Lied

Un Schubert frío

Jueves 23 Enero 2020

El contratenor francés Philippe Jaroussky ha presentado nuevamente en recital en el Palau de la Música, con un repertorio del todo inusual para un contratenor: el lied de Schubert. Parece que Andreas Scholl ha creado escuela, ya que aparte de Jaroussky, también pudimos sentir Xavier Sabata interpretando el Winterreise. Sin duda, Jaroussky es un buen cantante, pero el lied no es repertorio para su voz.

Acompañado del pianista Jérôme Ducros, ambos treparon un programa dedicado íntegramente a Schubert, que se estructuraba en cuatro bloques, en medio de los cuales se intercalaron dos piezas para piano, también de Schubert. Jaroussky cantó algunos de los lieder más célebres del compositor austriaco, como An die Musik, An Sylvia o Herbst. Cantar lied exige una emisión de la voz del todo homogénea, para poder abordar frases tanto ascendentes como descendentes, con facilidad. Este fue el punto débil de Jaroussky.

El contratenor francés, que sobresale en la interpretación del repertorio barroco, no supo encontrar la manera adecuada de acercarse al romanticismo de Schubert. A pesar del trabajo evidente, que se apreciaba en un fraseo muy cuidado y un preciosismo en la dicción de las frases, había una carencia técnica en el paso de la voz de pecho a la de cabeza, que creaba disfunciones cuando pasaba del registro central al agudo en un legato. Como contratenor, Jaroussky tiene una voz más bien delgada, que no le deja mucho márgenes para hacer matices de intensidad. Y Schubert requiere todos los matices de la voz para expresar la emoción contenida de sus canciones.

El Schubert de Jaroussky fue muy detallista, pero frío. El contratenor dejaba ver su trabajo esforzado y su comprensión del mundo Schubert, pero el resultado no llegaba al público. Jaroussky comunicaba, pero los límites técnicos de su voz no le permitían expresar todo lo que quería decir. En algunos casos faltaron armónicos y la voz sonaba plana. Para el barroco funciona muy bien, pero Schubert es un mundo diferente.

Jérôme Ducros, en solitario, ofreció la Klavierstück D. 946/2, que sonó demasiado dulce y redondeada, sin respirar la angustia inherente a Schubert. En cambio, el Impromptu D. 899/3 fue del todo exquisito; expresó emociones y sentimientos a flor de piel, y Ducros demostró un gran control de la fuerza de los dedos en una pieza técnicamente muy exigente para la mano derecha.

Es bien sabido que el repertorio tradicional de los contratenores se limita normalmente al barroco, y quizás Jaroussky tenía ganas de explorar otros nuevos, pero a pesar de su esfuerzo y dedicación, el resultado no fue satisfactorio. Philippe Jaroussky es uno de los mejores contratenores del momento, pero en su repertorio natural.

Foto: Jérôme Ducros, Philippe Jaroussky (Font: ara.cat)

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