Cámara

La transparencia sonora del Cuarteto Gerhard

Domingo 19 Enero 2020

El miércoles 15 de enero pudimos disfrutar, en el Petit Palau, de un estimulante concierto del Quartet Gerhard donde se interpretó a Mozart, Beethoven y Magrané. Una apuesta más del ciclo Intérpretes Catalanes del Palau de la Música que fomenta el talento de casa y difunde nuestro patrimonio.


 Da gusto ver el Petit Palau lleno hasta la bandera para escuchar una formación de cámara catalana interpretando repertorio clásico vienés y contemporáneo catalán. El ambiente que se respiraba era de entusiasmo y ganas de disfrutar de lo conocido, pero también de dejarse sorprender. El Petit Palau tiene un público fiel, que es tan receptivo a las nuevas propuestas como las perlas de la tradición, y siempre responde honestamente y con criterio y convicción.
 
Si algo supieron transmitir los integrantes del Quartet Gerhard es aquella maravillosa sonoridad en suspensión, una ejecución que acariciaba la transparencia. Mozart, Magrané y Beethoven sonaron auténticos, sin exuberancias ni amaneramientos, sin pretensiones, con una apariencia de sencillez que esconde un gran rigor técnico y complejidad musical. El exitoso resultado sonoro radica, en parte, en la profunda comprensión del Clasicismo de Mozart y Beethoven, de esta conjunción estelar llamada Erste Wiener Schule, pero también de la poética de Magrané, sinuosa e inteligente, sutil y encantadora. De hecho, todo el programa hablaba de los clásicos. Unos, los del Clasicismo, y, por otro lado, los de la Grecia Clásica, con unos cantos órficos sugerentes y en ocasiones hipnóticos.
 
El Cuarteto núm. 14, en Sol mayor, KV 387, «Primavera», de Wolfgang Amadeus Mozart, se desarrolló con dinámicas muy claras y de forma grácil, con una articulación meticulosa y en plena compenetración entre los miembros del cuarteto. A veces más lírico y emotivo, también podíamos encontrar momentos de virtuosismo que quizás había que cuidar un poco más. Por su parte, Ludwig van Beethoven lució con el Cuarteto núm. 16, en Fa mayor, op. 135, que el Quartet Gerhard interpretó con talento y criterio meditado. Se abría muy dialogante, sin perder en ningún momento la elegancia, desplegándose en grados conjuntos para luego convertirse en un ente polifónico, esencia del cuarteto. Armonía y contrapunto depurados en un diálogo muy estilizado que dibujaba un discurso diáfano y donde se vislumbraban transparencias. El segundo movimiento, muy demandante, da paso a un tercer lleno de belleza y melancolía, que ve la luz caminando despacio con serenidad. El cuarteto desprendía tanta delicadeza y, al mismo tiempo, seriedad, hasta que la sonoridad se abre hacia un movimiento que se inicia más turbio, y que desprende arrebato y carácter.
 
Joan Magrané nos presentaba una versión revisada de su Cuarteto núm. 2, «Algunos cantos órficos», con influencias del minimalismo, con materiales dosificados que luego se van desplegando de forma polifónica, para volver a la mínima expresión. Después de un pequeño estallido sonoro, llegó un pasaje con estridencias a partir del rozamiento del arco, en el límite entre el movimiento y el estatismo. Esto provocaba cierta inquietud en el alma del espectador, hasta que todo se vuelve lírico y los instrumentos cantan mientras crece la intensidad. Lo importante de la obra es el gesto, la poesía que se desprende, que a veces, aunque sea de forma muy sutil, es declamación. Magrané consigue, dentro de la aparente contención, efectos que visualmente describiríamos como fuegos artificiales, o una espiral sonora ascendente hasta la inaudible. Como marca de la casa, Magrané nos ofrece modos antiguos que acercan el cuarteto a la música sacra pero, al mismo tiempo, desprende una sensualidad al límite de la frialdad (parece contradictorio, pero es lo que sentíamos). El final se manifiesta cristalino, y con un piano que nos lleva hacia el silencio final.
 
Una ejecución muy loable del Quartet Gerhard por su honestidad, el rigor técnico y la voluntad de transmitir lo inefable, el arte más supremo, la manifestación de la Wille, que nos transforma cuando nos adentramos a ella.
 

 

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