra lo cíclico del tiempo religioso. Crear un concierto de temática navideña durante 113 años significa ajustarse lo bastante a la tradición para venerar la ocasión y librarse, al mismo tiempo, a una necesaria innovación para dotarlo de renovado interés y valor. Para conseguirlo, una de las herramientas fue el estreno de tres obras, un hecho que permite también hacer valer la tarea de nuestros compositores actuales. En la primera intervención, conjunta de todos los coros, pudimos descubrir el Cant dels Joves de Carles Prat, que además de compositor es cantante del Cor de Cambra. La letra de Joan Maragall sonó especialmente bella en la sección final, “per l’aire, llavors pur”, en que las voces femeninas, imitándolo, crearon un acompañamiento meloso y dinámico para las masculinas. El Cor de cambra en cambio dio voz a la composición, Inventar el Naixement de Joan Magrané, una pieza a capela de tono clásico, pausada y que evoca al recogimiento, con texto de la poetisa invitada de este año Blanca Luz Vidal. El último estreno, Una estrella cau al prat de Josep Vila, exdirector del L'Orfen, cerró la primera parte del concierto con la (re)unión de todos los coros y la intervención del barítono Oriol Mallart, que quedó un poco empequeñecida en el contexto coral. La composición, autodescrita como “popurri” de canciones tradicionales, fue un coloso de la tradición navideña digno de recordar, dotado de un tono épico y una potencia de todas las voces a la altura de lo que podría ser un “himno” de la Navidad.

Un punto también clave del concierto, ligado también a su innovación sobre el tema de la Navidad y de sus canciones, fue la relectura de las historias contadas. Especialmente los coros de los Pequeños y Medios cantaron sobre Belén, el camino hacia esta ciudad y los personajes de un pesebre que en esta ocasión eran tanto la estrella que colocaron en el escenario como las personas que actualmente se dirigen a un punto incierto, en el camino del éxodo. La segunda parte del concierto se abrió con los coros de la escuela coral y la emotiva letra de La mia stela del compositor Ivo *ntognini, escrita a raíz del encuentro con un niño del barco Lampedusa. Las voces dulces y blancas crearon una atmósfera preciosa y absolutamente triste a la vez, cuando cantaban una canción sobre los que están al fondo del mar y sobre los que entre las oleadas y el frío buscan sin éxito nyota yangu, “mi estrella” en suahili, para guiarse. El compromiso político también fue protagonista al final de la velada en el momento más emotivo del concierto. Durante el Cant de la Senyera y Els segadors, una marea de voces y banderas se levantaron entre el público y cantores en favor de la libertad de los presos políticos y de la independencia de Cataluña.

La gran familia que hace posible el concierto agrupa 300 cantores con 110 minutos de música casi seguida. El trabajo en común de los directores y directoras de cada coro superaron el reto de crear un espectáculo muy cohesionado y dinámico. El concierto estaba dividido en intervenciones en que cada coro o agrupados, cantaba dos piezas de caracteres diferenciados. El contraste entre estos y las rápidas transiciones entre pieza y pieza fueron claves para que fuera dinámico. En cambio, por una coreografía cautivando pero no protagonista y una muy buena gestión de los cambios de los coros al escenario hay que felicitar a Dani Coma, encargado de la dirección escénica y dramaturgia. La interpretación salsística del Cantemos a María, la colaboración de una joven gimnasta que encarnaba el personaje de la estrella o la primera intervención del Cor de Noies son un ejemplo de todo el mencionado. En este último caso, los piano del coro de chicas en How far is to Betlehem se ligaron de forma natural al juguetón villancico checo Pujdem spolu do Betléma mientras que, creando dos columnas y con una coreografía que integraba sobre todo cabeza, brazos y manos han demostrado como la mejora en la escenografía no tiene porque pasar factura a sus voces.

Lo mencionado,  esta mezcla de familia, calidad, innovación, compromiso y cohesión en un acontecimiento como el concierto de San Esteban son cinco razones que nos permiten hablar de esta ocasión con mucho  orgullo. Los valores, musicales y humanos que desprende esta ocasión, rehuyen de ser monopolizados por los coros del Palau; son compartidos entre los que amamos la música y también los que compartimos los otros que se ponen de manifiesto en esta ocasión. Por eso, este concierto del día de San Esteban puede ser -y es ya para muchos- un clásico en todas esas casas que lo quieran acoger. Podemos pensar en aquello de Per nadal cada ovella al seu corral, y no dejar de añadir que Per Sant Esteve, cadascú a casa seva, o a la dels cants.

¡Feliz año nuevo!

Fotos:Panorámica desde platea del Palau de la Música; Pablo Larraz dirigiendo el Cant de la senyera y el público mostrando banderes esteladas al final del concierto.

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