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"La Clemenza di Tito" y las segundas oportunidades

Lunes 3 Febrero 2020

Durante la segunda mitad del mes de febrero vuelve al Gran Teatre del Liceu La Clemenza di Tito, la última ópera de Mozart que fué duramente criticada por algunas personalidades de la época y ha sido olvidada durante mucho tiempo. En esta ocasión, sin embargo, podremos disfrutarla en una versión estrenada en el Festival de Aix en Provence en 2011 y con un reparto integrado por especialistas en el canto mozartiano.

Para poder entender un poco más esta ópera seria en dos actos tenemos que viajar en el tiempo hasta el momento en que fue compuesta: el verano de 1791. Mozart ya estaba trabajando en tres composiciones en paralelo: un concierto para clarinete, Die Zauberflöte y, además, ya había recibido el misterioso y sumamente conocido encargo de su Réquiem final. En este contexto, Domenico Guardasoni, director del Teatro Nacional de Praga, le propuso componer una nueva ópera para la ceremonia de coronación de Leopoldo II como rey de Bohemia.

A pesar del poco tiempo del que disponía (se trata de una obra compuesta en menos de tres semanas) y el volumen de trabajo que ya tenía, Mozart aceptó el encargo seguramente por motivos económicos. Hay que apuntar que, previamente, Guardasoni había intentado contratar a Salieri, pero el eterno rival del compositor austríaco no aceptó, desbordado por el trabajo que le comportaba ser el director del Teatro Imperial de la Corte en Viena.

Para contextualizar la obra, también hay que señalar que el libreto de La Clemenza di Tito, de Caterino Tommaso Mazzola, se basa en la obra homónima de Pietro Metastasio, libretista de la versión original de 1734 de Antonio Caldara (recordemos que nos encontramos más de cincuenta años más tarde). La dificultad con la que se encontró el poeta italiano fue la de adaptar el texto a los gustos de la época, respetando al mismo tiempo los versos de Metastasio por las arias y recitativos, recortando los pasajes que se pudieran hacer demasiado pesados y, la vez, pasando de tres actos originales a los dos actos que pedían los Estados de Bohemia. A pesar de este enorme esfuerzo realizado, recordemos, con muy poco tiempo, el recibimiento por parte del público de las altas esferas fue totalmente de rechazo.

La Clemenza di Tito fue estrenada el 6 de septiembre de 1791 en el Teatro de la Ciudad Vieja de Praga a cargo de la compañía del mismo Domenico Guardasoni. Es aquí donde citamos las conocidas valoraciones de María Louisa - «una porcheria tedesca» - y la cuenta Zinzendorf - «plus ennuyeux spectacle». A estas críticas se opone la opinión del primer biógrafo de Mozart, Franz Xavier Niemetschek, que afirmaba justo tres años después del estreno: «There is a certain Grecian simplicity, a still sublimity, which strikes a sensitive heart gently but none the less profoundly – which fit admirably to the character of Titus, the times and the entire subject, and also reflect honour on Mozart’s delicate taste and his sense of characterisation […] Connoisseurs are in doubt whether Titus does not in fact surpass Don Giovanni». Quizás deberíamos culpar a las afirmaciones de estas poderosas personalidades el olvido que ha tenido esta obra entre 1830 y 1974, cuando la Royal Opera House realizó una producción histórica con una ficha artística de primer orden.

Terminadas las presentaciones, sin embargo, es momento de saber de qué trata esta ópera. La acción tiene lugar en la Roma del siglo I d.C, momento en que Tito acaba de ser nombrado emperador y planea casarse con la reina egipcia Berenice (que no aparece en ningún momento de la ópera). Finalmente y debido a las presiones para casarse con una mujer romana, decide tirarse atrás. Este gesto da una brizna de esperanza a Vitellia, hija del antiguo emperador Vitellius, que aspira a ser ella la elegida por el nuevo emperador. Resulta, sin embargo, que Tito escoge Servilia, la hermana de su mejor amigo Sesto, que a su vez está perdidamente enamorado de Vitellia. Ella, cegada de celos, ordena a Sesto que traicione el emperador y le mate. Horrorizado, Sesto accede pero fracasa y el protagonista de la trama sobrevive. Durante el transcurso de todo, Vitellia descubre que Tito ha abandonado su plan de casarse con Servilia, después de que le dijeran que ésta está enamorada realmente de Annio. Tito ahora se casará con Vitellia y Sesto, corroído por los remordimientos, se confiesa al prometido de su hermana. Vitellia, temiendo salir salpicada con estas declaraciones, persuade a Sesto por qué no la implique. Finalmente, Sesto no acusa a Vitellia y es declarado culpable pero Tito, incrédulo y angustiado, se debate entre la condena a muerte y la clemencia por su amigo. Al darse cuenta que Sesto está dispuesto a morir por ella, Vitellia se confiesa públicamente y renuncia a toda posibilidad de poder. En un acto de clemencia, como ya anuncia el título de la obra, Tito perdona todos los implicados en la trama.

Seguramente uno de los momentos más emotivos de esta historia se sitúa en el segundo acto, "Deh, por questo istante", cuando Sesto le dice a su amigo Tito que recuerde los orígenes de su amistad: se hace pequeño y sencillo como un niño para rodearse nuevamente de realidad y afirmar que no tiene miedo de la muerte, su único miedo es convertirse en un traidor en la mirada de su amigo. «Deh, por questo istante solo ti Ricordi y primo amor. Chè morir mí hace di duolo il tuo sdegno il tuo rigor. Di pietade indegno è vero, solo Spirit io deggio horror; puro saresti men severo, se vedessi questo corazón. Deh por questo istante, [....] Disperato vado a morte; ma il murió non mí Spaventa; il pensiero mí tormenta che fui teco un traditor! ». Podemos encontrar en el principio de esta aria algo muy pura, muy evocadora y genuina de la emoción humana.

De todos modos, la trama no es especialmente innovadora: amor frustrado, maquinación política, traición, amistad noble y, finalmente, la presencia de un gobernante benévolo, héroe protagonista y salvador. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que uno de los principales objetivos era mostrar un gobernante sabio, humilde y humano: tiene sentido, así pues, escoger esta obra. Entre líneas, además, también se advierte un toque de atención: nos situamos en el año 1791, poco después de la Revolución Francesa, y es necesario que los reyes omnipotentes gobiernen con prudencia.

Por último, sólo queda reflexionar sobre el hecho de que a veces la tradición desvía y aparta ciertas obras por motivos muy diversos ya menudo injustos. Es por eso que vale la pena dejar de lado los prejuicios y dar una segunda oportunidad (de la misma manera que lo hace Tito) a aquellos títulos que se nos permite revisitar.

Foto: La Clemenza di Tito, Liceu

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