Sinfónica

Ensanchando la base con Parra y Beethoven

Domingo 2 Febrero 2020

Este último fin de semana, L’Auditori acogió la 'Quinta Sinfonía', la obertura 'Coriolano' y el Aria «Ah, pérfido! », de Beethoven, y 'Wanderwelle' de Hèctor Parra, un viaje poético por los últimos días del genio de Bonn. Todo, dirigido por el maestro titular de la OBC, Kazushi Ono.

El concierto del viernes en L’Auditori presentaba un atractivo fundamental: el estreno de Wanderwelle del compositor barcelonés residente en París, Hèctor Parra, que homenajeaba la figura de Beethoven, presente en todo el concierto. Quien me conoce lo suficiente, sabrá que éste era el motivo de mi visita L’Auditori, ya que tengo tendencia a rehuir los grandes conciertos de obras sumamente mediáticas. Pero, en la segunda parte del concierto, cuando la Orquestra OBC interpretó el primer movimiento de la Quinta Sinfonía, un considerable sector del público comenzó a aplaudir. Mi primera reacción fue reticente, pero, cuando, además, se sumaron toses como si llegara el fin del mundo, pensé que la estrategia de L’Auditori había sido muy buena: gracias al atractivo de la sinfonía de las sinfonías, mucha parte del público desacostumbrada (que no maleducada) pudo conocer el trabajo de Parra, compositor fundamental para entender la música de hoy y mañana. Por lo tanto, fue un trabajo de ensanchar la base, expresión tan de moda hoy en día, ya que lo que sucedió es un ejercicio eficaz de desarrollo de audiencias. Desconozco las cifras de empleo, pero os aseguramos que la Sala Pau Casals estaba llena a rebosar. La cuestión es, ¿cuántos de estos neófitos volverán a escuchar un concierto de Beethoven? Y, algún sentirá curiosidad por escuchar los próximos pasos de Parra cuando vuelva a Barcelona? No es ocioso recordar que en junio, la Staatsoper de Nuremberg acoge su obra culminante, Les bienveillantes, ópera de la que puede leer algunos artículos firmados por una servidora.
 
El programa que presentaba la OBC, con Kazushi Ono al frente, presentaba una notable coherencia, con obras programáticas. Era un viaje ambivalente entre la tragedia del ser que vive en un mundo injusto y hostil y el heroísmo utópico con ideas revolucionarias, con un punto central: la miseria de la enfermedad y la conciencia de la finitud del ser.
 
La apertura Coriolano, op. 62 (1807) comenzó con ciertas imprecisiones en la afinación, pero Ono construyó la orquesta de unas dinámicas expresivas y bien dirigidas. El sonido era expansivo y el discurso discurrió fluido en una obra que trata de la tragedia que narra Collin, un camino hacia la muerte. La situación se ve descrita por la tonalidad de Do menor y una falta línea melódica definida, lo que nos indica que el personaje al que se asimila Beethoven presenta una psicología oscura y oscilante, como se nos transmite musicalmente, con una siniestra introducción que a continuación se vuelve luminosa. Pero la obra está llena de oposiciones, que son las dos opciones que se le presentan al personaje y que a menudo se van entrelazando en un discurso elocuente en que la armonía siempre está en tensión, premonición del suicidio final, un sacrificio heroico.
 
"Ah, pérfido", Escena y aria para soprano y orquesta, op. 65 (1795-1796), interpretada por la soprano Michaela Kaune, revela nuevamente la voluntad narrativa de Beethoven, aunque la escasa producción para voz, a excepción de Fidelio y algunos lieder. Es una obra de un clasicismo refinado y con influencias mozartianas que trata del amor, la muerte y el dolor. Una obra sumamente elegante con un trabajo con los vientos maravilloso, al tiempo que las cuerdas emiten unos expresivos pizzicatti que esponjan la composición. La voz de Michaela Kaune, que canta un texto de Schiller, presenta una proyección clara, sin imperfecciones, aunque el timbre es un poco estridente.
 
En la segunda parte llegó la Quinta Sinfonía en Do menor, op. 67 (1897-1808), que comienza con aquel famoso motivo de cuatro notas que se va desplegando y diseminando por los cuatro movimientos, convirtiéndose en un prodigio de composición donde todo encaja, armonía, melodía, dinámicas, tratamiento de las voces e intensidades. La interpretación de la OBC fue francamente satisfactoria, con un admirable uso de los reguladores, precisión en el ataque y pulcritud en la afinación, que Ono cogió con tempo adecuado que, sin embargo, hizo sufrir un poco la OBC en algunos pasajes, pero el esfuerzo de todos valió la pena, ya que sonó todo a tempo y con gran calidad. La orquesta, considerablemente nutrida de estudiantes de la ESMUC que hicieron un papel excepcional, cantaba expresivamente, al tiempo que proclamaba las progresistas ideas políticas de Beethoven, que se verían truncadas con el giro conservador y dictatorial de Napoleón y el retorno a el Absolutismo.
 
Todo, a lo menos, en mi caso, un pretexto para escuchar el estreno de una nueva obra de Hèctor Parra, co-encargo de L’Auditorio y la Filarmónica de Colonia. Es una obra con un tema y XXXIII variaciones inspiradas con las Variaciones Diabelli. El texto es de Händl Klaus, habitual libretista del compositor catalán, que también escribió el libreto para Les bienveillantes, estrenada esta primavera pasada en Gante y Amberes y que tendremos la suerte de volver a escuchar a Nuremberg en junio -y, si el señor Matabosch nos lo permite, en el Teatro Real de Madrid.
 
Klaus nos regala un texto depurado, de poesía de primer nivel, que dice sólo lo que es estrictamente necesario y donde los silencios están llenos de significado. Es una escritura fresca, actual, nada amanerada y sin artificio: las cotidianas palabras componen unas frases enigmáticas y esencialistas que requieren varias lecturas para terminar de captar su grandeza. Por eso habría sido bueno que libreto en idioma original, el alemán, y la traducción catalana que se proyectó pudieran estar reflejados, además del texto de Schiller, aunque es cierto que este es mucho más fácil de encontrarlo hoy en día.
 
Wanderwelle (literalmente, onda viajera) está escrita por gran orquesta y barítono, en este caso, el alemán Ekkehard Abele, que hizo una interpretación memorable que requirió mucho estudio y resiliencia (25 minutos desnudo ante la orquesta). Sólo le reclamamos un poco más de volumen, pero las inflexiones de la partitura estuvieron interpretadas con talento y técnica. Pero ya sabemos el secreto: es -como es habitual- experto en música antigua y contemporánea y cantó Wilde, del mismo Parra y Klaus, una de las primeras grandes óperas del compositor, con un formato más modesto que la monumental Les bienveillantes, pero no menos brutal. Sin embargo, entonces, el lenguaje de Parra era mucho más descarnado, incisivo y violento. En su última ópera ha hecho un esfuerzo sobrehumano para ser lo más humano posible y tratar la brutalidad desde la poética y una extrema elegancia, aunque no hace concesiones. La escritura de Parra es densa e intensa, y necesita inmersión. Pero el compositor lo pone muy fácil, ya que su capacidad comunicativa es extraordinaria y la lógica de la composición es impecable. La originalidad de Parra radica en, precisamente, su capacidad de revisitar los grandes, como es el caso de Beethoven en esta Wanderwelle, que trata los últimos días del maestro de Bonn y su relación con su sobrino Klaus, con el tema constante de la enfermedad (Krankheit), el dolor (Schmerzen) y la herida (Wunde), que se van entrelazando con elementos musicales. Una vivencia auténtica y vívida de lo que es la decrepitud en un ambiente que nos sorprende por su cotidianidad.
 
Parra es un creador intenso, pero nunca es excesivo, siempre podemos encontrar el elemento lírico en sus obras, que nos lleva a un placer infinito, junto con el juego de disonancias en medio de tríadas nada acomplejadas que remiten a una innere Notwendigkeit de encontrar alguien al otro lado, el oyente, pero también reencontrarse con la gran tradición, de la que es absolutamente deudor. Su obra también presenta reminiscencias de su paso por el IRCAM, sin embargo, vale decir, cada vez menos, y nunca llega a ser estridente. La partitura que nos presentó este fin de semana presenta una variedad tímbrica extraordinaria, llegando a crear atmósferas de colores que van entre la calidez y la frialdad, con un uso de las secciones orquestales inteligentísimas. Las técnicas expandidas están plenamente presentes, pero Parra no se mueve en los extremos. Cada vez se vuelve más conciliador, sin renunciar un ápice a la autenticidad y la radicalidad. Y, al final, una sentencia muy beethoveniana: "kein mensch los ich selbst!" (“Ningún hombre como yo”), donde todo concluye e incluso la voz del barítono queda sola resonante en la sala.
 
El impulso de Parra de escribir para voz le viene, tal y como él mismo ha confesado a menudo, en gran parte, por su experiencia con Conxita Garcia al Coro Joven del Orfeó Català y su obra es una gran reflexión sobre cómo escribir para el instrumento más humano y delicado. Después de haber vivido el horror del nazismo, se ha vuelto un narrador que explica muy bien el dolor sin hacer daño, pero en ningún caso es complaciente. Esperamos que las personas que vinieron atraídas por la quinta sientan, tras escuchar Parra, la curiosidad de adentrarse en el mundo de la nueva creación. Un veneno que, cuando la pruebas, ya no puedes rehuir, pero que requiere una expulsión de estigmas y etiquetas que desgraciadamente todavía tenemos que escuchar. Sólo si todos queremos a creadores actuales las instituciones se tomarán más en serio el apoyo a la contemporaneidad.

Kazushi Ono, Michaela Kaune, Ekkehard Abele, Parra saludant a la Sala Pau Casals de L'Auditori

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