Sinfónica

Ut pictura musica?

Domingo 19 Enero 2020

El próximo domingo 26 de enero, la Orquestra Simfònica Camera Musicae, junto con Daniel Kharitonov al piano y bajo la dirección de Gábor Takács-Nagy, interpretarán el Concierto para piano y orquesta núm. 1, op. 23 de Tchaikovsky y la Sinfonía núm. 6, op. 68 de Beethoven, más conocida como la "Pastoral" en el Palau de la Música Catalana.

No os descubro nada nuevo si os digo que este año oiremos hablar, y mucho, de Beethoven y tampoco os sorprenderé si afirmo que la sexta, subtitulada como la Pastoral (1808), es una de las obras maestras del compositor. Es por ello que en la previa de este concierto de la OCM he querido dejar hablar a voces expertas que me han desmontado los tópicos de esta sinfonía, compuesta en paralelo con la quinta y sobre la que se ha derramado tanta tinta.

El primer movimiento, Despertar de alegres sentimientos con la llegada al campo. Allegro ma non troppo, es el capítulo de bienvenida, con un tema sencillo de aire popular donde el compositor pretende transmitir un equilibrio entre los elementos de la naturaleza, una exaltación vital. El segundo movimiento, Escena al arroyo. Andante molto mosso, sigue con esta calma (aparente) y lo hace con dos colores musicales: por un lado, el sonido de las trompas y las cuerdas que son el agua que se escurre entre las piedras, lo que fluye y da voz a la tierra. Por otra parte, el cantar de los pájaros sitúan al oyente a un estadio celestial que no debemos entender como descripción de una realidad, sino como una metáfora, un reflejo de comunión con lo creado.

El tercer movimiento, Alegre reunión de campesinos. Allegro, es un Scherzo, palabra que en italiano se asocia con el juego, de carácter ligero y sin forma fija. No sólo es una danza, un momento de recreo, sino que simboliza el hecho de brindar por el presente. Este movimiento se enlaza seguidamente con la conocida Tormenta. Allegro: de golpe, todo tiembla y el péndulo se va hasta el bando opuesto de donde se encontraba. Finalmente, la obra termina con un Allegretto, que es un Canto de los pastores. Acción de gracias después de la tormenta. El hombre humilde da gracias al espíritu de la naturaleza por la lluvia y porque el peligro, representado por los rayos y los truenos, haya desaparecido. La acción vuelve al reposo.

El catedrático Ramón García-Avello, en un artículo sobre la obra de Beethoven, nos expone que aunque la intención musical de describir situaciones o pintar paisajes es tan antigua como la idea de expresar pasiones y sentimientos del alma, el mismo compositor no estaba de acuerdo con lo que se podría denominar como «exageración del sentido descriptivo». De hecho, cita a algunas frases del músico extraídas de cuadernos personales y de la misma partitura como rechazo de concepciones demasiado poemáticas: «Dejemos al oyente que encuentre por sí mismo las situaciones»; «En la música instrumental, toda pintura sonora, si se lleva demasiado lejos, pierde valor»; «Expresión de sentimientos más que pintura sonora».

Quizás debido a que las grandes obras acaban estando tanto sumamente estudiadas y comentadas, acaba siendo más difícil un acercamiento real, directo, sin interferencias y hemos acabado adoptando una manera de entender esta obra sinfónica que no acaba de encajar con el propósito original de el autor. De hecho, en un primer momento, la obra no tenía subtítulo: no fue hasta 1826 que el compositor escribió el nombre de Pastoral, entroncando así a la temática del Beatus Ille horaciano.

A propósito de esta problemática, el año 2014, Ramón Andrés ofreció una conferencia por la Fundación Juan March titulada «La antigua religión de los dioses. Una reflexión sobre la Sexta Sinfonía de Beethoven.» que más tarde emitieron y publicar la RNE. Andrés comenzaba este coloquio exponiendo que, aunque esta obra ha quedado como el origen de la música programática, las intenciones del compositor estaban bien lejos de la descripción paisajística. Beethoven, de hecho, lo que pretendía era evocar recuerdos campestres, sensaciones.

Andrés nos recuerda que Beethoven no se sentía demasiado atraído por la pintura, no quería que la música fuera una réplica de su plasticidad. Algunas lecturas dicen que Beethoven quería pintar una escena, un cuadro que mostrara la desnudez de la naturaleza después de la quinta pero el filósofo y musicólogo nos cuenta que no puede ser así porque las dos están escritas en un mismo momento y parece que conjuntamente: van crecer juntas hasta que llegó un momento que su orden numérico estaba invertido.

En su sinfonía pastoral, por Beethoven, los cielos claros o bien cargados de nubes son una metáfora, una encarnación del espíritu que se debate entre las posibilidades que Hölderlin y Haëgel defendían en su época, que también es la del músico: la nostalgia, la escucha del origen, la percepción de que todavía hay restos sagrados de un mundo antiguo por un lado y la idea de que la sociedad conlleva la creación de un futuro como utopía, siempre mejor y superador del presente, engendrador de una realidad uniforme. De este modo, el compositor plasma esto tan romántico que es la expresión de la naturaleza como espejo de lo que pasaba en su interior.

Sólo nos queda esperar con muchas ganas el concierto que la Orquesta Sinfónica Camera Musicae acompañados del joven talento ruso Daniel Kharitonov al piano y bajo la dirección de Gábor Takács-Nagy, uno de los máximos exponentes actuales de la música húngara, nos regalen una de las obras canónicas de la tradición occidental.


Foto: Pastoral OCM, Gábor Takács-Nagy, Daniel Kharitonov

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